LA REPUBLICA consultó a varios ex oficiales de la Armada que revistaron en el Fusna y que accedieron a reconstruir, en detalle, el edificio donde funcionó un centro de torturas.
Daners Âque mañana será sucedido por el contralmirante Juan Fernández- ocupó distintos despachos en el Fusna durante los años de la dictadura. Como el juez sumariante, el marino tenÃa su oficina en la planta baja (Nº 66), al lado del local asignado para la recepción de detenidos (Nº 34). En una habitación contigua pero en planta alta, funcionaban las instalaciones destinadas a los “apremios fÃsicos” de los detenidos.
Entre 1975 y 1979, Daners fue jefe de la Unidad de Instrucción -como S 1, la Sección Personal del Estado Mayor, y S 4 (ambas oficinas figuran en el plano con el Nº 48) LogÃstica del Estado Mayor-, y entre 1979 y 1980 fue segundo comandante de ese mismo cuerpo.
Daners admitió que “lamentablemente ocurrieron circunstancias o hechos que, por supuesto, no son motivo de orgullo, pero también es cierto que eso no respondió a una conducta habitual institucional, sino a la de determinadas personas” y agregó que “yo no los justifiqué en su momento, no los justifico ahora ni los justificaré nunca”.
DÃas pasados, un grupo de 19 militantes del disuelto Grupo de Acción Unificadora (GAU) reclamó al actual comandante de la Armada, vicealmirante Tabaré Daners, “esclarecer los hechos más indignos de nuestra historia y que sabe muy bien”. Lo acusaban de conocer los mecanismos de tortura en dependencias de los Fusileros Navales en los años 1977 y 78 y que aún no reconoció públicamente.
Raúl Daguerre, de 52 años de edad, firmante de la carta pública, estuvo detenido en el Fusna, en los años en que el actual comandante Daners revestÃa en el Fusna.
En diálogo con LA REPUBLICA, señaló que en ninguno de los dos informes de la Armada “hay un reconocimiento explÃcito de la tortura aplicada en el Fusna y se sigue hablando solamente de apremios fÃsicos”.
Recordó que “un grupo importante de integrantes del GAU estuvo en 1977 detenido en la base de los Fusileros Navales, y el comandante Daners era el responsable directo de la captura nuestra, conoce y tiene más datos de los que ya dijo”.
Daguerre fue detenido en noviembre de 1977 y recuerda al actual comandante. “Daners aparecÃa como juez sumariante, un eufemismo para designar al torturador que hacÃa la parte administrativa de los detenidos, por decirlo de alguna manera”.
Además, la unidad del Fusna “es lo suficientemente chica en materia de espacio como para que todo lo que ocurrÃa allà adentro se oyera claramente”. “Asà como nosotros escuchábamos los cánticos y gritos de la tropa en los entrenamientos, también la tropa escuchaba los gritos nuestros cuando se torturaba. Todo estaba limitado a pocos metros y es imposible que Daners o los médicos, odontólogos o enfermeros que participaban en todo eso, puedan negar lo que allà pasaba”.
“La situación que se dio en el Fusna a partir de 1975 o 76 se da en un encuadre de paÃs distinto. La guerrilla urbana estaba derrotada y creo que la Armada uruguaya emuló a la argentina que en aquel momento estaba comandada por Massera y que tenÃa sus apetitos polÃticos. Operaron de manera orgánica. Todos recordamos lo que era la figura en aquellos años del comandante Márquez”, agregó. “Daners sabe mucho más de lo que ya dijo. SerÃa bueno también que la Marina abriera las puertas del destacamento de los Fusileros Navales, ubicado allà en la Aduana y la prensa dé cuenta de lo que son esas instalaciones”, afirmó.
Pero también Daners fue identificado por su actuación en el Fusna, entre otros, por el médico Raúl Lombardi, según testimonio publicado por Brecha.
Lombardi sostuvo que “el Fusna fue uno de los organismos represivos más activos de la dictadura militar, particularmente en la segunda mitad de la década del 70″. “Fue concebido, conformado y entrenado como un cuerpo de elite, emulando a los tristemente famosos parachutistes del ejército francés, que combatieron a los movimientos de liberación de Argelia”. “Este cuerpo ocupaba uno de los antiguos depósitos de la aduana. Estos edificios de tres pisos sirvieron simultáneamente como centro de torturas e interrogatorios, centro de detención ‘legal’ para aquellos detenidos a los que se les habÃa levantado la incomunicación, y como cuartel y centro de entrenamiento, con todas las instalaciones castrenses de rigor, incluyendo servicio médico y odontológico”.
“Las paredes del celdario fueron construidas con bloques que demarcaban pequeñas habitaciones, con escasa iluminación artificial, que quedaba prendida dÃa y noche, y que permanecÃan cerradas por la clásica puerta con mirilla. Esta estructura se encontraba en el corazón del edificio que alojaba a toda la dotación del cuerpo. En estas celdas permanecÃan recluidos los detenidos ‘legales’, que pasaban el dÃa en un ‘patio’, que era como un gran galpón que ocupaba dos pisos de altura, con algunas aberturas que comunicaban con otras áreas del cuartel”.
“En el piso intermedio se encontraban las instalaciones donde se interrogaba bajo tortura a los detenidos de ambos sexos. Allà también eran alojados los detenidos incomunicados, algunos en celdas, otros atados a ganchos amurados en las paredes, siempre encapuchados, aun para comer. La capucha sólo se podÃa levantar en el baño, que tenÃa una pequeña banderola a través de la cual se oÃan conversaciones; luego supe que correspondÃan al patio de recreo. También en ese patio, en el que estuve algunas semanas atado a la pared, se oÃan las conversaciones de las compañeras no incomunicadas, matizadas con el ruido de una máquina de coser, conversaciones y ruidos que acortaron las horas de mis dÃas de incomunicación y de silencio”.
“No era infrecuente oÃr los gritos de los detenidos mientras eran torturados”.
“Todo esto, y bastante más, ocurrÃa en un mismo local, con una estructura básica de columnas y pisos, a la que se agregaban separaciones, a veces precarias y poco aislantes, con múltiples comunicaciones por ventanas y otras aberturas; recuérdese que originariamente estos edificios fueron depósitos aduaneros de mercaderÃas. Todo lo que allà ocurrÃa era imposible entonces que fuera ignorado por quienes allà se encontraban”.
Más adelante, expuso sobre la función del juez sumariante.
Afirmó que “no formaba parte de la estructura de la llamada ‘justicia militar’” y que su función era “asegurar que las declaraciones arrancadas bajo ‘apremios ilegales’ se mantuvieran inalterables”.
“Es imposible, materialmente imposible en el contexto descrito, que cualquier integrante del Fusna (jueces sumariantes, médicos y odontólogos incluidos) ignorara lo que allà ocurrÃa”, afirmó. *
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