Calendario
1975.- Desde su formación Amnistía Internacional ha dedicado todos sus esfuerzos a denunciar a aquellos países donde hay violaciones a los derechos humanos en todas sus caras, desde las guerras solapadas, las torturas silenciadas, las desapariciones voluntarias, los asesinatos sin cuerpos y toda esa gama de mentiras que suelen inventar los infractores. Este 29 de enero, según Virginia Martínez, el secretario general de esa organización, Martin Ennals, tiene la atrevida idea de quejarse ante Juan María Bordaberry, presidente figurón de los dictadores uruguayos. Vale imaginar la cara de sorpresa de éste, pensando si esos terroristas o marxistas sabrían algo de lo que pasaba en este país. Luego habrá sonreído sobre tales despistados que llegaban a pedirle algo muy limitado, que «pusiera fin a los constantes excesos cometidos contra los ciudadanos uruguayos». Si sólo fueran excesos, habrá pensado, luego dándose vuelta en la cama y seguir roncando.
FELIZ DIARIO
1919– Nace Julio Alpuy, plástico que comenzó en el Taller de Torres García y creció para radicarse en Nueva York. Trabaja en murales, cerámicas, vitrales.
1921 Nace Rafael Romano, poeta («Nace un tiempo»), ensayista («La cultura arcaica en Mesoamérica», «Raíces de América»), narrador («La noche de la obsidiana»), dramaturgo («La mesa servida», «Frida», «Dos mundos»). (Ref: Miguel Angel Campodónico, «Diccionario de la cultura uruguaya»).
1959.- Nace Gonzalo Irrazábal, ex director nacional de Trabajo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y actual asesor laboral de la Cámara de Industrias del Uruguay. Integra el Consejo Superior Tripartita (Consejos de Salarios) por dicha Cámara.
1945.- Nace Susana Giménez. No diga nada, no es uruguaya pero estuvo viviendo aquí. Como es flor de tilinga, una diva comehombres, muy cerca del récord Guinness de implantes, estires y otros rejuvenecedores, vale recordar que llegó a los 61 años y sigue como Johnnie Walker, muy campante, muy tontuela, muy llena de dólares.
PIENSO, LO DIGO
«No basta saber, se debe también aplicar. No es suficiente querer, se debe también hacer». Un buen consejo de alguien como Johann Goethe, cuyo personaje vendía el alma al diablo, con poca suerte.
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