El patotero visto por letristas de tango en el Río de la Plata
«El Uruguay y los uruguayos nunca hemos permitido, voy a utilizar una expresión muy popular, pero muy gráfica, no hemos permitido que nos patoteen, a este gobierno y a este pueblo no lo van a patotear», sostuvo Tabaré Vázquez en declaraciones a1410 AM LIBRE.
Como el término «patoteros» es de larga data y aún se le emplea comúnmente para aquellos envalentonados que actúan en grupo, LA REPUBLICA rastreó letras de tango, hasta hallar dos invalorables.
Hay un tango escrito por Víctor Soliño, nacido en España pero fallecido en Uruguay, que lleva el nombre «Patoteros», donde se dice que éstos son individuos que «uno por uno no valen nada/ pero en patota saben guapear».
A la vez hay otro de Manuel Romero, nacido en Buenos Aires y de padres españoles, cuyo nombre es «Patotero sentimental». Este personaje resulta, para el autor, alguien que esconde bajo su risa «muchas ganas de llorar».
¿En cuál de las dos canciones se habrá inspirado el presidente Vázquez?
Patoteros, letra de Víctor Soliño
El barrio está en silencio, ya duerme el arrabal, en un balcón se mueren las flores de un rosal.
La luna desparrama su bella luz de plata
que imprudente delata un idilio de amor.
En tanto en la penumbra del negro callejón,
se ve llegar a un hombre silbando una canción,en tanto que la patota que espera una ocasión, se acerca al candidato con cínica intención.
Patoteros!, mozos, ranas,
barra de guapos, niños bien.
Patoteros! divertidos
que de la farra siguen el tren.
Patoteros! caraduras,
nenes que viven para cachar,
que uno por uno no valen nada
pero en patota saben guapear.
El hombre es un obrero que vuelve del taller,
cansado de ganarse el pan para comer,
cobarde la patota, de pronto lo rodea,
y un guapo lo golpea haciéndolo caer.
En tanto que festejan la hazaña criminal,
el hombre se levanta sacando su puñal,
y al verlo decidido, los taitas de cartón,
se esfuman en la sombra del negro callejón.
Patotero sentimental, letra de Manuel Romero
Patotero,
rey del bailongo,
patotero,
sentimental.
Escondés bajo tu risa
muchas ganas de llorar.
Ya los años
se van pasando
y en mi pecho
no entró un querer.
En mi vida tuve minas, muchas minas
pero nunca una mujer…
Cuando tomo dos copas de más,
en mi pecho comienza a surgir
el recuerdo de aquella fiel mujer
que me quiso de verdad,
y yo, ingrato, abandoné.
De su amor me burlé sin mirar
que pudiera sentirlo después,
sin saber
que los años al correr
iban, crueles, a amargar
a este rey del cabaret.
¡Pobrecita!
¡Cómo lloraba
cuando ciego la eché a rodar…!
La patota me miraba
y…¡no es de hombre el aflojar!
Patotero
rey del bailongo,
de ella siempre te acordarás.
Hoy ríes…pero tu risa
¡sólo es ganas de llorar! *
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