Cañeros celebran hoy una semana de la ocupación de tierras en Bella Unión
El festejo se cumplirá bajo un galpón de techo de nailon donde los cañeros sesionan en asamblea rodeados por carpas individuales y familiares que instalaron el domingo 15, al comenzar una ocupación que podría prolongarse por muchos meses, al tiempo que no se descarta la posibilidad de que otros asalariados rurales puedan impulsar otras ocupaciones.
Ayer, los ocupantes colocaron los tubos de riego para aprovechar el agua de una cañada y un tajamar para regar más de una docena de hectáreas, ya aradas para cultivar caña de azúcar, y casi dos hectáreas, ya dispuestas en surcos para el plantío de frutas y verduras.
Continuaron además con la tarea de desmalezar el predio, abandonado hace once años.
Los «peludos» cuentan con dos vacas lecheras para alimento de sus niños. Las donó el tambero Mario Tedi, de la Asociación de Pequeños Agricultores y Asalariados Rurales de Bella Unión (Apaarbu), que impulsa la ocupación junto a la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA) y el Sindicato de Obreros de Calnu Artigas (SOCA).
El campo ocupado tiene un sistema de esclusas de hormigón que conducen los cursos de agua para autoabastecer al predio con un método propio de riego, aun en épocas de sequía. El problema de los cañeros es que las dos fracciones del INC que están ocupadas fueron abandonadas hace once años. Están llenas de chircas y peligrosas víboras yarará.
Lo único que está en pie es el precario galpón de nailon que construyeron los cañeros apoyando los tirantes de algunos pinos y unos troncos clavados a pico y pala. Al fondo sólo puede verse una tapera, sin puertas ni ventanas, y los restos incendiados de palos y maderas de lo que fueron, hace más de once años, los invernáculos del colono Villalba.
Sin embargo, la alegría de los ocupantes se manifestará esta noche entre las canciones y las guitarras, en torno a la seguramente sabrosa ternera a las brasas. El festejo por la primera semana de ocupación comienza a partir de las 17.00 horas. Un camión parte a las 16.00 de la sede de UTAA en Bella Unión, con periodistas locales y militantes sociales.
Expectativa de todo un pueblo
«¿Y? ¿Cómo salieron las cosas? No pueden perder; todo un pueblo los apoya», dijo un anónimo chofer al vicepresidente del SOCA Junior Belén, el viernes de noche, cuando el cañero abordaba un ómnibus para regresar a Bella Unión, luego de entrevistarse con jerarcas del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), la Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland (Ancap) y también del propio INC.
El principal informativo radial de Bella Unión al mediodía de un sábado dedicó un largo tiempo para conocer la opinión de Junior Belén respecto al resultado de los encuentros que mantuvo con los funcionarios de gobierno. Belén ratificó la voluntad «peluda» de iniciar un proyecto cooperativo, sin contradecir la política oficial del Poder Ejecutivo.
Junto a Belén viajó Tedi, de Apparbu, y el vocal de la UTAA Ricardo Ferreira, esposo de Sonia Navarro, la maestra rural que acompañó a Montevideo, durante la semana para reunirse con el Secretariado Ejecutivo del PIT-CNT, al cañero Enrique Bandera, hijo de uno de los históricos «peludos» que lucharon en UTAA junto al tupamaro Raúl Sendic.
El presidente de UTAA, Luis Carlos López, debió permanecer en Bella Unión porque fue citado a declarar por la jueza Alejandra Casullo, quien instruye un expediente penal por la ocupación, a partir de una denuncia presentada por el colono Conrado Villalba, el ex productor de caña que abandonara el campo, y que ahora adeuda 26 mil dólares al INC.
Belén pudo viajar a Montevideo, porque la notificación judicial para concurrir a una audiencia le llegó luego que ya había emprendido su viaje a la capital nacional. Se estima que será interrogado a partir del lunes, al igual que otros de los 28 cañeros que se responsabilizaron por la medida de fuerza ante el Instituto Policial y el Poder Judicial.
Entre la duda y la esperanza
La respuesta de las autoridades de gobierno a los delegados cañeros fue recibida con un cansino escepticismo por los «peludos» que aguardaron en el campo ocupado junto a sus familias. El proyecto sucro alcoholero del Poder Ejecutivo no parece ofrecer soluciones inmediatas para las 1.500 familias de cañeros que padecen una falta crónica de empleo.
Jorge Rodas, de la UTAA, explicó a LA REPUBLICA que los asalariados rurales de la caña de azúcar en Bella Unión miran con cierta desconfianza el proyecto del gobierno que, según opinan los ocupantes, beneficiaría en primer término a grandes productores con capitales propios que, acusaron, sólo tienen interés en los plantíos de monocultivos.
«No queremos tener un país de monocultivos. Siquiera de caña. El monocultivo deja la tierra muerta, sin nutrientes. No importa que sea de caña, de soja o de arroz. Es igual de erosionador. Nosotros queremos cultivos diversificados y rotativos», explicó Rodas, un experimentado cortador de cañas que laboró en casi todos los campos en las cercanías.
Ayer, los ocupantes se reunieron a las nueve de la mañana en una asamblea para evaluar los informes de los delegados que viajaron a Montevideo, y para comentar novedades de la actuación de la magistrada Casullo, que continúa instruyendo una causa penal, a pesar de que no presentaron denuncia los legítimos propietarios del campo: el INC y el MGAP.
Todos los asambleístas valoraron la gestión de sus delegados y reafirmaron una firme voluntad de continuar adelante con la ocupación y con el comienzo de los plantíos de caña, en lo que resta de enero, y en el cultivo hortofrutícola de la temporada. Ninguno planteó la eventualidad de levantar el campamento y terminar con la medida de lucha.
Mucho pobre en poca tierra
Todos los cañeros son conscientes que las 36 hectáreas son insuficientes para satisfacer las necesidades de las más de 50 familias que se involucraron con una ocupación cuya preparación comenzó, en el más absoluto hermetismo, hace ya «más de cuatro meses», según confiaron ayer a LA REPUBLICA algunos de sus principales organizadores.
Los más experimentados entienden que una familia necesita por lo menos 15 hectáreas para emprender una plantación de caña sin fundirse antes de la cosecha. Saben además que una tonelada de caña cortada puede llegar a rendir apenas algo más de unos cien quilos de azúcar. Y que por hectárea sólo pueden labrarse hasta 76 surcos para plantar.
«Sabemos que tenemos poco», dijo Rodas. «Pero vemos la repercusión que ha tenido nuestra movilización, que la hicimos los sindicatos rurales sin ningún sector político metido en el medio. Algunos tenemos militancia; pero no hay ni uno solo que esté ocupando por mandato partidario», dijo Rodas, celoso de su independencia de clase.
Los cañeros pretenden que las dos fracciones de Colonización sean adjudicadas a una cooperativa de dos o tres familias como máximo. El resto deberá esperar por otra tierra, un trámite burocrático en el INC que puede demorar años. Otros miran con codicia los múltiples campos que Colonización tiene abandonados, improductivos, y sin colonos.
No obstante, también hay trabajadores cañeros que prefieren seguir siendo asalariados rurales y aguardan con curiosidad los anuncios que hará el gobierno la semana próxima acerca del proyecto sucro alcoholero, por el cual Ancap controlará a Calnu, junto a la Corporación Nacional para el Desarrollo (CND). Calnu empleaba a casi dos mil personas.
Nadie descartó otra ocupación
El rumor de que habría más oc
upaciones en Artigas, a ejemplo de la protagonizada en Bella Unión por tres sindicatos rurales, se expande por la ciudad, el departamento, y por todo el país.
Inclusive es un miedo que tiene el propio gobierno, conocedor del impacto que despierta en el imaginario popular la lucha por la tierra que encabezó Raúl Sendic.
«No podemos decir nada», «estamos a lo que resuelva Colonización» y «esperaremos lo que decida la Justicia», fueron las frases hechas que más recibió ayer LA REPUBLICA cuando logró visitar, por apenas cuatro horas, el campo ya ocupado. Una resolución de asamblea, se dijo, decidió que «ningún periodista» puede permanecer en el campamento.
Colgado de un tirante del techo dentro del improvisado galpón hay un pequeño cartelito que resume en uno de sus puntos toda la filosofía política que acordaron los ocupantes.
Dice que todas las decisiones se tomarán en asambleas internas, sin nadie ajeno. Ayer, LA REPUBLICA debió esperar largo rato fuera del galpón mientras ellos planificaban.
El campamento tiene además otras reglas de convivencia. Se prohíbe todo consumo de alcohol o drogas. La comida, casi siempre guisados, se hace una vez y para todos en un fogón compartido donde se coloca una portentosa olla de hierro.
El fuego, casi siempre encendido, se utiliza también para mantener caliente el agua para los termos y los mates. *
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