La columna de Sherlock

Greenpeace pretendía que Gargano «invadiera» Argentina

-¿Quién financia a Greenpeace?

-Se dice que algunas ONG vinculadas a la social democracia europea, pero eso no es seguro. Lo que sí es claro es que esa organización cuenta con recursos importantes para emprender acciones de todo tipo. Utilizan helicópteros, tienen lanchas, gomones y, por supuesto, militantes rentados.

-¿Y?

-El viernes al mediodía un representante de esa organización pretendió entregarle al canciller Reinaldo Gargano la llave del cepo que detiene a un camión que fue trancado en la zona de Gualeguaychú.

-¿Y, si Gargano la recibía, qué hacía con la llave?

-¡Realmente! Nadie sabe lo que pensó Greenpeace. Porque, evidentemente, el canciller de la República no podía trasladarse a territorio argentino para abrir ese cepo. Era un absurdo pensar tal cosa. Si querían hablar, lo razonable es que hubieran pedido una audiencia, pero no haber realizado todo ese ruido en la puerta de la cancillería.

-¿Qué hizo Gargano?

-Obviamente no recibió al representande de Greenpeace y menos la llave del cepo. Los dos extremos eran absurdos. La organización organizó lo que ocurrió el jueves en las papeleras y luego se encadenan al camión. Es mucho,,,

-Todos golpes publicitarios. ¿No le parece?

-Además concretan el tema de la llave, otro intento de dejar mal al gobierno uruguayo. Y pretenden que se los reciba y se les haga el caldo gordo como si aquí fueran nenes de pecho.

-Bueno, pero todo eso ya pasó. El canciller no les dio entrada.

-¿Ya pasó? Espero que tenga razón. Porque los hechos están pasando de castaño a oscuro.

-En eso tiene razón.

 

El que a hierro mata a hierro puede morir

-La decisión de la Dirección General Impositiva fue la adecuada, porque hay empresas que se pasan de largo con el pago de los impuestos y luego la bola de deuda se convierte en inmanejable.

-Entonces, don «Z» dice basta y la cosa se corta. ¿Verdad?

-Por supuesto. El hombre si bien es comprensivo y elástico en muchas de sus decisiones, cuando alguna empresa se pasa de cierto límite, le baja el pulgar y sanseacabó. Y le cuento la versión que se manejaba ayer al mediodía en un mostrador del Mercado del Puerto.

-Me imagino, todo regado por medio y medio, por lo cual la versión no puede ser muy veraz, o por lo menos no veraz del todo.

-Se manejaba lo que le pasó a un restaurante del propio Mercado del Puerto. ¿Verdad? Que recibió los rigores de la DGI.

-¿Qué le ocurrió? Ni lo diga, lo clausuraron.

-Claro. A ese restaurante y a algunas otras empresas que debieron «regularizar» con la DGI para continuar sus actividades, pese a que pagaron su «falta» con días de clausura.

-No sé adónde quiere llegar mi amigo.

-Es que la posición del jerarca es difícil y los propietarios de las empresas, por más que no tengan razón, muchas veces adoptan medidas. Replican con lo que pueden. Pequeñas venganzas, muchas veces fuera de lugar, más bien absurdas.

-Explíquese. Pero le diré que cualquier jerarca que actúa puede ser objeto de réplicas y agresiones. ¿Está de acuerdo?

-Al parecer un director del organismo impositivo andaba por el este y resolvió ir a cenar a un restaurante y, por supuesto, lo hizo en uno que es del hermano del que fuera clausurado por unos días en Montevideo.

-¿Y eso qué tiene de malo?

-Que cuando el hombre se sentó a una mesa, se le acercó uno de los responsables del local y le pidió que se retirara.

-El hombre de la DGI le preguntó la razón, supongo.

-«Es que nosotros nos reservamos el derecho de admision», dijo el hombre.

-¿Y?

-Qué más quiere que le cuente. Por supuesto que no se trata – de confirmarse la especie – más que de una pequeña venganza, porque la DGI no modificará su accionar por algo así ni el jerarca tiene responsabilidad alguna por la aplicación estricta de las normas legales.

-Son, más bien, los gajes del oficio.

-Hay algo de eso. Pero, le reitero que es una versión que escuché ayer en el Mercado del Puerto. Voy a llamar el lunes al propio «Z» para que me confirme el asunto. Porque si es verdad, hay que solidaridarse con él.

-Estoy de acuerdo.

 

Ducsa y El País, un solo corazón

Sherlock caminaba por la zona del barrio La Blanqueada cuando comenzó a sentir una melodía pegadiza. La que propagandea al matutino de derecha El País. Nuestro sabueso pensó que se trataba de algún quiosco de diarios que promocionaba al viejo matutino caganchero, algo en baja en los últimos tiempos.

-¿Qué es esa música? ¿Por qué en esta zona en que está el sanatorio Nº 2 del Casmu ese ruido ensordecedor?

Sin embargo la incógnita se despejó cuando nuestro sabueso observó que el ruido surgía de un camión de la empresa Ducsa, que distribuía garrafas de supergás y propagandeaba llevarlas a domicilio sin cargo.

-¿Ducsa no pertenece a Ancap? Se preguntó el periodista y la respuesta fue positiva. Claro Ducsa es una distribuidora de productos de Ancap que, sorprendentemente, en este caso colaboraba con el diario El País propagandeando al matutino caganchero.

-¿No habrá vinculación entre los intereses públicos y privados en este caso?, fue la otra interrogante. ¿Un camión que distribuye garrafas de supergás puede realizar, a la vez, propaganda de un diario como El País?

-Hay que avisar para que LA REPUBLICA se sume a tal propaganda, se dijo el periodista. Si es gratis, mejor. Si se llamó a licitación, hay que tener las cosas en orden para participar en ella.

-Habrá que investigar más a fondo, balbuceó nuestro sabueso, mientras ingresaba a un comercio de la zona.

A lo lejos se escuchaba todavía la melodía publicitaria, mientras en la puerta del sanatorio del Casmu un canillita vendía a 15 pesos los últimos ejemplares del matutino plural.

-Son cosas de la vida cotidiana, se dijo finalmente Sherlock. *

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