Sobre el conflicto de las papeleras

Hace 200 años Sardou definía los matices que hay que distinguir entre los sinónimos: falaz, engaño, impostura, insidia, seducción, capcioso y que en conjunto constituyen hoy en día una especie de paleta con los colores adecuados para un breve y triste retrato del «affaire plantas de celulosa Fray Bentos» y «cierre de frontera Argentina-Uruguay». Y tras la retórica, la máscara desgastada del relato y los relatos, deja paso al metalenguaje: un nuevo pliegue de espectáculo y ensimismamiento, que se despliega en nombre de la verdad, la especificidad y el intento de comunicación. En nombre de la autorreflexión y, por qué no decirlo, del embaucamiento.

Como hombre de la cultura me agradaría exponer con cierta claridad los significados próximos, pero muy distintos, de los peligros que normalmente debe afrontar cualquier individuo o grupo de personas entregado al quehacer y deshacer político y que seguirían por ejemplo esta gradación: desorientado, provocado, infiltrado, manipulado, usurpado, arrepentido, corrupto.

Mientras desde los poderes se proponen modelos suaves, dulces, tan complejos y sutiles como una caricia…, la realidad dispone y se entrevé rotunda, agria y dura como una trompada, tal la instancia por la que atraviesan la banda oriental del Uruguay y la banda occidental del río Uruguay, donde no se sabe quién observa a quién deviniendo en tramas concertadas para quizás desviar «la mirada» de instancias provocadas en naciones con bajas defensas perfectas para el advenimiento de todo tipo de nostalgia de disciplina: las puertas abiertas a fundamentalismos, mesianismos camuflados de progreso: «un pluralismo fundamentalista» que se previene contra todo cambio proclamándose la «era del cambio».

Los pueblos en este momento en el que la realidad se muestra dúctil como nunca se transforman en objetos del destino; la profanacion se vuelve sagrada. ¿Qué se esconde detrás o delante de este absurdo enfrentamiento en que nos han colocado empresas del hemisferio norte (que necesitan de nuestros territorios para ser utilizados como depósitos de desechos que nuestra civilización supo conseguir), políticos de turno, instituciones privadas del poder incluidas las corporaciones económico-mediáticas? ¿El Mercosur fue una ficción o simplemente otra decepción, una modalidad de pasión a la que nos han acostumbrado en forma persistente quienes detentan el poder desde siempre? ¿Greenpeace no es el área de protección ambiental de Shell? ¿Esta organización por vez primera actúa antes del desastre ambiental?

El desafío sería vivir sin la ficción de valores que nos imponen los artífices de lo superfluo. No más allá, sino más acá del bien y del mal, del entusiasmo y la decepción, de creencias y nihilismos. Aquí donde todo es cercano, apasionante, doloroso y vivo.

Quizás el destino sin matices nos dé a conocer a quién aplicar los calificativos de falaz, engañoso, impostor, insidioso, capcioso y corrupto… o correr el riesgo de una especie de desinformación desordenada al servicio de algunos intereses particulares, pasajeramente en conflicto, llegando a consecuencias incontrolables en un mundo en el que no hay lugar para ninguna comprobación cierta. *

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