El acuerdo se aprobó a la 1:42 horas de ayer por unanimidad de los legisladores presentes (84 en 84)

EEUU saludó "exitosa renegociación" del Tratado de Inversiones con Uruguay

La Embajada de los Estados Unidos emitió ayer a la mañana un comunicado congratulándose de la aprobación parlamentaria del Tratado de Inversiones. En él se señala que «la ratificación del Tratado (…) es un significativo paso adelante en nuestras relaciones bilaterales. Su puesta en marcha fortalecerá aun más las excelentes relaciones de comercio e inversión entre nuestros países.

La renegociación y exitosa culminación del Tratado demuestran la madurez de las relaciones entre Estados Unidos y Uruguay y la capacidad de nuestros gobiernos de trabajar en conjunto.

El Tratado brindará mayor confianza a los inversores de nuestros países y esperamos que resulte en nuevas oportunidades de negocios e inversión que generen más puestos de trabajo y contribuyan al bienestar de nuestros ciudadanos».

Aprobado a la 1:42 horas de la madrugada del miércoles y por la unanimidad de los legisladores presentes en sala (84 en 84) el proyecto de Inversiones se transformará en ley cuando en cuestión de horas el Poder Ejecutivo lo promulgue.

Nuestro país tiene tratados de inversión firmados con 25 naciones. Esta modalidad comercial se aplicó recién en 1988 inaugurándolo con los Países Bajos, en el primer gobierno de Julio María Sanguinetti.

Cronológicamente le siguieron Suiza (1988), Hungría (1989), Italia (1990), Rumania (1990), Polonia (1991), Reino Unido (1991), Bélgica   Luxemburgo (1991), España (1992), Francia (1993), China (1993), Malasia (1995), Chile (1995), República Checa (1996), Venezuela (1997), Suecia (1997), Portugal (1997), Canadá (1997), Panamá (1998), Israel (1998), México (1999), El Salvador (2000), Australia (2001), Finlandia (2002), Armenia (2002) y aún sin estrenar, Estados Unidos (2005).

Precisamente, Estados Unidos es actualmente el primer socio comercial de nuestro país, representando el 20% del total de las exportaciones uruguayas al exterior. Ese porcentaje significa que 576 millones de dólares producto de las exportaciones alcanzadas en el año pasado, representan las transacciones logradas con Estados Unidos.

El aprobado es el Tratado de Inversiones número 26. Para los cabalistas, ese número significa «la misa».

 

Motivos del «sí, pero no»

Las críticas de mayor peso argumental en contra del Tratado de Inversiones provinieron de las mismas filas de la izquierda. Una de ellas se refería a la forma en que sus impulsores la encaminaron (reclamaban una mayor discusión con las bases) y otro a que la ley es una especie de ALCA encubierta. La aprobación del «mandato imperativo» en la bancada de gobierno el mismo día en que se iba a tratar el proyecto, allanó toda probable disidencia a la hora de votar, aunque no la posibilidad –como se hizo– de que se argumentara en contra aunque luego se votara a favor.

Fue así que el diputado Doreen Ibarra del Frente Izquierda leyó un documento oficial de su sector en el que se señala que los cambios de redacción logrados por el gobierno en el proyecto original no son suficientes y «recomendamos votarlo negativamente porque algunas cláusulas son riesgosas para la Nación», aunque aclara inmediatamente que «si la opinión de la mayoría de la bancada se inclina por aprobar el Tratado, nuestro representante acatará la opinión mayoritaria en aras de la unidad de acción».

En similar sintonía, aunque más doméstico, el diputado de Liga Federal, Darío Pérez, dijo que su voto afirmativo afectaba «sus creencias». Confió que junto al diputado Fernando Longo de su mismo sector, habían iniciado acciones en la Mesa Política del Frente Amplio para que se convocara un plebiscito entre los militantes sobre el tema, o un plenario o un congreso «y las tres posibilidades de consultas abortaron».

Reclamó que «la próxima vez consultemos a la mayor cantidad de compañeros».

Los detractores del Tratado de Inversiones cuestionan en particular la cláusula que establece el mecanismo de solución de diferendos internacionales. Afirman que el artículo número 3, que obliga a nuestro país a trasladar a las empresas estadounidenses cualquier beneficio que dé a compañías de otro país, menos a las del Mercosur, coarta en la práctica la posibilidad de acordar ventajas comerciales con otro Estado sin tener que dársela también a Washington.

Otro aspecto que se mira de reojo es el número 17, el que estipula que cualquiera de los dos países puede negar los beneficios del Tratado a empresas del otro asociadas a un tercer Estado, que no tenga relaciones con el país que niega los beneficios, considerado inútil porque Uruguay no tiene enemigos, porque la medida supone apoyar de hecho el bloqueo a Cuba y porque permitirá a Estados Unidos negar beneficios a firmas uruguayas asociadas a capitales, por ejemplo, cubanos, venezolanos o iraníes. El caso de los probables diferendos también es mirado con recelo, ya que el inversor podrá apelar ante el presidente del Banco Mundial, que es el norteamericano Paul Wolfowitz. La lectura que hacen los que objetan el Tratado señala que, este arbitraje no ofrece ninguna garantía porque una de las partes es también juez y estaría facultado para favorecer a las trasnacionales estadounidenses. *

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