La columna de Sherlock
Los automóviles del MDN y las matrículas «truchas»
-Me han dicho que el descontrol en el uso de los vehículos del Ministerio de Defensa Nacional sigue con las velas al viento. ¿Es cierto?
-Lo que sé es que la ministro, Azucena Berrutti, dio la orden de que no se utilicen para cuestiones personales los autos oficiales. Pero he aquí la trampa. La chapa de «fantasía», generalmente «trucha» quedó en mano de muchos militares, que siguieron utilizando los vehículos.
-Pero, no me diga… ¡Qué barbaridad»
-Le digo más. En Rocha, una señora, manejando un automóvil de las Fuerzas Armadas, con chapa «trucha» o de «fantasía», tuvo un grave accidente. La señora terminó internada, el vehículo deshecho y la cosa no se pudo tapar más.
-¿Y la ministra?
-Por supuesto que molesta. Es que la situación es difícil de controlar, son cientos de vehículos, miles de funcionarios tanto militares como civiles, en todo el país. Los controles son difíciles. Además la costumbre viene de atrás.
-¿Qué costumbre?
-La de utilizar para el uso personal vehículos del Estado.
-Una mala costumbre. ¿Verdad?
-De las peores.
-No lo discuto.
De castaño a castaño oscuro y ahora algo ya «intolerable»
-Se lo pregunto de nuevo. Para que me entienda y no haga elucubraciones fuera de lugar. ¿Qué le pasaría a usted si deja su automóvil mal estacionado, en medio de la calle, frente al Palacio Legislativo?
-Supongo que la Policía o los inspectores de tránsito… Mejor dicho, estos últimos me multarían y además llamarían al guinche de Autoparque para llevar el vehículo a buen recaudo.
-Eso es lo razonable, por más que uno sepa que muchas veces los inspectores se extralimitan y le levantan el auto porque un paragolpe superó algunos centímetros una raya amarilla. En el ejemplo que doy se trataría de un auto parado en medio de la calle, molestando el tránsito.
-¿A qué quiere llegar?
-Es que para alguna gente se ha convertido en intolerable que siga existiendo frente a la entrada que da a General Flores esa suerte de cementerio de vehículos, que colocaron allí quienes querían una refinanciación de deudas. Es una causa tan respetable como tantas otras, pero ese «cementerio», es realmente una afrenta al buen gusto, entorpece el tránsito, no tiene ningún sentido y además no cumple función alguna. ¿Qué significa ese grupo de tractores y máquinas en desuso allí instaladas?
-Por lo menos ahora no están el chancho y la vaca.
-Claro, pero toda esa chatarra sigue allí ocupando casi media calzada y a nadie parece importarle, ni a la Intendencia, que muestra una clara dualidad de criterios con los demás automovilistas a los que sanciona por estacionar separados a cincuenta centímetros del cordón de la vereda, pero nada hace con un tractor que está en medio de la avenida de circunvalación.
-Es que no se quieren adoptar medidas antipopulaes.
-Puede ser, pero realmente esto es una barbaridad. Con ese criterio se permitiría un día que por protestas se pintara de rojo el Palacio Legislativo, los ómnibus de Cutcsa se estacionaran por meses en las explanadas del Edificio Libertad, se pusiera obstáculos frente a la Torre de las Comunicaciones. No veo qué tiene de tiene de antipopular restablecer el tránsito allí y evitar ese despiporre absurdo e insostenible. Me parece, incluso, que los mismos que pusieron esos elementos ahora no los quitan por desidia ¿No le parece?
-Claro que sí. ¿Qué hacer entonces?
-Primero mandar inspectores de tránsito para tratar de que alguien se haga cargo de sacar todo eso. Si lo primero no funciona y si los vehículos tienen matrícula, multarlos y en tercer lugar, si nada de eso camina, hacerlos retirar por la grúa de Autoparque.
-Alguien se tiene que hacer responsable. ¿Verdad?
-Eso es evidente. Que las cosas sigan como hasta ahora es establecer que el derecho de los montevideanos sea avasallado por la actitud de un grupo de personas que para protestar usaron un recurso que ahora como tal caducó.
-¿Qué quiere decir?
-Que ya no le sirva para nada.
Tiene razón el Corto: no busquemos más el eje del mal
-¿Leyó la columna de Buscaglia reivindicando al Club de Toby como el verdadero centro del «eje del mal»?
-Claro que sí. Fue una contribución para dilucidar el entuerto. El Corto reivindica esta peña de periodistas como el verdadero «eje del mal», donde se tejen todas las conjuras políticas, se habla de todo, se profundizan acciones, se acuerdan estrategias y se definen intrigas.
-Sí, pero dice algo más que es muy trascendente.
-¿Qué?
-Que en el Club de Toby, como se «toma» mucho, lo que se discute hoy mañana de mañana está olvidado.
-Eso también es verdad. Pero la realidad es contundente. Por las mesas del Club de Toby han pasado ministros, embajadores, senadores y diputados, dirigentes políticos de todos los niveles, dirigentes sindicales, periodistas de todos los medios y hasta borrachos de bar, de esos que no dejan hablar a nadie. Es una peña popular, llena de defectos por su informalidad, pero que tiene como virtud esencial la amistad que se consolida entre sus miembros.
-¿Y?
-Incluso, en algún caso, ha habido editores de medios que se han rasgado las vestiduras y le han realizado planteos a periodistas, impidiéndoles que participaran de la peña.
-¿Por qué?
-Razones inconfesables.
-Pero hay un defecto, el club es altamente machista, no pueden ir mujeres. Estas son excluidas.
-Esa es la ley primera y muchos la defienden. ¡Las mujeres «go home»!
-Pero, en esta época, ¿eso no le parece una barbaridad? Mire que puede existir alguna definición al respecto, alguna declaración. Aparecer Diana Mines, ¿o no?
-Se aceptan sugerencias. Si alguna mujer quiere que se cambie esa decisión, que envíe una carta.
-¿No puede ir personalmente a realizar el planteo?
-Cómo no, pero tendrá que estar parada, lejos de la mesa.
-¡Espantoso!
El «todólogo» Petras y la realidad uruguaya
-Hay una anécdota sobre James Petras que lo pinta de cuerpo entero, porque no crea que él recién aparece ahora en Uruguay para criticar al gobierno de izquierda desde su oficina en EEUU.
-¿Anécdota?
-Claro, el señor, «todólogo» de profesión y crítico acendrado de todas las cuestiones en un período fue asesor de un presidente socialista de Grecia.
-¿Y?
-Actuaba igualito a lo que hace ahora. Pontificaba todo el día, afirmaba que el imperialismo había ganado las conciencias de todos los gobernantes. Tanto fue el cántaro a la fuente que un día…
-¿Qué pasó?
-El presidente griego, que llevaba a Petras como asesor, todas las mañanas en el automóvil presidencial, un día dijo ¡basta!
-¿Y?
-Hizo parar el vehículo, abrió la puerta y despidió a Petras definitivamente. Lo dejó en medio de una autopista.
-¡Definitivamente!
-Claro… el todólogo le había masacrado los testículos al presidente griego hasta límites inconcebibles.
-¿Y?
-Ahora, de alguna manera, está ocurriendo algo parecido, claro que Petras no es asesor de ningún presidente, sino guía espiritual de un sector político. El tipo opina de todo, afirma que nuestro gobierno está vendido al imperio yanqui, que Tabaré y Gargano integran una especie de eje del mal en contra los intereses de la gente y a favor de Bush y sus secuaces.
-Pero, tiene prensa…
-Bueno, es una forma de decirlo… El todólogo habla, dice cualquier
cosa, insulta y lesiona reputaciones, trata de erosionar políticamente a dirigentes políticos, enancado en los buenos oficios de algún grupo minúsculo que está haciendo todo lo posible para desaparecer.
-¿Le parece?
-¿No es lo obvio?
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