Una lanza por Bonelli

El comandante en jefe de la Fuerza Aérea, Enrique Bonelli, está en el ojo de la tormenta. Desde el interior de las Fuerzas Armadas se lo cuestiona y desde gran parte de la izquierda también. Bonelli ha hablado y ha dichos cosas inconvenientes, erradas y, por momentos, sus dichos no han estado a tono con el momento que viven los uruguayos. En menos de una semana han aparecido enterrados los cuerpos de dos uruguayos que fueron «desaparecidos» hace 30 años. Uno en una chacra privada, pero que en los años ´70 fue usada por la Fuerza Aérea y el otro en dependencias del Batallón 13.

Son dos cuerpos que interpelan, que preguntan, que cuestionan y que finalmente reclaman.

¿Qué fue lo que pasó, cómo, y por qué pasó? Bonelli ha hablado, pero no sólo eso, ha informado al Presidente de la República, a través de un documento, dónde se encontraban los desaparecidos de la Fuerza Aérea. Para ello debió investigar, consultar, preguntar, bajar a los propios infiernos de su fuerza.

El informe de la Fuerza Aérea fue el más completo de los tres, el único que ha cumplido con los requerimientos del gobierno. Cumplió con su palabra; no ocurrió lo mismo con el comandante de la Armada, Tabaré Daners, a quien se le tuvo que pedir una ampliación del informe cuando muy suelto de cuerpo intentó escamotear los datos sobre su responsabilidad y la de su fuerza, no sólo al Presidente y a todo el Uruguay sino con la Historia.

Hoy el teniente general aviador Bonelli es el único de los tres comandantes que da la cara ante la opinión pública, que reconoce, al fin lo hizo cabalmente, y sin eufemismos, que en el seno de la Fuerza Aérea y en las Fuerzas Armadas existieron «apremios físicos y torturas». En el programa Código País de Canal 12 dijo que «las dos cosas son repugnantes; no debieron existir en las Fuerzas Armadas (…) el que las recibe es lastimado y humillado pero el que las hace se degrada como persona». A Bonelli le han llovido críticas, incluso se ha llegado a pedir su renuncia.

Ahora, ¿qué más se le puede pedir a un militar que vivió encerrado dentro de cuatro paredes, que fue formado bajo la Doctrina de la Seguridad Nacional, que acostumbró sus oídos a escuchar un día sí y otro también que los políticos son unos tránsfugas y otro tipo de lindezas que se decía en los cuarteles?

Bonelli debió sortear todo eso y mucho más. No es un héroe. Es un militar que tiene claro que debe estar subordinado al poder político, un profesional y como tal cumplió con la tarea que le encomendó el Poder Ejecutivo. Y lo hizo aun a costa de su relacionamiento con los otros comandantes y con la propia interna que la tiene dura. Y así también lo hizo cuando fue el único de los tres jefes de las fuerzas que en ocasión de la muerte del general (r ) Líber Seregni, cumplió con el protocolo oficial para estos casos, publicando en la prensa nacional un aviso mortuorio y enviando una corona de flores al velatorio. Esa es historia reciente. Ese también es Bonelli. *

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