Iglesias se mostró "optimista" respecto al futuro de Uruguay
Durante la primera entrevista que desde su cargo actual concedió en privado para medios de prensa extranjeros, tal entusiasmo contrastó con la saliva diplomática que usó para negarse a comentar las nubes de tormenta ensombreciendo las relaciones entre gran parte de Suramérica y el presidente George Walker Bush y su equipo en Washington.
En la residencia oficial que ocupó al visitar brevemente la capital cubana, Iglesias habló para La República y para la revista Contrapunto de América Latina, editada en Madrid, que dirige el periodista español Carlos Carnicero.
Le pregunté: ¿Qué porvenir le augura a su país, Uruguay -el Pulgarcito del Mercosur- y al presidente Tabaré Vázquez?
«Estoy muy optimista respecto a la forma como van avanzando la economía uruguaya y la política uruguaya. Creo que demuestra una vez más que hay necesidad democrática en el país y creo que el cambio ha sido sorprendentemente orgánico y sorprendentemente constructivo. Y en ese sentido, yo estoy muy optimista respecto al futuro del Uruguay. Creo que es una lección de democracia que tenemos el deber de saludar, sobre todo los uruguayos».
Carlos Carnicero le preguntó si los encontronazos internos en la «Cumbre oficial» y la dicotomía revelada entre ésta y la «Anticumbre» callejera de Mar del Plata indican que Latinoamérica esta disgustada con la política actual de Estados Unidos.
«Yo creo que las posiciones de cada país difieren, pero no que estemos en una división de aguas. Hoy en día los países son muy pragmáticos en América Latina y están mirando esto como para entender que en materia económica y comercial hay dificultades y diferencias que se pueden sortear. El mundo de hoy es un mundo de diálogo».
Pero ¿es posible planificar un diálogo con la actual administración norteamericana, que es muy errática? le pregunté.
«Esa es una pregunta que usted debería hacerle a los gobiernos y no al secretario general iberoamericano».
Ningún diccionario alberga entre sus páginas definición de Secretaría General Iberoamericana, vacío que Iglesias llenó eficazmente excavando en su extensa carrera internacional: «Los gobiernos de este colectivo de naciones tienen interés en darles contenido a las cumbres. Vamos a tener ahora un punto de apoyo logístico para el trabajo futuro de la Comunidad Iberoamericana. Es una apuesta que a partir de ahora podamos tener cumbres más efectivas, menos retóricas y más interesantes para los países en su conjunto.
«Primero hay que estructurar la Secretaría e ir generando un espacio de confianza y de respeto por su trabajo. Los avances políticos son más lentos y más difíciles y están en todo caso ligados a los mandatos de los gobiernos. Pero en la medida en que esta secretaría vaya estructurándose, articulándose y mostrando que puede hacer cosas para fomentar la cooperación económica, social y cultural en la región, eso va a dar pie para que la parte política se constituya también en un quehacer que se va a ir definiendo con el tiempo. Lo que se necesita es convicción y prudencia».
Ya son quince cumbres, ¿no?
«Quince cumbres, exactamente».
¿La Secretaria sería el inicio de la construcción de un funicular entre las anteriores y las futuras?
«Sería el inicio de la construcción de un centro de apoyo logístico para la continuidad y la ejecución de los objetivos de las cumbres. Hasta ahora había una Secretaría de Cooperación, que funcionó bien y que hizo contribuciones significativas, pero estaba radicada exclusivamente al área de cooperación, exclusivamente en proyectos. Es importante destacar que lo que se creó fue la Secretaría General Iberoamericana, que también se ocupa de alimentar el objetivo de ir construyendo progresivamente una comunidad iberoamericana. En el aspecto cultural está radicado lo más auténtico de esta comunidad de naciones, que es su cultura. La cultura es un enorme capital de cohesión de estas veintidós naciones. Me propongo darle al aspecto cultural una importancia singular a la labor de la Secretaría.
En lo político estamos dependiendo ahora, por supuesto dada la naturaleza de esta institución que empieza a crearse ahora, de los mandatos de los gobiernos. Hemos tomado un tema que es de naturaleza eminentemente política, pero social y económica, es el tema de la inmigración. No solamente la inmigración de hispanoamericanos hacia España sino la que existe dentro de la Comunidad. Hoy tenemos muchas corrientes inmigratorias. La idea central es discutir este tema serenamente, ver los puntos de vista de los países emisores y de los países receptores, y empezar a tratarlo en base a los principios que nos unen, a los valores que tenemos compartidos.
¿No han surgido con la Cumbre de Mar del Plata dos bloques, uno contra el ALCA y otro a favor? Insistió Carlos Carnicero.
«Creo que lo que se perfiló en Mar del Plata es que hay un grupo de países que por sus vinculaciones económicas con los Estados Unidos tienen interés en avanzar rápidamente. Por ejemplo México y Chile ya forman parte de una zona de libre comercio con los Estados Unidos. Lo mismo pasa con los países centroamericanos y República Dominicana. Panamá está avanzando y también los países andinos. Para ellos la opción ya está tomada porque el ALCA es una forma de complementar lo que ya han hecho con los Estados Unidos.
«Otros países, como el caso de los de Mercosur, están diciendo bueno, vamos a esperar a ver que pasa en la ronda de Doha, porque para estos países, su dependencia del comercio es menor con respecto a Estados Unidos. Están preocupados en ver como se negocia el capítulo agrícola, que es muy importante. Y, por supuesto, Venezuela, que entiende que este no es el camino que ellos quieren seguir.
«Creo que en esa diversidad es perfectamente posible convivir y tratar de encontrar puntos de apoyo para relaciones futuras. No creo que en este momento pueda hablarse de una especie de división estructural».
¿Pero realmente el proceso de integración latinoamericana tiene que empezar por el terreno del comercio, por el terreno económico o hay ya condiciones para una integración política?
«Yo creo que tema económico es el tema dominante y quizás el tema donde se ha hecho más avances, porque no puede dejar de reconocerse que en la parte comercial y económica se han hecho avances significativos. América Latina tiene cuatro esquemas de integración en marcha con distintos ritmos y con muchos problemas, como son todos los temas comerciales. Tiene más de veinte acuerdos bilaterales. Y es que ha habido un avance muy claro en la integración económica. En la integración política tenemos esquemas que también están funcionando. El Grupo de Río forma parte de ese esquema. Ahora, es más difícil el tema político, como lo demuestra la experiencia europea, donde se avanzó mucho en materia económica y se avanzó después también en materia social y ahora se está avanzando recién en materia política».
Metí mi cuchara: ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Que yo sepa, es imposible determinar si históricamente fue primero el comercio o la política. Carlos y yo pensamos que la real puerta de entrada de España al mundo moderno es Latinoamérica.
«Yo creo que España ha hecho una apuesta importante hacia América Latina. Creo también que las primeras en descubrir esa importancia fueron las empresas españolas que han apostado en forma decidida a la integración con América Latina. Una España con una América Latina fuertemente integrada tiene un peso en la Comunidad Europea».
Las empresas españolas han hecho una a
puesta fundamental, pero hay una distorsión entre la importancia que le dan las empresas y la dedicación de energías políticas por parte de los últimos gobiernos españoles, opinó Carlos Carnicero.
«La prioridad de América Latina ha estado siempre en España. Viviendo allí ahora me doy cuenta del peso latinoamericano en la vida española. Puede haber distintos estilos, pero esa prioridad es una constante en las relaciones de España con América.
¿Puede haber una colisión a mediano plazo entre los intereses españoles y europeos y los intereses norteamericanos?
«No, son perfectamente complementarios. Creo que la América Latina necesita tener relaciones con los Estados Unidos, y tiene que tener relaciones importantes con Europa, que son perfectamente complementarias». *
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