"El aborto tendría que ser un servicio público y no se debería lucrar con él"
–¿Qué me dice sobre las relaciones sexuales fuera del ámbito matrimonial, aunque éste esté disuelto?
–El Código Civil establece en el artículo 127: «Los cónyuges se deben fidelidad mutua y auxilio recíproco». Eso significa que hasta tanto el matrimonio no esté disuelto por muerte o por sentencia legal de divorcio, el deber de fidelidad se mantiene. Llevado a términos normales de la sociedad de hoy significa que si dos personas se separan y, supongamos, la mujer a los tres o cuatro meses comienza una nueva relación con otra persona, una relación que puede ser con ánimo de permanencia o no y no hay sentencia de divorcio, se está cometiendo adulterio. Esta acción significa que tiene efectos jurídicos porque al no tener sentencia de divorcio es responsable del divorcio. Quien haya «ganado» en un juicio de divorcio por causal de adulterio y su demanda es recogida por el fallo, puede demandar a la otra parte por daños y perjuicios. Entonces viene la persona afectada por el adulterio argumentando «yo tuve que pagar sicólogo y siquiatra y me desequilibró emocionalmente…».
–¿Hay muchos antecedentes en esto?
–¡Pero, se han escrito libros! Ultimamente ha habido fallos de los tribunales de apelaciones que han dicho que en esos casos, al no existir cohabitación no hay adulterio. Yo honestamente entiendo que no es así. El sistema legal no admite esa flexibilización del concepto de adulterio.
–¿Y ahora qué se propone el legislativo?
–Ahora se fija un plazo: 60 días a partir de la separación de hecho. A mí me parece que 60 días para que no exista el recurso de plantear adulterio es mucho tiempo, yo había fijado 30 días. Pero luego, en el afán de contemplar algunas objeciones hechas desde la bancada del Frente Amplio, no tuve problemas en ceder. De aprobarse esta modificación, después de 60 días de separada de su cónyuge, la persona está libre de reanudar su vida afectiva con ánimo de permanencia o no con quien se le plazca. Hoy por hoy, el 40% de las parejas uruguayas mantiene una relación de concubinato y gran parte de ellas sin tener resuelta la sentencia del divorcio.
–¿Cuál fue el disparador para proponer esto?
–Mire, no hubo nada en particular. Sólo que trato de estar al día con los anuarios de los derechos civil y penal. En uno del año 1997 de la doctora Ema Carozzi, grado 5 de la Facultad, aparece un artículo que señala el adulterio como principal causal de divorcio y se enfocaban estos problemas que la actual legislación tiene. Yo lo que intento corregir es la desarmonía que hay entre las costumbres sociales y la ley vigente.
–¿Pasa por legislar sobre la realidad?
–Claro, porque hay cosas que se actualizan solas. Por ejemplo, si nosotros habláramos de pornografía, el concepto de lo pornográfico no es absoluto, sino que se flexibiliza. El concepto que había sobre esto no es el mismo que había en 1920. Probablemente si en ese año a una mujer se le hubiera ocurrido ponerse un bikini y atravesar la Plaza Independencia hubiera armado un lío bárbaro. Hoy, a lo sumo, si tuviera lindo cuerpo la mirarían. Quiere decir que los conceptos van cambiando pero el concepto de adulterio, ¿qué significa? Significa que alguien que está casado mantiene una relación adúltera con otra persona.
–Usted es un estudioso de estos temas ¿no?
–Y… más o menos. Sucede que son temas que la misma gente discute y nosotros, los legisladores, no debemos olvidarnos de eso porque somos representantes de esa gente.
–Claro. Ahora que habla de legislar sobre temas «más humanos». ¿Qué opina sobre la unión marital de personas de un mismo sexo?
–Ah… yo creo que alguna forma tiene que haber de regular eso. Aclaremos que yo creo que la gente tiene todo el derecho del mundo a ser homosexual, heterosexual o bisexual. Esto no es un problema de mayorías o minorías. Cuando dos personas del mismo sexo pasan a vivir juntas y mantienen una relación sentimental, amorosa, como se la quiera llamar, esas personas generan bienes comunes que yo creo el Derecho debe regularlas. Yo estaría dispuesto, aunque no lo tengo claro, a darles la posibilidad de un casamiento en el sentido literal de la palabra. No sé, es un problema filosófico que tengo con mi conciencia y debo resolverlo.
–¿Por qué?
-No sé… yo estaría de acuerdo con admitir el casamiento entre homosexuales, pero hay que discutirlo.
–¿Y la adopción de niños por parte de parejas homosexuales?
–Ah no. Eso no. Mi línea de pensamiento, mi filosofía en esto, me la da la naturaleza.
–¿Y cuál es?
–La naturaleza no quiere que dos personas del mismo sexo puedan concebir hijos. Y yo en eso sigo a la naturaleza.
–Pero, ¿si existen valores profundos de amor hacia ese menor adoptado por una pareja homosexual, elemento esencial que en parejas heterosexuales a veces no existe?
–Sí, pero no son amor de padre y madre. Para mí la clave es que la naturaleza no quiere que personas del mismo sexo tengan hijos. Yo acepto que quienes no puedan tener hijos, siendo hombre y mujer, claro, de alguna manera suplan esa carencia adoptando uno. Eso es correcto. Lo excepcional es que un hombre y una mujer manteniendo relaciones sexuales no puedan tener hijos. Lo habitual es que puedan concebir. Esa es mi línea filosófica y trato de seguir a la naturaleza.
–¿Usted considera que es antinatural que homosexuales adopten un niño?
–Sí. Para mí es antinatural.
–Permítame volver sobre algo que ya conversamos. Usted alude a un tema filosófico el negarse a la adopción de niños por parte de parejas homosexuales. Pero también es un tema filosófico mantener una relación extramatrimonial.
–La experiencia dice que no se deja de amar a alguien si circunstancialmente tiene una relación con otra persona.
Ese es un problema de valores. El amor pleno no pide demasiadas aventuras ¿no? Me parece… no sé. Yo soy abogado y si algo aprendí es que la capacidad de juzgar del ser humano es finita. De manera que, cada cual cuenta la vida de acuerdo a cómo le fue en ella. Primero hay que tratar de ser tolerante pero hay que hacer algo más que eso. Hay que tratar de comprender. Por ejemplo, en materia de delitos siempre recurro a una frase de Concepción Arenal que decía: «Hay que odiar el delito pero amar al delincuente». Esto es algo así. Uno tiene que querer a la gente.
–¿Usted es creyente?
—(duda) No… bah… sí… no… no soy de ir a la Iglesia. El tema de Dios o no, como en todos los seres humanos en mí tiene sus altibajos (risas).
–Y en cuanto al aborto ¿qué posición filosófica tiene? El Presidente Tabaré Vázquez ya se pronunció en contra de legislar sobre esto.
–A mí me parece que fue mal planteado desde el punto de vista filosófico y médico y no ha sido considerado desde lo jurídico y mucho menos desde el punto de vista de la política criminal. En primer lugar yo estoy en contra del aborto, pero de ahí a que considere que a quien se hace el aborto hay que penalizarlo, hay un abismo que no pienso recorrer. Yo estoy en contra de la penalización porque creo que en Uruguay la penalización no ha tenido resultado práctico y más que nada se ha constituido en una fuente de corrupción. Si alguien es llevado a la Justicia por practicar un aborto, da la impresión de que es porque no «arregló» (con la Justicia) o s
e le murió la paciente. A mí me parece que si nosotros despenalizamos el aborto tendremos mejores condiciones para procurar que haya menos abortos en Uruguay. Además, el aborto tendría que ser un servicio público y no se debería lucrar con él. Hay actividades en las que la sociedad no debería lucrar, y las enfermeras y médicos deberían trabajar para el Estado en estas intervenciones.
–¿Y cómo se imagina usted que se debería legislar en el tema aborto con una posición muy definida y ya adoptada por el propio Presidente de la República?
–Lo ideal sería que se sancionara una ley, que se juntaran firmas –yo estaría dispuesto a firmarla– y se llevara a referéndum. Yo quiero darle al tema del aborto un encare distinto. No se trata de discutir «cuándo empieza la vida o cuándo termina la vida». No es esa la cuestión. Primero hay que legislar sobre la realidad porque ha fracasado la legislación punitiva. Y segundo, a partir del no castigo, generar condiciones adecuadas para que cada vez haya menos abortos en Uruguay, un país donde su población no crece. *
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