Soldados uruguayos asisten a la comunidad congoleña
El contingente uruguayo que integra la Misión de la Organización de las Naciones Unidas en el Congo (Monuc) vivió ayer un día sumamente especial. Por la mañana, recibió a una treintena de alumnos y maestras de una escuela de la zona, a quienes hizo entrega de una donación en útiles escolares. Anunció la implementación de un proyecto social, con la participación de la Escuela de Bellas Artes del Congo, para buscar sensibilizar a la población sobre el cuidado del medio ambiente. La idea es efectuar pintadas en la ciudad enviando mensajes dirigidos a la limpieza de la misma. Es así que el proyecto incluye la colocación de recipientes para el depósito de la basura en las esquinas de Kinshasa, tal como años atrás se hizo en Montevideo. Incluso se propone la implementación de atención médica en una prueba piloto. La iniciativa de los militares uruguayos, es que pueda ejecutarla en el tiempo por alguna ONG.
Más tarde, una delegación de la prensa congoleña, fue invitada a concurrir al batallón uruguayo, para informar de las tareas que realiza el contingente de nuestro país, además de poder intercambiar experiencias con los periodistas uruguayos que se encuentra en Kinshasa.
Finalmente, por la tarde, se produjo el ingreso de un nuevo jefe del batallón, el coronel José Guasque, quien permanecerá en el cargo durante un año, y remplazó al también coronel Julio Faguaga.
El contingente uruguayo que integra la Monuc, viene trabajando en un país que está a miles de kilómetros de Uruguay. Es muy diferente a nuestra cultura. Muy difícilmente podrían hacerse comparaciones sobre costumbres y tradiciones de un Congo que en su historia, padeció el colonialismo, el saqueo y la pobreza con nuestro país.
La población está desencantada de pasar muchos años de autoritarismo y de opresión. En el interior profundo todavía se vive en una sociedad tribal. Algunos ni siquiera conocían al hombre blanco, y algunos militares uruguayos que llegaron a zonas alejadas y desconocidas, manifestaron que los habitantes del lugar se asombraban al ver la luz de una linterna.
El país desconocido
Difícilmente los uruguayos puedan comprender que los congoleños coman monos, gusanos, hipopótamos y cocodrilos.
Poca gente toma leche. El litro cuesta un dólar, y el promedio de sueldos de policías y soldados es de 10 dólares. Otros con menos suerte, obtienen un salario de 5 dólares, a través de la venta de alimentos y ropa.
Casi no hay caballos en el Congo. Las picaduras de la mosca Tse tsé matan a estos animales.
En la capital Kinshasa, puede apreciarse una gran polaridad social. Unos pocos tienen un altísimo poder adquisitivo, con vehículos último modelo, muchos Mercedes Benz, y una mayoría, sumida en la pobreza. Si bien, es difícil que el congoleño padezca un hambre extremo, debido a los recursos provenientes de la naturaleza (plátano y cocos), los ingresos que puedan tener estos pobladores, proviene del «mangueo», la coima, y el regateo a la venta de diferentes productos.
Algunos pobladores son hostiles a la Monuc. Los congoleños le piden seguridad a las Naciones Unidas y una mejoría en sus condiciones de vida. Determinado sector de la sociedad piensa que estas misiones «no sirven para nada», según informó un estudiante africano.
Es hostil ante las cámaras. Un flash, puede significar el repudio a través de insultos y gestos obscenos. LA REPUBLICA lo pudo verificar. Las cámaras uruguayas que durante la última semana enfocaron hacia los lugareños, motivaba una reacción inmediata, lo que debía ser aplacado con la intervención de la policía.
Las autoridades del contingente uruguayo, custodiaba permanentemente a la delegación de periodistas, entre quien se encontraba quien escribe. A pesar de estar franqueados por militares armados, en una recorrida que hicimos con la patrulla uruguaya durante 20 kilómetros, el rechazo ante la prensa era evidente.
Un «picado» en las calles de Kinshasa
En el aeropuerto no se podía sacar imágenes. Podríamos tener problemas si la guardia presidencial del mandatario Kabila, nos veían sacando fotos. «Â¡Bajen las cámaras!», nos aconsejan.
Sin embargo, ese repudio hacia el extranjero blanco, fue dejado a un lado, cuando el grupo de periodistas uruguayos visitó una feria de artesanías, en la que trabajan cientos de congoleños. Quien escribe y algunos de los colegas que conformábamos el grupo de «journalistas» rompimos todo el protocolo, y los temores ante alguna agresión de los locales.
Nos integramos a los jóvenes que jugaban al fútbol con una pelota de trapo, y participamos de un «picado» en la calle, con más de 10 congoleños, y una nutrida tribuna de vendedores que dejaron de trabajar para observar y aplaudir la jugada de los «orientales». Incluso, hasta un inspector de tránsito, vestido de amarillo, intervino en la integración de cultura, y con su silbato, actuó de juez de fútbol.
Los militares uruguayos no lo podían creer y quedaron asombrados por lo sucedido.
Los periodistas congoleños que participaron de la actividad en el batallón uruguayo, aclararon que el rechazo a las cámaras extranjeras obedece a una cuestión de dignidad, por reflejar su forma de vida precaria, y mostrarlo ante el mundo occidental como una suerte de animal.
Afirmaron que no existe libertad de prensa, y que el gobierno aplica la censura. Pusieron como ejemplo, lo sucedido con un canal de televisión, cuando durante el mes de junio, mes previsto para la realización de las elecciones nacionales, hubo una revuelta popular. Este medio de comunicación difundió imágenes de lo ocurrido en algunos barrios de la ciudad, y el gobierno aplicó la censura, por no estar de acuerdo con transmitir el audio del lugar. Los periodistas fueron encarcelados.
Los medios de transportes son muy precarios. Por vía terrestre, son utilizados camionetas o pequeños micros, que se trasladan llenos y hacinados. La gente va colgada por donde puede. Cuando se produce un accidente, son múltiples los heridos.
Por vía fluvial, las embarcaciones privadas, demoran un mes para recorrer 700 kilómetros. Es que el tiempo congolés, está lejos del tiempo uruguayo.
En ese marco, el contingente naval nuestro, colabora con el traslado de la comisión electoral independiente, logró eliminar los «peajes» en los ríos y actúa en el rescate de la población.
En el Congo la prostitución está a la orden del día, y el analfabetismo es grande. Para concurrir a la escuela pública hay que pagar. Sólo el 3% de la población tiene acceso al servicio telefónico. En gran parte del territorio congoleño no hay energía eléctrica ni agua potable.
En un país con una población estimada en unos 60 millones de habitantes, la décima parte tiene acceso a la televisión, y un 35% a la radio.
En la capital, la diversidad de nacionalidades está presente. Es que el accionar de Monuc, trajo a paquistaníes, afganos, bolivianos, canadienses, franceses, sudafricanos, entre otros.
De lograr el país una estabilidad, con un presidente electo y una fuerzas armadas integradas, la presencia de Naciones Unidas irá disminuyendo de forma gradual. *
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