El gobierno uruguayo analiza oferta de ONU para ampliar el número de cascos azules en la convulsionada nación africana

República Democrática del Congo: un país de riquezas sumido en la miseria

Actualmente, el Ejército compatriota en el Congo centraliza su esfuerzo en dar un apoyo logístico a la comisión electoral independiente para la organización del referéndum del mes de diciembre y las elecciones nacionales de junio de 2006.

El sábado pasado, partió desde Montevideo un relevo de efectivos con 200 soldados. El próximo fin de semana volará hacia el Congo otro grupo de militares. En ambos casos, fueron trasladados por Pluna. Esta empresa de aviación nacional obtuvo la prioridad del traslado del contingente militar uruguayo, debido a un mejoramiento de su oferta.

Desde la interna militar, se cuestionó la falta de una política que coordine el ingreso de productos uruguayos detrás de la llegada del contingente uruguayo a los países asistidos por las misiones de paz.

El Batallón Uruguay N° 4, instalado en Kinshasa, capital del Congo, viene realizando una serie de aportes a la sociedad congoleña. Distribuye cuadernos y pinta escuelas en la zona este y oeste del país, colabora con los hospitales y patrulla la ciudad. Permanece como la «reserva» del Congo, «por ser flexibles y confiables» en la ciudad capital para ser utilizada cuando las autoridades de Naciones Unidas lo crean conveniente. En noviembre, un equipo de profesionales del batallón presentarán un proyecto ambiental a las Naciones Unidas para ser implementado en Congo. La propuesta consiste en el reciclado y recolección de residuos, similar a como se hizo en Montevideo.

En todo el país centroafricano, Uruguay aporta 6 plantas potabilizadoras de agua (UPAS) que son utilizadas por toda la Misión de las Naciones Unidas en el Congo (Monuc). Si bien, hoy día, nuestro país no cuenta con una planta embotelladora, las autoridades de OSE manejan la posibilidad de «ensachetar» el líquido potabilizado por las UPAS en las misiones de paz.

 

«Exportación de un producto no tradicional»

Durante la presente mes, se viene produciendo un recambio de la tropa en 400 efectivos en la misión del Congo. Estos reemplazos se producen cada nueve meses, y en ocasiones son «parciales», de acuerdo con la tarea a desarrollar. En febrero de 2005, habrá otro viaje desde Montevideo con un importante número de soldados, con el que coincide el traslado de los efectivos hacia Congo y Haití, que implicará la realización de una decena de viajes al exterior.

Según explicó el coronel Adolfo Loriel, jefe del Estado Mayor del Ejército y encargado del Centro de Operaciones del Ejército (CODE), la oficina de Planeamiento y Presupuesto del Ministerio de Defensa es la encargada de efectuar los contratos con Pluna. El traslado de los efectivos uruguayos a las misiones de paz de las Naciones Unidas, no genera gastos para la operativa en sí, ya que es el propio organismo internacional el que supervisa la salida y llegada del contingente uruguayo.

La ONU fija a nuestro Ejército, cupos, en cuanto a tiempo de permanencia en el exterior, y, económicos, al pago para los integrantes de la misión.

Loriel destacó que en los últimos tiempos, nuestro país logró que fuese la empresa uruguaya, Pluna, la que preste el servicio de traslado de la tropa compatriota.

«Cumpliendo con las condiciones técnicas, los plazos, el tipo de avión a utilizar, y las cotizaciones, la empresa aérea uruguaya tiene la prioridad», afirmó el jerarca castrense.

Advirtió que no siempre, Pluna estaba en condiciones de competir con la oferta.

El procedimiento utilizado por las Naciones Unidas para desarrollar una misión en determinado estado que padece de un conflicto interno, es en primera instancia, priorizar el ofrecimiento a los ejércitos de los países que ya tienen fuerzas en dicha región, «que conocen la zona, que ya estuvieron en el lugar, o que son buenos contribuyentes para las Naciones Unidas».

Una vez hecho el ofrecimiento por parte del organismo internacional, cada país deberá responder si está interesado en participar de la misión de paz.

Loriel explicó que puede ocurrir que un determinado Estado no tenga las condiciones desde el punto de vista logístico, «y no es fácil mantenerse autosuficiente», señaló el militar.

Loriel sostuvo que las misiones de paz tienen varios aspectos positivos. «Alguien alguna vez definió a esto (la misión) como una exportación de un producto no tradicional», ejemplificó el jerarca castrense. Es que todo lo generado: sueldo de personal, compra de equipos y de insumos, es todo nacional, agregó.

Normalmente, Naciones Unidas no paga por el servicio en el lugar donde se realiza la misión, sino que lo hace con cierto atraso, cuando los soldados están en territorio uruguayo.

Esto hace que el dinero percibido por la prestación se gaste en el territorio uruguayo.

Loriel destacó como positivas las misiones de paz, desde el punto de vista militar, porque el soldado se instruye en tareas específicas. «Nos exige a nosotros una preparación adecuada para combatir, que es tan aplicable en el Congo, Haití, como en Uruguay. La gente tiene una motivación y se prepara en conjunto, en lugares que son inhóspitos y en situaciones que no son normales. Sin agua ni luz, en carpa durante 8 meses, y soportando problemas sanitarios», sostuvo el jerarca militar.

No obstante aclaró que el Ejército uruguayo, no debe descuidar su tarea interna de servicio en nuestro país, quedando inoperativo, por tratar de extender su cupo de efectivos en las misiones en el exterior. «Uno puede tener la tentación de volcar tropas hacia afuera, porque hay ofrecimientos y posibilidades, porque trabajamos bien y nos reconocen internacionalmente, y desvestimos lo nuestro».

Actualmente el Ejército uruguayo está estudiando un ofrecimiento de las Naciones Unidas de ampliar el cupo de tropas uruguayas en Haití en unos 200 efectivos.

Para dar una respuesta al requerimiento internacional tendrá que pasar por el aval del Poder Ejecutivo y el Parlamento Nacional.

Loriel informó que ya hubo una primera aproximación con el oficial de enlace, y Uruguay respondió que en un principio estaría de acuerdo en ampliar su cupo.

Entre el Congo y Haití, nuestro país cuenta con una delegación militar de unos 2.200 efectivos (1.500 en Africa y 700 en Centroamérica).

 

El Congo político

Después de aprobado el capítulo N°7 de la normativa de Naciones Unidas para las misiones de paz, los soldados vieron con mejores ojos su función en estos países. Es que antes, los soldados no podían intervenir cuando la población congoleña era castigada, y se debían limitar a observar e informar a las fuerzas armadas del país.

Hasta la década de los años 60, Congo era un país totalmente diferente. Tenía prosperidad. Sus riquezas naturales, con oro, diamante, cobalto, y el codiciado coltan, entre otros minerales, llevó a que la conflictividad se perpetuara como un modus operandi que benefició a los países vecinos, llámese Rwanda, Burundi o Uganda y a poderosos emporios multinacionales.

El contrabando de armas, y la extracción de los minerales de forma ilegal, sumado a una suerte de anarquía nacional, con una división del poder entre su presidente y los cuatro vicepresidentes, cada uno de ellos, gobernando a su antojo en sus respectivas jurisdicciones, consolidó un país de una extrema pobreza.

El sueldo de un policía ronda los U$S 10 al mes. Esto origina una constante aplicación de la «coima» y de ser parte del sistema de contrabando. Incluso, esta situación se produce periódicamente en el propio río Congo, frente a la embajada de los Estados Unidos.

A pesar de los esfuerzos por eliminar la conflictividad interna, muchas veces provocada por otros estados africanos o empresas internacionales que pretenden aprovecharse d
el caos nacional, el futuro no es muy alentador.

La población parece no estar preparada para afrontar un cambio que signifique la consolidación de una democracia. Sin embargo, Naciones Unidas apuesta a que el país africano pueda subsistir por sus propios medios.

La incógnita es grande. En diciembre, habrá un referéndum. En junio, se realizarán las elecciones nacionales. La Monuc está efectuando un registro de ciudadanos congoleños a contrarreloj. No se tiene certeza del número de habitantes que tiene el país. Se estima que serían unos 60 millones. No tienen partida de nacimiento ni documento de identidad. La tarea es dificultosa por la falta de caminería, y los movimientos deben efectuarse muchas veces por la vía aérea.

Hubo una campaña de desarme en la población que se vio interrumpida por una serie de asesinatos a quienes entregaban sus armas por considerar que eran cobardes. Estas acciones llevó a que varias aldeas fueran incendiadas, lo que provocó la muerte de 39 personas.

La distancia entre el oeste y el este del Congo es de unos 1.600 kilómetros. En la zona de los lagos, en la frontera con Rwanda, continúa la conflictividad. El resto del país está sumido en una «bomba de tiempo» que en cualquier momento puede explotar.

 

La recorrida

Una delegación de 10 periodistas partió el sábado pasado desde Aeropuerto de Carrasco. Dos medios televisivos, dos radiales y tres de prensa, incluida LA REPUBLICA, el único diario de alcance nacional. El viaje insumió más de 10 horas efectivas de vuelo, más una escala en la ciudad de Río de Janeiro. En los días previos, el Comando General del Ejército preparó los detalles de la partida. Charla, tramitación de pasaportes, revisación médica, vacunas y pastillas formaron parte de la previa al Congo. El temor por las enfermedades y por encontrarse ante una sociedad violenta, con niños soldados, y una cultura totalmente distinta a la uruguaya también generaba ansiedad.

Minutos antes del aterrizaje vino la advertencia. Nada de cámaras en el aeropuerto. Es que el gobierno de Josehp Kabila no lo permite.

Subida a vehículos de Naciones Unidas, la delegación uruguaya observa las primeras imágenes de una cruda realidad. El país parece como detenido en el tiempo. Está todo abandonado y destruido. Hay vehículos de última generación, pero la mayoría son vetustos. No existen repuestos, y esto lleva a que el congoleño utilice un auto hasta que deja de funcionar. Luego lo abandona. No se ven bicicletas ni motos. Son muy caras para el poder adquisitivo de la población. El tránsito es anárquico. Camionetas deterioradas y viejas sirven de transporte colectivo para una población que hacinada, viaja colgada hasta en el techo y en la parte exterior del vehículo.

La población en general rechaza al extranjero, principalmente a los blancos que integran la misión de las Naciones Unidas. Cada vez que aparece una cámara, surge como respuesta el insulto masivo. Los estudiantes, que suelen organizar algunas revueltas, admiten que actualmente existe menos violencia que antes de la participación de las misiones de paz. A modo de ejemplo, en la época de Kabila (padre), sus hijos asesinaban a las personas que transitaban con sus vehículos, solamente porque les gustaba el auto y querían quedarse con él.

Ahora, parte de la población, recrimina que las Naciones Unidas no hacen nada y entienden que deben de irse. Pero Naciones Unidas necesita de triunfos y de resultados, que no se le dio hasta el momento, salvo el caso de Angola. A muchos no les conviene que el país se normalice, ya que dejaría de ser el «estómago del Africa», porque todos comen de él. Inclusos las transnacionales se fijaron en el Congo para obtener réditos a través de sus productos, llámese la telefonía celular.

Los congoleños casi no tienen agua potable y no existe el saneamiento. Hay tribus que viven en una situación muy primitiva, llegando incluso a practicar la reducción de cabezas. En las ciudades la prostitución es enorme, y el sida se expande proporcionalmente. El cambio de la sociedad congoleña, sólo podría estar centrada en la educación y en un recambio generacional. *

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