Amplían denuncia por la ejecución en 1974 de tres mujeres de 18 y 19 años
Abogados del Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay (Ielsur) presentarán «entre miércoles y jueves» una ampliación de denuncia por la ejecución sumaria, el 21 de octubre de 1974, de tres mujeres de 18 y 19 años, incluida la esposa de un «desaparecido».
La denuncia original, tramitada hace 17 años, será ampliada con «nuevos elementos de prueba». Los familiares de las jóvenes víctimas consideran que «la Justicia tiene la obligación de investigar», según dijeron a LA REPUBLICA fuentes allegadas a la entidad humanitaria.
Los generales Juan Rebollo, Julio César Rapela y Esteban Cristi fueron implicados en el asesinato de Laura Raggio y Diana Maidanick, amigas de Silvia Reyes, esposa del desaparecido Washington Barrios. Además quedó involucrado en los crímenes el mayor (r) Armando Méndez.
El jefe del operativo represivo en el barrio Brazo Oriental fue el ex teniente coronel Rebollo, que treinta años después sería comandante en jefe del Ejército Nacional en el gobierno de Luis Lacalle. Ninguna joven pudo escapar. Las tres fueron acribilladas con armas de guerra.
Los entonces mayores José Gavazzo y Manuel Cordero y el capitán Jorge Silveira fueron brazos ejecutores en el sangriento allanamiento, junto al capitán Mario Mouriño, un agente de Inteligencia Militar que operaba, desde 1971, en el S2 del Grupo de Artillería Antiaérea Nº 1.
Barrios «desapareció» el 17 de setiembre de 1974. Fue detenido por la Policía Federal Argentina en la ciudad de Córdoba. El 11 de octubre fue conducido a La Plata. Un juez lo interrogaría por ingreso ilegal al país. Ya tenía una orden de captura librada por la Fuerzas Conjuntas.
Según la versión oficial de sus captores argentinos, Barrios «se fugó» del vehículo que lo regresaba a Córdoba, ciudad donde se suponía iría a permanecer detenido, en la Unidad Militar Nº 9 donde ya estuvo, pero ahora a la espera de una resolución. Nunca volvió a ser visto.
La matanza de las tres mujeres con armamento militar pareció no ser suficiente para los represores: tras la masacre se dirigieron a la casa de la hermana de la esposa de Barrios, en El Buceo, quien escapó por el fondo con su marido, y un matrimonio amigo con una hija menor.
Gavazzo y Cordero no tuvieron reparo en mostrar sus rostros. Incluso se exhibieron ante el padre de Silvia Reyes, a quien le habían matado una hija, y recién habían intentado matarle a la otra. Tampoco Rapela y Cristi se ocultaron: conversaron con el padre. Sin miedo. Sin apuros. *
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