Dijo que el gobierno está comprometido a "vigilar posibles desalineamientos del dólar"

Economista Fernando Lorenzo: En el Uruguay no hay atraso cambiario

En un coloquio organizado por el Centro de Estudios Estratégicos Ayuí, Lorenzo aseguró que «en el Uruguay no hay atraso cambiario», que la «mayor parte de la caída del dólar se produjo en el segundo semestre del año pasado y era previsible que esa caída se produjera.

El tipo de cambio y el gasto público fueron algunos de los temas debatidos para explicar la crónica baja inversión y crecimiento uruguayo, que desde 1950 está muy por debajo de la media de los países subdesarrollados. En el debate se interpretó de diversa manera los modelos chileno y argentino de los últimos tiempos.

En el coloquio sobre competitividad y desarrollo, realizado el pasado miércoles, disertaron el ingeniero agrónomo Joaquín Secco García y el economista Pablo Gutiérrez. Sus exposiciones fueron comentadas por Lorenzo, el economista Gustavo Bittencourt  investigador y asesor de la OPP  y el ingeniero agrónomo Eduardo Pietra  docente y directivo de Central Lanera y Fundasol .

 

El largo estancamiento

Joaquín Secco, experto en economía agrícola, asesor de organismos internacionales y candidato del Partido Independiente en las últimas elecciones, mostró cifras de los últimos 40 años que muestran que Uruguay consume casi todo lo que produce y el gasto público tiende a crecer hasta el límite que le permite la economía o la capacidad de endeudamiento.

Opinó que si bien el equipo económico es consciente del problema, «el fondo de las cosas está cambiando poco» y «los pronósticos no son alentadores».

Entre 1972 y 2000, la inversión representó un 23% del producto bruto del mundo, un 4,8% en el de los países subdesarrollados y un 13% del de Uruguay. Como resultado, la tasa de crecimiento del mundo se ubicó en un 3,6% anual, la de los países subdesarrollados en 4,8% y la de Uruguay en un magro 1,7%.

Los cuadros exhibidos por el expositor, muestran que en períodos en que hubo leves aumentos del producto, se produjeron grandes aumentos de endeudamiento con el exterior. El fenómeno se aprecia en forma notable en los finales de los 70 y los 90, dos períodos que terminaron en crack.

Los cuadros también muestran que el estado tiende a gastar el máximo posible, influyendo en el gasto de casi la mitad del PBI.

Pero, lo peor es que gasta mal: brinda servicios de mala calidad, gasta pro-cíclicamente, tiene malos impuestos que desincentivan la inversión, tarifas monopólicas que afectan la competitividad, despilfarra  mencionó los US$ 2.500 millones de pérdida del BHU , y es débil frente a los corporativismos y las situaciones que se presentan como emergencias, privilegiando sectores de baja productividad con esfuerzo de todos.

Entre ellos, mencionó la industria automotriz, el azúcar, la avicultura, frutas y hortalizas, los vinos, la leche cuota y las Cajas Militar, Policial y Bancaria.

La principal consecuencia social de esto es que se ha cambiado el empleo de calidad por desempleo y, sobre todo, por empleo de mala calidad.

Secco entiende que actualmente hay tres grandes demandas, la deuda externa  los intereses anuales duplican el total de las remuneraciones personales del gobierno , la mejora en los servicios  en especial la educación  y la necesidad de generar incentivos a la inversión.

Para cumplirlos, se está ante un escenario mundial favorable pero en caída y con un presupuesto que aumenta el gasto 30% aunque prevé un crecimiento del 20%. Concluyó que «no son condiciones que vayan a incentivar la inversión».

Reconoció que en la competitividad hay otros componentes, como la innovación, pero consideró que «para eso se precisan cambios estructurales que no se producen en el corto plazo».

 

Los planes actuales

Fernando Lorenzo discrepó parcialmente con el diagnóstico de Secco. Afirmó que no puede explicarse por un solo factor el bajo desempeño de nuestra economía, sostenido desde que hay registros en 1955, pero proyectado un siglo atrás por algún estudioso.

Analizó la tasa de cambio, el tamaño del sector público, la estabilidad y entendió que ninguna, por sí sola, es una explicación suficiente, porque el estancamiento trascendió todas las políticas.

Pasó luego a exponer «la visión del gobierno de en qué consiste el levantamiento de los obstáculos continuos y estructurales» a un mejor desempeño.

Afirmó que el primer pilar es la estabilidad. Pero en un sentido amplio y sostenible. Entendió que un inversor no podía esperar estabilidad de un gobierno que por cinco o seis años seguidos tenía déficits primarios de 4% del PBI, como sucedió antes del 2002.

Esa estabilidad está contemplada en el Presupuesto, así como el segundo pilar, que es la sustentabilidad del crecimiento, que tiene relación con la inversión del estado y con servicios de infraestructura, educación.

Pero todo eso, a nivel macro, no asegura tener buenos mercados, buenas empresas e incentivos a nivel micro, dijo. «Uruguay está en condiciones de crecer mucho más que lo que está en nuestra programación», afirmó.

Para eso, se aplica un plan de reformas «muy denso», en el que cada paso debe ser precedido por el anterior para darle credibilidad. Por eso, se comenzó acordando con el FMI, luego se salió a los mercados internacionales con bonos y finalmente se presentó el presupuesto.

Ahora, la primera prioridad, es las políticas propiamente de fomento de la competitividad, que priorizan la inversión y la innovación. Mencionó que Chile, si bien se basa en sus recursos naturales, los valoriza.

Una segunda, la internacionalización de las empresas. Otras, reformas en el régimen de promoción industrial y en la ley de bancarrota y la reforma tributaria.

Finalmente, Lorenzo respondió a varias preguntas específicas sobre el tipo de cambio. Se le señaló que la inflación en pesos fue 4% en el último año y en dólares 20%. Recordó que hubo seis episodios de fuerte devaluación en el siglo XX y que era previsible que el año pasado el dólar cayera.

Consideró que «no puede afirmarse que haya hoy atraso cambiario» y que «es malo que haya desviaciones prolongadas de los precios sostenibles de la moneda». Por eso, el plan del gobierno estima una inflación en dólares equivalente a la inflación mundial.

En cuanto a la política argentina de sostener alto el dólar comprando divisa, Lorenzo recordó que se logra gracias a un impuesto a las exportaciones, así que no le parece que sea una solución a la competitividad del país. *

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