"Es la hora de revisar el sistema de internación de los menores"
La Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados viene analizando la posibilidad de propugnar la modificación de algunos aspectos referidos a la internación de menores infractores. Uno de ellos sería la internación domiciliaria de aquellos menores que puedan ser controlados por mayores, ya sean padres o tutores.
«Ha llegado la hora de que vamos a tener que revisar el tradicional sistema de internación», dijo a LA REPUBLICA la diputada Daniela Payseé de Asamblea Uruguay.
Sin embargo no hay muchas esperanzas en el éxito de esta alternativa, ya que la gran mayoría de los menores delincuentes no tienen mayores que los contengan o, sencillamente, los que sí tienen padres «éstos llegan a pedir que sus hijos queden internados» porque se sienten incapaces de controlarlos, aseguró la legisladora.
–¿Hasta cuándo se puede seguir con esta situación de menores incontrolados o con hogares de internación abarrotados?
–Los desbordes ocurridos recientemente en la Colonia Berro no escapan a la realidad de un INAU que está superpoblado, que tiene carencias y que ya el propio Poder Ejecutivo ha tomado medidas para reforzarlo a través de personal contratado eventual, que no es cualquier personal, sino que debe ser especializado, porque debe tratar con personas que, muchas de ellas, han tenido serios problemas con la ley.
Esta situación es muy complicada y se agravó a partir de la crisis del año 2002, cuando comenzó a darse una superpoblación en los diferentes establecimientos. Yo creo que, dentro del marco general de la situación, deberemos estudiar medidas alternativas a la internación en los hogares del INAU.
–Ahora, si la superpoblación es un tema difícil ¿cómo se hará para combatir el consumo de drogas como el de la pasta base?
–La reproducción de la marginalidad en los diferentes barrios y de una sociedad muy fragmentada como la nuestra está haciendo que sea más difícil solucionar el problema de la violencia y el consumo de estupefacientes de los menores.
Un menor que no va a la escuela, que no tiene hábitos de estudio, que ve a sus amigos juntos sin hacer nada en las esquinas y que la pasta base prácticamente convive con ellos es potencialmente un joven consumidor de esta droga que está haciendo estragos en todos los niveles de la sociedad. Por su accesibilidad, por su bajo costo y por los efectos inmediatos que ésta produce.
En cuanto a la represión también habría que tomar medidas y modificar las normas que rigen para la Policía. Es absurdo que se sepa dónde la droga es vendida, pero la Policía no puede actuar porque las reglas le impiden allanar un domicilio en la noche.
Por otro lado, el síndrome de abstinencia de los menores internados es de las cosas más graves que yo haya visto.
Hay una descompensación impresionante en la siquis de esos menores.
La última vez que fui a la Colonia Berro vi menores ingresar evidentemente drogados y había otros que estaban bajo los efectos de la abstinencia y yo no sé cuáles estaban mejor.
Creo que ha llegado la hora de que nuestra sociedad realice una suerte de sinceramiento. De la misma manera que en algunos países europeos la terapia de insensibilización pasa por suministrarles drogas a los dependientes que no les provoquen daños irreversibles, yo creo que aquí en nuestro país llegó el momento de buscar alguna alternativa de esa naturaleza para poder recuperar a esos muchachos para nuestra sociedad.
El consumo de drogas pesadas en Europa se combate en los adictos con otra droga llamada Metadona.
Esta droga no genera dependencia ni provoca las alteraciones en el organismos que las que se consumen. Aquí tendríamos que hacer algo similar, además de combatir la corrupción y el tráfico de estupefacientes en los penales.
–¿Y por dónde piensan empezar?
–Creo que la educación es el puntapié inicial para combatir esto.
Pero también en la educación debemos hacer modificaciones. La idea de impartir educación en los lugares como las escuelas, liceos, no da los resultados que esperamos. Por eso, será necesario ir a los lugares donde se encuentran los jóvenes potencialmente adictos o a los lugares socialmente más frágiles. Si están en la canchita de fútbol, habrá que ir allí, si están en la plaza a la una de la mañana, habrá que ir con personal especializado a ese lugar y a esa hora. Yo creo que la seguridad en la sociedad es un problema a resolver entre todos y nadie estará más seguro mientras tengamos estos puntos vulnerables. *
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