El testimonio de la hija de Chávez Sosa, el obrero comunista arrancado de su hogar y torturado hasta la muerte en Boiso Lanza

Con esas palabras definió Valentina sus sentimientos con lo que vive en estas horas acerca de las nuevas revelaciones de la Fuerza Aérea sobre el crimen de su padre, Ubagesner Chávez Sosa, en una noche de junio de 1976.

Su padre, obrero comunista, como otros tantos miles de patriotas resistía pacíficamente el asalto al poder del dictador Juan María Bordaberry y sus cómplices militares.

Entrevistada por Sonia Breccia en el programa Primera Voz de 1410 AM LIBRE, Valentina afirmó que su aspiración «es que así como se sabe todo sobre mi padre también se haga justicia, ese es mi reclamo».

 

26 años en silencio

En su testimonio explicó lo que siente por su padre. «Yo a mi viejo lo llevo en el alma, siento tanto orgullo porque lo que él y tantos otros hicieron fue para que todos estuviéramos mejor, y fuera una sociedad distinta. Lo llevo presente desde todos los relatos de compañeros.

Fijate que estuve 26 años en silencio, sin poder profundizar a consecuencia de tanto miedo, de no poder hablar. Para mí fue bastante duro tener que enfrentar esta situación, porque en la escuela me preguntaban ¿y tú papá? Mi papá está preso. ¿Y por qué está preso? Entonces tenías que explicar un montón de cosas que ni yo a veces las entendía, y a veces por ver un poco la indiferencia de la gente, me callé mucho, y estuve 26 sin entrar en contacto, hasta que tuve que salir a buscar mi historia más allá de los relatos que mi madre me dio, conocer la otra parte, comprometido y militante y ahí me encontré con cosas muy hermosas.

Con compañeros que estuvieron con él hasta los últimos momentos, hasta que mi padre deja de respirar estaba allí un compañero. Como bien dicen, él murió por una sesión de golpes y torturas en Boiso Lanza, como dice Gerardo Barrios».

 

La dolorosa búsqueda  de la verdad

¿Por qué te tomó 26 años tratar de ponerte en contacto con esa otra parte? Una parte te la da tu madre, pero a los 26 años empezaste a buscar la otra zona de tu padre, el padre militante, preguntó Sonia Breccia.

«Creo que a mí, -dijo Valentina- personalmente me pasaron muchas cosas en esos años. A los 12 años le escribía muchas cartas y tenía sentimientos encontrados. No entendía muy bien por qué había tomado esa decisión, por qué nos había dejado. Y así fue como de a poco fui viendo también mi entorno, porque no vivo en una burbuja, y veo muchas cosas y hay muchas injusticias. Entonces pasé de ocultarlo, porque esa parte para mí era oscura, era demasiado dolor para que lo pudiera asimilar, entonces lo mejor era dejarlo, como también planteaba la sociedad.

Creo que fue cuando tuve fortaleza o veía cosas y quise conocer otras historias, quise entrar en contacto con otros hijos, porque hay otras personas, hay otros hijos.

Eso me dio mucha fortaleza, en un momento en el que compartir historias, el saber que a mí me falta mi padre pero hay otros a los que les faltan sus dos padres y tíos.

Fue así, un proceso tal vez muy lento pero me parece más seguro e inconscientemente fue más sano, porque ahora estoy tranquila para lo que se viene y para lo que tenemos que enfrentar con mi madre y seguir, porque sigue la vida». *

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