La columna de Sherlock

* Juan Andrés Ramírez y una discrepancia antagónica

-¿Usted sabía que Juan Andréz Ramírez no concurre al Honorable Directorio del Partido Nacional hace más de dos meses?

-Ahora me doy cuenta, porque cuando espero frente a la casona de la calle Juan Carlos Gómez, nunca lo veo. Es que no va… ¿Por qué?

-Obviamente que no es porque está ocupado a esa hora. Hace más de dos meses que no va.

-¿Razones políticas?

-Obviamente. Ramírez es un «animal» político, con el perdón de la palabra, y ninguna de sus acciones son por casualidad…

-¿Qué quiere decir?

-Me han dicho, de muy buena fuente, que su «inasistencia» se debe a profundas discrepancias políticas con la mayoría del Honorable sobre cómo se condujeron las relaciones con el gobierno y que no se llegara a acuerdos.

-Entonces, ¿es una diferencia de fondo?

-Muy de fondo…

 

* Isaac Alfie, su dinero, y la información privilegiada

-¡Qué ganas de seguir meneando los fantasmas del pasado!

-¿Qué fantasmas y qué pasado?

-Hablo del caso de Isaac Alfie, que era asesor de macroeconomía del Ministerio de Economía y Finanzas y, por supuesto, cuando la cosa se caía y el ministro Alberto Bensión planeaba un «corralito» de depósitos, se fue hasta el banco y se los llevó para su casa.

-Es verdad, se llevó «oportunamente» los dinerillos que tenía y se salvó del «corralito». Pero recuerdo que también lo hicieron otros, políticos y no políticos.

-Todos estaban en su derecho de hacer lo que quisieran con su dinero, eso es obvio. Lo que se tiene que averiguar es si Alfie utilizó «información privilegiada» para retirar el dinero unos días antes de que el presidente Jorge Batlle firmara el decreto estableciendo la medida.

-¿El juez Homero da Costa es el que está investigando el tema?

-¡Claro! Ahora quiere interrogar a Alfie por exhorto y, además, levantar el secreto bancario sobre las cuentas del ex ministro.

-Me dijeron que todo se precipitó luego de que declarara Bensión. ¿Usted sabe algo de eso?

-Claro, Bensión dio a conocer el grado de conocimiento que tenía Alfie sobre la política de «corralito». Además, si mal no recuerdo, el propio Bensión se manifestó más que dolorido cuando se dio a conocer que Alfie había retirado sus depósitos.

-Lo debe haber considerado como una traición. ¿No le parece?

-No sé, porque otras personas también retiraron sus depósitos, entre ellos algunos políticos, en lo que constituyó un escándalo con vinculaciones éticas. Alfie actuaba en ese momento como nexo entre el Ministerio de Economía y el FMI, por lo que es evidente que tenía información suficiente… Recuerde que ese «corralito» fue adoptado por la influencia del propio FMI. Además Alfie fue compañero de viaje a Washington de Ariel Davrieux, director de la OPP, en el último intento de conseguir el salvataje, cuando las «puertas del corral ya estaban entornadas», como dice Walter Pernas en el semanario «Brecha».

-¿Y?

-Todo un escándalo que, quizás, si se sigue investigando y se levanta el secreto bancario sobre las cuentas de Alfie, pueda terminar haciéndose justicia.

-Y mientras tanto….

-Mientras tanto ¿qué?

-El único que ha pagado por todo este escándalo fue un bancario, Rovela, al que echaron del Banco de la República por haber comentado el movimiento de esas cuentas.

-Los colorados se la dieron con todo ¿verdad?

-Así es.

 

* Un cuarteto de alto nivel en Comisión de la Haya

-Usted sabe que la Convención de La Haya de 1899 sobre el «arreglo pacífico de los conflictos internacionales», de la que Uruguay es parte, dispone en su artículo XXIII, que cada «Potencia» designará a cuatro personas, de una competencia reconocida en cuestiones de Derecho Internacional…

-Y que gocen de la más alta consideración moral y que estén dispuestas a aceptar funciones de árbitro….

-¡Usted también sabe de lo que hablo!

-Claro, leí el decreto…

-Por lo tanto se designó a los doctores Héctor Gros Espiell, Ronald Herbert, José Korzeniak y Roberto Puchero Ripoll para integrar el grupo nacional previsto en ese artículo de la Convención de La Haya.

-¿Quién firmó el decreto?

-El presidente Vázquez y el canciller Gargano.

-Nombraron a juristas del más alto nivel… ¿Verdad?

-Obvio, pero con un peligro…

-¿Qué peligro?

-Mire si en el tema de que estén dispuestos a aceptar funciones de árbitro, les ocurre…

-¿Por dónde viene el chiste?

-Que los integren también al referato nacional; recuerde que está vacante el lugar de Gustavo Méndez.

-Muy malo su chiste… ¿No tiene alguno mejor?

-Bueno, déjeme pensar…

-Piense nomás que la semana próxima vuelvo.

 

* ¿Qué dirá ahora el locuaz Iván Paulós?

-Lo pregunto sin ningún revanchismo… ¿Qué dirá ahora el locuaz general Iván Paulos?

-¿En qué sentido?

-Cuando aparezcan restos humanos en los lugares señalados por el propio Ejército, en los cementerios clandestinos… ¿Qué dirá?

-Seguro que hará silencio… Es evidente que Paulos, que fue director del Servicio de Inteligencia del Ejército, sabe mucho. Lo que ha dicho hasta ahora es el resultado de una estrategia propia o del grupo de retirados que estuvieron en la «dura», para distorsionar públicamente cada información que aparecía. ¿Habría que preguntarle formalmente lo que sabe?

-Difícil que diga algo… No solo es vocero de los «duros», sino que es «duro» él mismo.

-Se imagina escribiera en serio sus memorias. Como ex Jefe de Inteligencia debe saber todo e indicar datos hasta hoy desconocidos, señalar lugares de enterramientos clandestinos… ¿Se imagina?

-Lo imagino pero lo considero improbable…. Me parece que ningún juez se le ocurrirá llamarlo a declarar…. Aunque sería justo hacerlo…

-Se podría abrir la Caja de Pandora. Saberse, por ejemplo, donde se encuentran los restos del maestro Julio Castro.

-¿Usted cree que Paulos sabe eso?

– Lo intuyo, creo que esa información la puede tener…

-Si es así, se abriría otra forma de llegar a la verdad…

-¿Está seguro?

-Mire, este general, es un hombre «del riñón» de los duros… No solo puede saber algo sobre Castro, sino también del asesinato de Ramón Trabal, etc… ¿Usted cree que Paulos no puede tener algo de información sobre estos temas? ¡Fue director de Inteligencia!

-Tiene razón.

 

* Larrañaga y Gallinal, dos que se sacan nuevas chispas

En los corrillos del Palacio de las Leyes, el tema era el del choque de Francisco Gallinal contra Jorge Larrañaga y su dura respuesta. Sherlock, ansioso por saber más, buscó en el tercer piso a su amigo, el vasco blanco. Lo encontró en la biblioteca.

-Yo sé que usted es amigo del «guapo». Pero ¿cuénteme lo que pasó con don Pancho? Interrogó inquisidor.

-Mire Sherlock, no es problema de ser amigo de «alguien», que lo soy, sino de ser justo objetivamente. Don Pancho nos está resultando bastante ingrato y además en el tema de los «carguetes», que lo «desmelena», subyace de vuelta la desobediencia hacia la autoridad del jefe y voluntad de la mayoría del pueblo blanco.

-¡Habla de ingratitud y de desobediencia!

-Claro -siguió el vasco- si yo salvo la banca de senador invocando el prestigio de Larrañaga, carro al que me subo al fin de la campaña electoral, sin que nadie se le ocurriese en ese momento «desesperad
o» llamarme, y logro salvar el pellejo, lo menos que se puede pedir es no «salivar» la mano del que me hizo tan oportuna «gauchada». ¿No le parece? Tampoco es simpático dividir el partido de nuevo por «carguetes», después que costó tanto lograr la unidad. Hay que reconocerle a Lacalle, que junto con Larrañaga como buenos blancos, han tendido puentes de concordia y diálogos.

-¿Y la desobediencia? ¿dónde está? -preguntó Sherlock.

-Está claro que usted no puede ir contra la voluntad de la mayoría del Partido. Ni Alianza fuerza mayoritaria, ni el Herrerismo la segunda sin duda alguna, aceptan en las condiciones actuales los cargos. Situación parecida, hace algunos años, cuando nada menos que la Convención Nacional, órgano máximo donde reside la soberanía partidaria del pueblo blanco, se ordenó por mayoría absoluta a los representantes del Partido en Antel votar en contra de la construcción de la Torre de las Comunicaciones.

-Y negando o ignorando el mandato soberano, se solidarizaron con Julio Ma. Sanguinetti y sus «salvajes» colorados votando a favor con un gasto innecesario y suntuario de más de 100 millones de dólares. Eso es desobediencia por no adjetivar «otra» cosa. O sea, son actitudes conocidas que no toman de sorpresa. ¿Está claro?

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