ENTREVISTA - MABEL LAMADRID, EX PRESA POLITICA

"Queremos saber, para que los libros de historia cuenten la verdad de lo que pasó"

-¿Qué significa en este momento ese pañuelo?

Caminar hacia la verdad. Que salga a la luz todo lo que pasó, que se cierre ese capítulo, y que la sociedad uruguaya pueda decir con la frente alta: nosotros tuvimos una dictadura, salimos de ella, y los desaparecidos ya no son desaparecidos.

 

-¿Qué estaba haciendo cuando recibió la noticia?

-Estaba trabajando. Fue el martes 12 de julio.

Me llamó mi marido y me contó que había llegado a la Junta Departamental un fax informando que un compañero encontró en archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores un paquete a nombre de una persona. El envío tenía fecha de diciembre de 1982 y nunca había sido entregado.

El es suplente del edil Gastón Silva, y le avisaron. Enseguida me llamó, me contó lo que pasaba y agregó: «La dueña de ese paquete sos vos». Quedé muda.

 

-¿Qué decía el fax que enviaron desde el Ministerio?

-Quien encontró el paquete escribió: «Hoy encontré algo que me movió el piso, un paquete que hace 23 años que está acá y pertenece a la compañera Mabel Lamadrid. Yo no la conozco, pero la tenemos que ubicar». Alguien reconoció que era yo, le comunicaron a mi esposo y él me llamó.

 

-¿Qué hizo después de saberlo?

-Enseguida que corté, les dije a mis compañeros. Ninguno podía creer lo que les contaba.

 

-¿Se han encontrado más documentos?

-Se están buscando. (El canciller, Reinaldo) Gargano dijo que se están encontrando materiales. Supongo que sí, pero estas son cosas muy delicadas. En este caso es algo que pertenecía a cierta persona y llegó por intermedio de la Embajada de Suiza y quedó secuestrado.

 

-¿Qué es lo que más la sorprendió?

-Lo primero que pensé es que hace 20 años estamos en democracia. Ninguno de los gobiernos anteriores se preocupó por ver si podrían existir documentos que podrían demostrar más sobre qué pasó exactamente en la dictadura.

 

-¿Cómo fue darles la noticia a las presas?

-Se les comunicó desde el Ministerio de Relaciones Exteriores. Pero lo que ellas no sabían es que les iba a dar el pañuelo a ellas. El paquete les pertenecía. La persona que lo envió lo que pretendía es que se le entregara a las presas del Penal de Punta de Rieles. Se llama Fulvia Muller, a quien estamos tratando de contactar.

 

-¿Esa persona aún esta viva?

-La dirección existe, y allí vive alguien con ese apellido. Mediante uruguayos radicados en Suiza logramos contactar la dirección del remitente. Ahora quien vive allí está de vacaciones. Los vecinos dicen que es un hombre, y no conocen a quien vivía allí antes. Ahora están esperando que regrese, porque el apellido Muller es muy común y habría que ver si es algún familiar. Eso sería muy interesante.

 

-¿Ella sabe si la carta llegó a destino o no?

-No. Los militares dieron la respuesta de que la carta enviada no sería entregada al agregado de la Embajada de Suiza, quien hoy es cónsul en Milán. Le dijeron: «Les devolvemos el presente». Evidentemente quedó en el ministerio, y no fue enviado a la embajada, o en la embajada no lo aceptaron. Eso no lo sabemos.

 

-Estuvo presa en dos oportunidades, 1974 y 1977, en el Batallón de Infantería Nº3 y posteriormente en el Fusna. ¿Cuántos años tenía la primera vez?

-Tenía 20 años.

 

-¿Recuerda que día fue?

-El 30 de noviembre.

 

-¿Qué fue lo que pasó?

-La CNT había resuelto hacer un apagón en toda la ciudad. Y en la fábrica donde yo trabajaba lo hicimos. Ahí fue que me detuvieron junto a unos cuantos compañeros más. Prácticamente no podías siquiera decir CNT en voz alta porque te rodeaban. Como fuera tenías que demostrar que se estaban haciendo cosas.

 

-Todo esto, ¿le revivió momentos, situaciones?

-Sí. Me acordé de montones de anécdotas, de cosas que se hicieron, de pintadas, pegatinas, volanteadas, de pequeñas cositas. Me acuerdo un día que llegó un compañero a mi casa y me dijo «cayó Allende», el mismo compañero al poco tiempo me dijo «mataron a Nibia», era una noticia mala tras otra. Cayó fulano, cayó mengano, estabas siempre con el corazón en la boca, pensando ¿a quién la va a tocar ahora?

 

-Y cuando salió, ¿qué pasó?

-De la fábrica donde estaba me habían despedido. Al día siguiente entré a otra fábrica. Un compañero, Thelman Borges, me vio y me preguntó: «¿Cómo están ahí las cosas?». Mirá, le dije, ya estuvimos cobrando las cotizaciones del sindicato, tenemos dinero para entregar, queremos ver a quién se lo damos. Esto fue en pleno 75, el gremio estaba disperso, no teníamos ni siquiera local. Siempre en las fábricas había un ropero que no era de nadie, allí guardábamos las cosas gremiales.

 

-¿La segunda vez qué estaba haciendo?

-Estaba trabajando, me sacaron de adentro de la empresa. Negué cualquier tipo de participación en la impresión de materiales gráficos y cualquier otra cosa. Ahí no supe bien dónde estuve, fui y vine muchas veces antes de que me soltaran. Siempre supuse que fue en la Marina porque sentía gaviotas y pitos de barcos. En el Fusna, pero nunca supe si fue realmente ahí.

Estas son cosas que vivimos los uruguayos que… en realidad mi situación digamos que fue como que nada, al lado de situaciones de otra gente…

 

-¿Compartió momentos con personas que actualmente son consideradas desaparecidas?

-No. No que supiera. Yo prácticamente no veía a nadie. El día que me llevaron (la primera vez) fueron a… yo conocía mucho la zona de Flor de Maroñas, fueron a buscar a una persona en Cambay y Camino Carrasco, yo estaba vendada, esa persona subió llorando, estuvo llorando toda la noche, después nos separaron, ella estaba enferma, no podía estar parada, no sé bien qué era lo que tenía, pero nunca escuché su nombre.

Hubo gente que sufrió mucho, y que hoy aún sufre las consecuencias de enfermedades y de cosas, por lo que pasó.

-¿La torturaron mientras estuvo presa?

-Yo te diría que… no.

 

-Dudó. ¿Se está comparando con otros?

-Sí, en comparación a otra gente… a veces pienso en gente… siempre tengo en la memoria a una persona que yo quiero mucho, Jaime Pérez, que hoy está internado, seguramente con secuelas de lo que vivió en la dictadura. Ellos son símbolos de la resistencia, de ser honesto con uno mismo y con el resto de los compañeros. Tampoco hablo mucho de esto, prefiero hablar de qué hacemos, de qué se está haciendo y de cómo hacerlo.

 

-¿Qué opina de las actuaciones del gobierno con respecto a los derechos humanos?

-En Uruguay las cosas siempre se hacen un poco lentas, y ahora se están haciendo bien. Pienso que los militares que sean citados deberían presentarse, es pertinente que lo hagan, no va a suceder nada… a veces se tiene miedo. Fue muy duro todo lo que pasó.

A mí hay compañeros que me preguntan, ¿qué va a pasar si encuentran algo en el Batallón 13? Y va a pasar que se va a investigar. Que señoras van a tener un lugar donde poner una flor a su hijo… no va a pasar como con Tota (Quinteros) que se murió sin saber dónde podía ir y decir: «Esta flor es para mi hija».

 

-Eso que usted me dice es en referencia a los involucrados ¿y el resto de l
a sociedad?

-Lo necesario es saldar una deuda que se tiene con los familiares de los desaparecidos. A veces pienso que si un familiar sale de su casa y no aparece más, queda la esperanza. Siempre decimos que con los desaparecidos no hay dudas, que fueron asesinados por la dictadura. No sé si una madre se convence de que su hijo está muerto si no ve el cuerpo. Lo peor que le puede pasar a la sociedad es que sigan habiendo desaparecidos.

El hecho de averiguar, de saber la verdad y de que se diga qué fue lo que pasó, no creo que traiga un trauma o un drama. El Presidente va a respetar la Constitución y la Ley, entonces no se va a violar ninguna norma. Queremos saber para que los libros de historia cuenten la verdad de lo que pasó. *

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