"Supimos ganar elecciones y administrar crisis, pero no supimos liderar en las ideas"
–Ha culminado, con los comicios municipales, el proceso electoral que comenzó el pasado año con las elecciones internas. Los partidos, en esta nueva etapa, están en medio de un proceso de reflexión para ajustar sus estrategias y propuestas. ¿Cómo está viviendo este proceso el Partido Colorado?
–Es obvio que al Partido Colorado no le fue bien, le fue mal, en las últimas elecciones nacionales. Hay una lectura optimista que dice que se recuperó en mayo, pero también hay una lectura realista que dice que en las elecciones municipales se tuvo una mejor votación en algunos departamentos y en otros desapareció. Esta última es la lectura que hay que hacer. Ni todo está bien, ni todo está mal.
Lo que el Partido Colorado necesita en este momento es humildad para entender lo que pasó y darse cuenta de que la gente le dio la espalda a un discurso batllista que el Partido Colorado intentó transmitir. El partido tiene que hacer un gran esfuerzo de introspección, para redescubrirse a sí mismo. Tenemos que preguntarnos ¿qué partido para qué país? ¿Y qué batllismo? Responder esto es fundamental para el país, que fue prácticamente creado por el Partido Colorado.
–Mucha gente, incluso que no es batllista, siente que el Partido Colorado no puede estar en esta situación, que el país necesita de su fortalecimiento. ¿Qué tendrían que discutir los colorados para que el conjunto de la sociedad participe, directa o indirectamente, de ese debate?
–En Uruguay hay más colorados que votantes del partido, que en las últimas elecciones tuvo el 10% de adhesión. Y esto es así porque el batllismo sigue siendo la ideología principal del Uruguay, sigue siendo la esencia de lo que es el pensamiento libertario-humanista, que los uruguayos tenemos. A veces se confunde el Uruguay con el batllismo. Por todo esto digo que el debate del Partido Colorado debe apuntar a ese batllismo que era humanista, que era libertario, que tiene una profunda sensibilidad social. Necesitamos de una gran humildad para saber por qué nos pasó lo que nos pasó. Lo que nos pasó fue que perdimos la base social que tuvimos, porque el partido estaba presente en todos los sectores de la sociedad. Necesitamos un partido que escuche y que forme e incorpore personas.
–Lo que conocemos como batllismo libertario y humanista no fue una elaboración teórica de José Batlle y Ordóñez ajena a la realidad y a los cambios del mundo de aquel momento. ¿Qué factores nacionales e internacionales debería tener este reencuentro con el batllismo que usted propone?
—Reconocer que hay un Uruguay que vive fuera de aquel Uruguay de la escuela pública y laica, fuera de lo que conocimos como Estado Batllista. Hay un Uruguay informal que vive al margen del Estado. En su momento el batllismo tuvo en cuenta una situación social similar, con la ley de ocho horas, con estar en contra de la pena de muerte. Desarrolló una política de inclusión social, porque fue un partido inclusivo. Batlle y Ordóñez fue inclusivo en cuanto a ideas y en cuanto a personas. Allí están los ejemplos de Grahuert y Arena. Hay que ir a un partido que escuche más y hable menos, para reencontrarse con la sociedad porque hemos sufrido el divorcio de las cúpulas partidarias con el sentimiento de la población. Cuando ese divorcio existe, en los partidos políticos se manifiesta en ausencia de votos. Yo no creo que todos los que votaron al Frente Amplio sean del Frente Amplio. Muchos de ellos son batllistas. Es que el diálogo partido-sociedad se rompió.
–Ahora, el Partido Colorado pasó de una propuesta de sociedad estatista a otra con mayor presencia del mercado. Pero ese paso nunca lo explicó a fondo. ¿Usted siente esa carencia?
–Cuando muere Luis Batlle el partido pierde su capacidad de diálogo y de inclusión social. Se siguieron ganando elecciones, pero cada vez con mayores dificultades. En ese momento no supimos explicar hacia dónde estaba yendo el mundo. A la vez el partido se fue confundiendo cada vez más con el gobierno, al grado que el partido y el gobierno pasaron a ser lo mismo. Fíjese que ahora, en pocos meses, la Convención se ha reunido más que en los últimos 20 años. Supimos ganar elecciones, supimos administrar crisis, pero no supimos liderar en las ideas.
–¿Perdieron a la intelectualidad?
–Perdimos a los sectores de la cultura. Eso, el otro día, lo dijo también el doctor Julio María Sanguinetti. En mi opinión empezamos a perder a mujeres y hombres de la cultura en 1958, cuando nos opusimos a la ley orgánica de la Universidad de la República.
–El pasado miércoles el doctor Jorge Batlle fue al Comité Ejecutivo Nacional del Partido Colorado y propuso un gran debate ideológico en vuestra colectividad política, buscando rescatar a Batlle y Ordóñez. ¿Ese debate de Batlle es su debate?
–Esto hay que dividirlo en dos partes. Reencontrarnos con José Batlle y Ordóñez, hacer una remembranza histórica de él, siempre es bueno y esto es parte del debate. Donde discrepo con (Jorge) Batlle, más allá del agradecimiento eterno que le tengo por la oportunidad que me dio en su momento, es que creo que no se debe entrar a cuestionar a la gente, por algo que hizo hace cuatro meses. Si la gente entiende que lo que dice (Jorge) Batlle es correcto, se va a manifestar así en las próximas elecciones. Pero si entiende que no es correcto nos va a dar la espalda. Lo peor que podemos hacer es no entender los mensajes de la gente y quizás, con soberbia, salir a decir lo que no debió hacer. Yo estoy de acuerdo con el planteo que hace (Jorge ) Batlle de que debemos discutir qué es el liberalismo-humanista, que el Partido Colorado supo encabezar y que muchos sectores de los demás partidos también comparten.
–La impresión que saqué es que el ex Presidente propone un debate en contra de alguien, en este caso la izquierda y el nuevo gobierno, y no un debate sobre quién es él, qué es el Partido Colorado. Esa es mi idea de la propuesta del pasado miércoles…
—Creo que el Partido Colorado tiene que hacer un debate introspectivo, porque creo que hay varios batllismos. Liberales, del punto de vista político podemos ser muchos. Ahora ¿cuál es la concepción del liberalismo en lo económico, en lo social? Entiendo que hay un liberalismo humanista con una fuerte raigambre social y hay un liberalismo mucho más economicista. Esto es bueno para el partido y es bueno que lo transmita así, pero no mirando a los demás. Todos sabemos que en el gobierno hay personas que están identificadas con el pensamiento de Carlos Marx. Comparto también con Batlle que hay imágenes equivocadas del gobierno…
–¿Por ejemplo?
–Me refiero a las relaciones laborales. Con la ley del péndulo el gobierno se fue para otro lado, volcándose hacia los sindicatos. Creo que el equilibrio debe estar en el gobierno y no debe jugar hacia un lado o hacia otro. Tiene que estar mediando en las relaciones laborales, porque de otra manera se termina favoreciendo al corporativismo de uno u otro lado. En eso el ex Presidente tiene razón, pero no creo que se transmita en la concepción de muchos de los integrantes del gobierno
–¿Usted cree que este gobierno se desliza hacia un socialismo de Estado, como dijo Batlle?
–Aún hoy es muy breve el tiempo que ha pasado entre la asunción del gobierno y hoy, para saber exactamente hacia dónde va. Creo que hay señales equívocas y señales claras. Económicamente no va hacia el socialismo. Si uno mira el planteo del ministro Danilo Astori nota que es muy sensible a determinados temas sociales, pero con
un planteo económico que no es socialista.
Quizás sea liberal social o socialdemócrata, en algunos aspectos. A veces, es cierto, hay algunas opiniones de algunos integrantes del gobierno que podrían estar apuntando en la dirección del razonamiento de Batlle.
–¿Para usted el Partido Colorado tiene que mirarse más al espejo y no mirar tanto al vecino?
–Sin lugar a duda. El debate que plantea Batlle en el Comité Ejecutivo va en esa dirección, pero después públicamente lo hace diferente y yo sobre eso tengo reservas. Es esencial que como partido nos miremos al espejo. Pero hay que mirarse sin altanería y sin soberbia.
–Usted fue contratado como técnico por el gobierno, para integrar una comisión que atiende la reforma impositiva. ¿Por qué aceptó?
–Desde que me recibí, me dediqué a los impuestos. En lo privado trabajé en asesoramiento impositivo, obtuve un master en impuestos en la Universidad Harvard –mi tesis fue acerca del impuesto a la renta–.
Durante la administración pasada hubo modificaciones al impuesto a la renta empresarial, que iban en el sentido de lograr una mayor equidad y sostenibilidad fiscal.
Para lograr esto se necesita toda una institucionalidad nueva.
Comparto plenamente la idea de que el país necesita una reforma tributaria, que el gobierno anterior intentó hacer sin éxito en algunos aspectos. Es un gran desafío.
Estoy, a la vez, agradecido porque se me dio una gran oportunidad.
–¿Qué es para usted Zaidensztat?
—Un amigo.
–¿Alejandro Atchugarry?
—Además de ser con quien comparto profesionalmente mi vida, es un gran amigo, una persona que dio todo por el Uruguay en el peor momento, creando un gran consenso social que permitió que el país saliera adelante.
Sé que el tiempo va a reconocer en su figura, el estilo uruguayo, que es lo que representa esa clase media trabajadora uruguaya.*
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