Testimonio de un 27 de junio, pero de 1998
Por considerarlo de interés LA REPUBLICA da a conocer el siguiente relato de un pasajero del buque escuela Capitán Miranda que revela sucesos hasta ahora inéditos ocurridos el 27 de junio de 1998, cuando se cumplían 25 años del golpe de Estado.
Se recuerda hoy el golpe de Estado del año 73, y a pesar de que la historia registra que el 1 de marzo del 85 esta situación finalizó, varios hechos se han encargado de demostrar que los efectos siguieron por muchos años.
Hoy queremos referirnos al ocurrido un 27 de junio del año 98, habían pasado 13 años de la «finalización» de la dictadura.
La historia ocurre a bordo del Buque Escuela Capitán Miranda; eran las 8 de la mañana de aquel 27 de junio.
De repente, por el circuito general de parlantes, suena la marcha «25 de Agosto» (aquella de los famosos comunicados de las llamadas «fuerzas conjuntas» de la dictadura).
Era un día de verano, mar calmo, sol pleno y 25 grados de temperatura. Nada hacía prever lo que ocurriría. Se navegaba a vela cruzando el Océano Atlántico, desde costas americanas con destino a Lisboa.
Los tripulantes, extrañados unos y sobresaltados otros, escucharon en todos y cada uno de los recintos del buque la marcha militar seguida por una voz que recordaba y resaltaba «las virtudes de la dictadura». Era el Cabo M…, un tripulante de las máquinas (su cargo era Oil King desde hacía varios años), que por motus propio, o tal vez «orientado», había tomado esta curiosa iniciativa.
La comunicación se cortó abruptamente, cuando este tripulante terminaba de recordar, con manifiesta alegría todos los «enemigos tupamaros» desaparecidos en acción.
El comandante del buque, que recién se despertaba, se había dirigido (en calzoncillos) a la sala de radio y no sólo había arrancado el micrófono del equipo, sino que había dispuesto el arresto a rigor del tripulante y ordenado formar en cubierta a toda la tripulación.
El segundo comandante del buque era el actual edecán naval de la ministra de Defensa Nacional.
Componían la tripulación extranjeros de Argentina, Brasil, un oficial de la Fuerza Aérea y otro del Ejército, además de invitados civiles de la Universidad de la República y de UTU.
A las 10 de la mañana, con un sol agobiante y el buque parado en pleno Océano Atlántico, el comandante se refirió al hecho, tildando de «traidor y delincuente» a quien desconociera la Constitución de la República, agregando que «en el 73, una horda de cobardes se había escudado en los uniformes para delinquir, dando un golpe de Estado, torturando, violando detenidas y utilizando una falsa guerra para su propio beneficio económico».
También recordó el Juramento Naval que, dijo, comprometía «a defender con el sacrificio de la propia vida si fuera preciso la Constitución, las leyes de la República, el honor, sus instituciones democráticas, los derechos y las libertades de nuestros ciudadanos».
Los casi 90 tripulantes no olvidaremos jamás esa tan particular clase de civismo.
Este hecho pasó desapercibido para nuestros compatriotas, para nosotros NO, por eso hoy lo relato.
Una semana más tarde el comandante del Buque fue sancionado (por teléfono) con 15 días de arresto; el motivo… ya no interesa… Posteriormente al arribo al Puerto de Montevideo se le dejó sin cargo durante un año.
El castigo valió la pena. *
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