"En el actual Senado no hay avasallamiento de la oposición ni lentitud en leyes"
A cien días de Parlamento, se puede hacer una evaluación primaria como se hace del Gobierno? ¿Qué mensajes cree llegan a la población desde el Senado, particularmente?
La mejor visión que se puede dar, y eso es una seguridad para la ciudadanía, es que en el Senado están habiendo cambios. En el Parlamento están habiendo cambios: digo el Senado en particular, porque lo presido. Creo que estamos bien encaminados en esta primera fase, centrándonos en solucionar problemas casi crónicos, como jerarquizar derechos de personas que trabajan en el Palacio Legislativo. Es el caso de los secretarios de los legisladores, que siempre estuvieron en una nebulosa en lo que se refiere a los aportes al BPS. De hecho se constataba que había personas trabajando «en negro» en el Poder Legislativo. Todo eso se está regularizando, con obligaciones para los legisladores. Debimos hacer cosas básicas, como volver a cumplir el reglamento en materia de inasistencias, incluso en comisiones. Estamos instrumentando una declaración de viáticos, para cuando los legisladores salen en misiones oficiales. Hacía años que no se nombraban las comisiones de la Asamblea General, que hoy están siendo nombradas, para analizar los dictámenes del Tribunal de Cuentas que tampoco se realizaba, entre otras cosas. Se levantó el carácter de secreto de las sesiones del Senado para el nombramiento de directores de entes autónomos, de empresas públicas, de embajadores. La gente, ahora puede venir a escuchar qué van a hacer directores y embajadores. Además, estamos en el campo de dotar al Parlamento de cierta cristalinidad en materia de rendición de cuentas de los legisladores respecto a sus tareas.
¿Qué significa para la gente «cristalinidad en rendición de cuentas de un legislador respecto a sus tareas»?
Cuando un legislador entra a sala se le pone la asistencia: si se va… él asistió. A futuro, con el voto electrónico, los votos pasan a ser nominales, cada legislador tiene que apretar un pulsor en su banca, lo que permitirá conocer ante un proyecto de ley, quienes lo votaron, quienes no y quienes no estaban en sala para votar.
Aunque su explicación denota actividad, existe una percepción que la gente desearía un Senado más activo, más rápido en la resolución de los temas…
Por primera vez en muchos años la fuerza de gobierno tiene mayoría por sí sola, a diferencia de otros períodos en que las mayorías se conformaban por acuerdos, entendimientos, o como se les quiera llamar, entre los dos partidos tradicionales. Entonces, no es lo mismo coordinar entre dos fuerzas distintas que dentro de una única. Ese aspecto nos trae una cierta responsabilidad extra: la de no avasallar a las minorías. Porque uno podría sacar los proyectos de Ley de un día para el otro, en tanto tenemos mayoría en el 99% de las comisiones, y luego hay mayoría en el plenario. Y aunque buscamos todo lo contrario, a veces los legisladores de la oposición se han sentido avasallados. Así y todo, hemos votado muchas leyes.
Aunque el número sea importante, también es cierto que el valor de algunas cuantas resoluciones, es, cuando menos, cuestionable…
De las aproximadamente cincuenta iniciativas que el Poder Ejecutivo, envió desde que asumiera, hay trece de absoluta importancia en el Parlamento. De esas trece se han aprobado al día de hoy, cuatro. No se puede hablar entonces de avasallamiento, ni de lentitud. A veces la gente dirá: ¡no hacen nada! No, no, es al revés. Se es lento porque se hace demasiado: porque se llama a los ministros, a las organizaciones sociales, a los involucrados, para que opinen sobre los proyectos de Ley.
Aún así, el senador, como culminación en la representación del pueblo, irónicamente parece más alejado del pueblo que lo eligió a partir de que asume. Usted mismo, fue intendente de Cerro Largo, ¿no se siente de alguna manera un caudillo alejado de sus bases?
Eso depende de cada uno. Yo en estos primeros meses me he dedicado mucho a administrar el Poder Legislativo: tengo que administrar el presupuesto de este poder del Estado, con más de 1.000 funcionarios y que maneja entre 50 y 55 millones de dólares por año. Y quiero hacer bien esa tarea.
De cualquier manera, trato de estar en el máximo contacto posible con la gente. Vengo de participar en un evento en el teatro Astral que, bajo el título de «Gobernando con la gente», pautó una evaluación de los primeros cien días de gobierno.
He participado en los consejos de ministros en el Interior, y atiendo mucha gente acá. Cierto que menos que en la Intendencia, donde hay un contacto mucho más directo con la gente, ya que uno vive allí. Y uno se siente más comprometido con la gente para solucionar problemas que uno puede solucionar. Hay que tener en cuenta que hoy, cualquier poder legislativo del mundo tiene procesos más lentos para hacer aparecer soluciones a la ciudadanía: una ley que se discute, se habla, se aprueba, se promulga y recién allí se pone en funcionamiento. Lo municipal es otra cosa: si la luz está quemada, si la calle está rota, el camino deshecho… hay que arreglarlo, es mucho más directo.
¿Cómo sienten las bases de su lista – la 738- ese cambio en la posición que ocupa su líder?, ¿no lo sienten alejado?
Ello se sienten muy comprometidos con esta lucha, están muy orgullosos de haber contribuido a la victoria del Encuentro Progresista, hay mucha gente trabajando en aspectos sociales, gremiales, además de políticos, tanto en Montevideo como en el Interior.
Hace dos semanas tuvimos una mesa nacional de la 738, con representantes de 18 departamentos e intercambiamos ideas, lejos de hacer balances. Analizamos si los roles de la 738, tanto en aquellos departamentos en que la fuerza política es gobierno, donde hay un rol, así como donde no lo somos pero tenemos ediles que se sienten responsables y tienen otra llegada ante la situación inédita del gobierno nacional. Las bases desde el punto de vista de la organización política están contentas, muy comprometidas, como para cumplir con las demandas que la gente tiene.
Del país «presidencialista»
¿Cómo ve que el Senado se abocara a temas más de fondo, a enfoques más de propuesta, que, por ejemplo, horas de exposición, para avalar la designación de una escuela, un camino, o una calle?
La designación de escuelas, caminos, o rutas, es una vieja tradición nacional, pero además, es una Ley. Lo que ahora hay es una toma de conciencia: cada vez se habla menos en esas ocasiones. Lo hace el informante, excepcionalmente un legislador por bancada, en un marco de economía procesal. El hacerlo está bien, sino estaría sometido el nombre de muchas cosas en el país a los vaivenes de las administraciones: ese nombre no me gusta, se lo cambio, y chau. En cuanto a la preocupación por temas de fondo, no hay que olvidarse que Uruguay tiene un perfil presidencialista muy fuerte marcado por la Constitución. Son pocas las materias en que el Parlamento tiene iniciativa por sí mismo, si la iniciativa no viene del Poder Ejecutivo. Como ejemplo: no podemos tomar ninguna iniciativa en materia de políticas de jubilaciones, salvo que el Poder Ejecutivo tome la iniciativa y la mande. Y así en casi todo.
¿Qué expectativas tiene entonces para la presente legislatura?
Tener una buena Ley de Presupuesto, y una buena Ley de Educación. Cifro en eso muchas esperanzas, teniendo en cuenta los cuadros humanos que tenemos en los ministerios para llevar adelante reformas.
La ley de presupuesto traerá con seguridad, la reforma tributaria, y con ella se va a impartir más justicia dis
tributiva, llegando finalmente al concepto de que pague más el que tiene más y menos el que tiene menos. Además confío en que tendremos una buena ley de educación, en tanto estamos todos convencidos que la educación debe tener un carácter participativo. Se han empezado a dar señales en ese sentido y ya hay en el Parlamento una iniciativa. Confío además en que el Parlamento, resultará jerarquizado, por la decisión de que las cosas que hay que resolver en el Parlamento, se deben resolver en el Parlamento, pautando un camino real de efectiva diferenciación entre los poderes. *
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