Mujica podría ser el presidente del FAP, con la intención de fortalecer a la fuerza política
Dirigentes que no están en el gobierno y militantes de la estructura partidaria, además de los miles de adherentes, no encuentran el escenario adecuado para hacer sentir sus opiniones o para participar de procesos de elaboración colectiva.
Tres factores son componentes de esta nueva realidad crítica. Por un lado está la ausencia del liderazgo partidario de Tabaré Vázquez, quien marcó el ritmo de los militantes en los últimos diez años. Junto a esto, la otra ausencia: el alejamiento de los principales líderes sectoriales de la fuerza, debido a que fueron integrados al gabinete ministerial. Por último el choque político y sicológico que ha significado poner a prueba el programa de gobierno al confrontarlo con la realidad, donde el programa no siempre salió bien parado.
La crisis de dirección
Es reconocido por los distintos sectores, que la Mesa Política del Frente Amplio no está a la altura de las circunstancias. También se acepta como verdad indiscutida que su funcionamiento no ha sido regular a lo largo de su historia. Seregni tuvo, en algunos momentos, que recurrir a reuniones paralelas de dirigentes sectoriales para resolver situaciones complejas. Tampoco se discute que Tabaré Vázquez fue de los dirigentes que más bregó por la institucionalización de la Mesa Política y del Plenario Nacional, aunque en determinadas momentos prefirió que las definiciones se procesaran a nivel de la Coordinadora del Encuentro Progresista. Pero ya en la campaña electoral la Mesa Política comenzó a perder incidencia, situación que se profundizó después de la victoria electoral, lo que se agravó una vez que se asumió la conducción del gobierno. Solo el Partido Socialista (Roberto Conde) y la Vertiente Artiguista (Enrique Rubio) quedaron con sus principales dirigentes fuera del gabinete, pero tampoco estos pasaron a ocupar su lugar en la Mesa Política.
Se han hecho intentos, para superar esta crisis de dirección. Se regularizó las reunión de los dirigentes cabeza de lista los días jueves y se creó la Agrupación Nacional de Gobierno, una compleja mezcla de dirigentes políticos, parlamentarios y gobernantes, que se parece más a una asamblea (informativa) que a una dirección. Todo indica que estos organismos, más la Mesa Política, sigan operando, pero sin conformar a nadie.
Los hombres y el poder
También han existido ensayos sobre quién debe liderar a la fuerza política. En algún momento la balanza pareció inclinarse hacia Rodolfo Nin Novoa – fue cuando las negociaciones con el Partido Nacional sobre la integración de los Entes Autónomos y organismos de contralor-, y en otro hacia Jorge Brovetto, quien tuvo que priorizar las negociaciones para construir las candidaturas a las intendencias, particularmente la de Montevideo.
Con el correr del tiempo los dos dirigentes están sintiendo que no se puede estar al mismo tiempo en la misa y en la procesión. Hoy por hoy, ni Nin Novoa (Vicepresidente de la República), ni Brovetto (Ministro de Educación y Cultura), están en condiciones de poner todas sus energías en la conducción de la fuerza política. Ambos se debilitaron porque, además, ninguno de ellos es parte sustancial de los centros de poder de la izquierda, en lo que tiene que ver con la personalización del poder.
Nadie duda de que el doctor Tabaré Vázquez, por ser el Presidente de la República y por tener personalidad para ejercer esa función, es el poder central y máximo del conjunto del espacio progresista. Pero a la vez se reconoce, por parte de dirigentes y del más principiante analista político del país, que Danilo Astori y José Mujica también pesan, cada uno a su modo. Como se ve, en la fuerza política hay una compleja estructura del poder personalizado, volcándose todo el centro de decisión en el Poder Ejecutivo.
¿Qué hacer?
El actual ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, José Mujica, ha anunciado todas las veces que lo han querido escuchar, que en setiembre resolverá si va a continuar a o no ocupando esa cartera. Todo indica, por más que los análisis médicos le den bien, que seguramente deje su sillón ministerial a su compañero Ernesto Agazzi.
Si esto llegara a ocurrir, el poder personalizado de la izquierda va a sufrir alteraciones, porque los «tres poderosos» ya no estarán juntos en el aparato del Estado (gobierno), sino que uno de ellos (Mujica) volverá a la arena política donde se encuentra sumamente cómodo y feliz.
Es de prever, entonces, una nueva realidad política interna que puede permitir que el escenario del gobierno y el escenario de la fuerza política sean fácilmente distinguibles, ya sea en el acuerdo o en la discordia.
La idea primaria de Vázquez de tener a todos los dirigentes con peso político en el living de su casa (en el gabinete) se agotaría en el instante del alejamiento de Mujica del gobierno, posibilidad que el Presidente debe haber visto con antelación, dada su capacidad para tener previstas dos jugadas con antelación.
Roberto Conde ha definido el papel que tiene que jugar la fuerza política en la nueva época del gobierno progresista. Ha dicho que su rol debe ser defender el programa y respaldar al gobierno de Tabaré Vázquez. Cuando dice «defender» está teniendo una actitud activa de contralor, muy alejada de la idea de que el gobierno hace lo que quiere. Cuando afirma «respaldar», está diciendo que los integrantes de la fuerza política no deben olvidar que los cambios prometidos se hacen desde el gobierno y no desde otro ámbito.
Una de las tareas fundamentales que deberá tener la nueva dirigencia de la fuerza política será esa doble idea de defensa y respaldo. Para ello necesitará de dirigentes que se apropien de ese talante, pero que además tengan la capacidad de liderazgo y de articular la diversidad, para encontrar la unidad de acción.
A la izquierda le llevó mucho tiempo aceptar que un candidato a la Intendencia podía ser de todos, a pesar de no ser independiente. Luego aprendió que el candidato a Presidencia de la República y el presidente de la fuerza política, podía provenir de un sector. Es verdad que Vázquez fue el actor y protagonista de ese cambio, aunque es justo reconocer que nunca fue ni secretario general, ni presidente del Partido Socialista. ¿Es posible que el FA tenga algún día un presidente, que a la vez sea el líder indiscutido de un sector y además mayoritario?
No es perfecto
José Mujica parece ser el único dirigente, en caso de que deje el Ministerio de Ganadería, que reúne esas características. Si bien en no pocas oportunidades se presentó como un gobernante lanzando iniciativas públicas sin conocimiento previo de sus compañeros de gabinete, también mostró capacidad para retroceder en sus planteos, negociar y acordar. Su actitud de fidelidad a la figura presidencial en la polémica sobre donde analizar el Tratado de Inversiones de Estados Unidos en declaraciones a la prensa llegó a hablar del «Señor Presidente»-, lo mostró como un político «que comprende en su totalidad lo que son las responsabilidades de gobierno y los códigos republicanos», dijo a La República un dirigente de Asamblea Uruguay, que prefirió mantenerse en el anonimato. Es, además, alguien que ha incursionado en el análisis sobre la construcción de una nueva fuerza política, aunque esto lo haya formulado solo desde el escenario del Espacio 609. Es, a la vez, un dirigente que piensa y habla desde la reflexión y no desde la certeza.
No es perfecto. Se calienta seguido, pero no hiere. Tiene capacidad de diálogo con los adversarios y no pocas veces muestra poco paciencia, incluso, con sus propios com
pañeros. Le sobran votos y eso siempre es peligroso. Pero es una de las caras del poder personalizado de una izquierda que aún tiene mucho por recorrer para volverse nueva y renovada, lo que logrará si se dispone a crear espacios para que miles participen del debate y de la construcción partidaria.
Para muchos dirigentes del FA consultados, aunque no lo dicen ante los grabadores, la propuesta de Mujica presidiendo a la fuerza política sería «viable», siempre que los dirigentes sectoriales del más alto nivel posible lo acompañen desde una dirección nacional de la fuerza política que tendrá que defender el programa, respaldar al gobierno y crear una realidad política que sea la base de un proyecto nacional de largo aliento. Hasta ahora los «apoyos» son individuales, porque ningún sector ha planteado nombres para presidir al Frente Amplio Progresista (nombre propuesto por Rafael Michelini, si es que prospera la idea de que el progresismo se exprese en una sola fuerza política). *
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