Mattos Costa entiende que debería ser un "sistema obligatorio"

ARU pide "urgente definición" para implantar trazabilidad en el ganado

Una delegación de la ARU, integrada por su presidente Fernando Mattos Costa y el directivo Leandro Gómez Vázquez, concurrió a la Comisión de Ganadería, Agricultura y Pesca de la Cámara de Diputados, a los efectos de dar a conocer su posición sobre distintos temas relacionados con la entidad gremial.

En primer lugar, Mattos Costa destacó que el estatus sanitario del rodeo nacional es un «patrimonio del Uruguay», aspecto que nos diferencia del resto de los países de la región.

«Hoy tenemos acceso a mercados a los que nuestros propios vecinos no pueden llegar y creo que no debemos conformarnos con lo conquistado, sino tratar de avanzar, reforzando esa situación».

En este sentido, el dirigente gremial señaló la necesidad de que nuestro país tenga una «urgente definición» en torno a la trazabilidad.

La trazabilidad es un término inglés incorporado al idioma español, cuya traducción literal podría ser el equivalente a rastreabilidad. El sistema permite el seguimiento de la vida del animal, mediante la colocación de caravanas electrónicas o visuales, que permiten obtener información en cualquier punto de la cadena de producción, ya sea en el propio animal o en el producto.

Mattos Costa consideró que el mecanismo también permite un mayor control de las campañas sanitarias y ayuda en el combate contra el abigeato y el contrabando. Actualmente se está desarrollando en el país una prueba piloto.

 

«Urgente definición»

El presidente de la entidad dijo a los legisladores que «todos sabemos que en las zonas de frontera, la diferencia de precios provoca el tránsito de ganado, el comercio ilegal. Creemos que la trazabilidad podría ser una poderosa herramienta de control para que esto no ocurriera y para evitar el riesgo en los aspectos relacionados con el estatus sanitario del país».

«Es una herramienta fundamental para respaldar las campañas sanitarias y para hacer más efectivo el funcionamiento de la operativa de control del Ministerio. Pienso que Uruguay necesita tomar urgentemente una definición al respecto, porque los mercados lo exigen. Estados Unidos y Europa ya tienen sistemas obligatorios de trazabilidad», explicó.

«Si a eso sumamos a Canadá, estaríamos hablando de que prácticamente el 90% del mercado al que se destinan nuestras carnes adopta este sistema. Entonces, es una cuestión de tiempo que nos exijan sistemas obligatorios individuales de trazabilidad operando en el país», indicó.

A su entender, «tenemos que diferenciarnos de Argentina y Brasil, que en volumen seguramente nos avasallan, pero nosotros debemos mostrar esa característica diferencial de calidad y sacar ventaja de las muchas experiencias en trazabilidad que tiene un país pequeño como el nuestro».

 

«No escatimar ni un centavo»

Acerca de cuál sería el mejor dispositivo a utilizar, Mattos dijo a los parlamentarios que «en esto no deberíamos escatimar ningún centavo».

Se debería utilizar «el sistema más moderno que exista en el mundo», de modo que constituya «un factor de diferenciación frente a nuestros competidores y un reconocimiento por parte de nuestros compradores, que permanentemente están visitándonos, haciendo auditorías y revisando cómo hacemos las cosas», indicó.

La Asociación Rural del Uruguay entiende que «los sistemas de identificación y de trazabilidad deberían ser obligatorios», sostuvo su presidente.

Consideró imprescindible una discusión entre productores, industriales, transportistas, gobierno y quienes trabajan en el comercio de la hacienda, para lograr consensos. «Esta debería ser una decisión nacional y todos deberíamos estar seguros de las medidas, de los pasos que estamos tomando», enfatizó.

En relación a los costos de instalación y mantenimiento del sistema, el dirigente estimó que, comenzando por la identificación de los terneros nacidos en el año, «en un proceso de seis o siete años tendríamos casi la totalidad del ganado identificado y trazado».

«Esto costaría a la cadena cárnica alrededor de 6 o 7 millones de dólares por año. Si tomamos en cuenta que la cadena cárnica sólo comercializa carne –sea en el exterior o en el mercado interno, sin contabilizar la comercialización interna de la hacienda– por una cifra de más de un millón de dólares, el costo del sistema representaría un seis o siete por mil del total».

«De manera que, en términos relativos, no es una cifra tan importante como para impedir que se adopte la mejor tecnología», explicó.

Mattos dijo que «la industria frigorífica está dispuesta a hacer frente a buena parte del costo de la colocación de los dispositivos». La institución entiende que el productor, que constituye el eslabón más débil de la cadena, debería recibir el dispositivo en forma gratuita. *

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