El coronel (r) Tomás Casella y los capitanes Eduardo Radaelli y Wellington Sarli serían juzgados en Chile

Un tribunal concedió la extradición de tres militares involucrados en el "caso Berríos"

La extradición, solicitada por el juez de alzada chileno Alejandro Madrid, fue concedida por los ministros uruguayos de apelaciones José Bonavotta, Ricardo Harriague y Eduardo Borges, en sentencia que ratificó fundamentos esgrimidos por el juez Mirabal y el fiscal Bajac.

La sentencia dictada el año pasado en primera instancia por el juez Mirabal, a pedido del fiscal Bajac, había sido apelada el viernes 24 de setiembre por el abogado defensor de los tres militares, el doctor Amadeo Otatti, quien rechazó que Berríos hubiera sido secuestrado.

El abogado Otatti dispone a partir de ayer de diez días hábiles para recurrir la sentencia del tribunal de apelaciones ante la Suprema Corte de Justicia, mediante la presentación de un recurso de casación. En su escrito deberá fundamentar que Berríos nunca fue secuestrado.

La instrucción del expediente penal por el secuestro en Chile, y la posterior ejecución en Uruguay, del ex colaborador de la policía secreta del dictador chileno Augusto Pinochet, involucró al coronel (r) Tomás Casella y a los capitanes Eduardo Radaelli y Wellington Sarli.

El juez Mirabal y el fiscal Bajac coincidieron que se trató de un delito continuado que comenzó en Chile, con el secuestro de Berríos, y que culminó en Uruguay, con la ejecución del bioquímico, cuyo cadáver apareció semienterrado en las dunas del balneario canario El Pinar.

En su sentencia del 16 setiembre que concedió la extradición, el juez Mirabal sostuvo que existió una «organización» militar de Argentina, Chile y Uruguay que actuó «coordinada y solidariamente» para eludir la acción de la Justicia que pretendió esclarecer el destino de Berríos.

Según afirmó el magistrado la referida organización militar operó, incluso, «una vez restaurado el sistema democrático en los países integrados» a lo que se llamó el «Plan Cóndor», mediante el cual las siete dictaduras del Cono Sur exterminaron a sus opositores políticos.

El coronel (r) Tomás Ventura Casella Santos y los capitanes, aún en actividad, Eduardo Ernesto Radaelli Cóppola y Wellington Sarli Posse mantuvieron «escondido» a Eugenio Berríos en 1992 en una casa del balneario canario Parque del Plata en 1992, del padre de Radaelli.

En noviembre de 1992, Berríos acudió a unos vecinos y luego a los funcionarios de la seccional policial de la zona para revelar que había sido secuestrado y que lo querían matar. Berríos fue retirado de la comisaría por militares. El comisario destruyó la denuncia realizada.

Casella cobró notoriedad pública en febrero de 1993 cuando ejerció como jefe de la custodia personal de Pinochet, durante «una visita privada» que el ex dictador realizó a Uruguay, momento que recorrió Montevideo y algunos balnearios como Piriápolis y Punta del Este.

A finales de 1993, Berríos volvió a ser visto con vida por vecinos y porteros en un apartamento que ocupaba en el barrio Pocitos. Junto a él estaban personas que, según testigos, tenían aspecto de militares y se expresaban con un «acento chileno». Su cuerpo apareció en 1995. Posteriores autopsias forenses determinaron que Berríos habría sido ejecutado de dos balazos en la nunca disparados a corta distancia que le destruyeron parte del rostro. Los profesionales estimaron entonces que la muerte dataría de finales del año 1993, o comienzos de 1994. *

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