"El retorno de las cárceles al Ministerio de Educación es absolutamente inviable"
–¿Quién es Alvaro Garcé?
–Soy un abogado de 37 años, vocacional de la docencia del derecho, de la defensa de oficio y del trabajo carcelario. Creo que esa es la mejor caracterización porque refleja el trabajo que he hecho en los últimos doce años.
—Usted también ejerció el periodismo ¿es correcto?
–Sí, ese es otro componente vocacional, que por ahora y como dicen los fiscales «sin perjuicio», está relegado por falta de tiempo. Fui cronista de noticias internacionales entre 1992 y 1993, cuando promediaba la carrera de abogacía y guardo el mejor de los recuerdos de esa etapa.
–¿Qué es el comisionado parlamentario y qué funciones desempeña? ¿Se ha aplicado en otros países? ¿Dónde y con qué resultados? ¿Cuáles serán sus primeras medidas?
–El Comisionado es un Defensor del Pueblo con competencia específica en materia carcelaria. Existe el Ombudsman en muchos países, Costa Rica, Colombia, etc. Incluso existió en nuestro país una iniciativa a mediados de la década de los noventa, planteo que en su momento no prosperó pero que ahora se ha concretado parcialmente en el plano penitenciario. Como todo Ombudsman el Comisionado podrá promover investigaciones ante denuncias de violación de derechos fundamentales, hacer recomendaciones y hacer todas las inspecciones que entienda necesarias para el cumplimiento de su tarea. Es un trabajo muy difícil pero realmente apasionante.
—¿El cargo es honorario o percibirá algún tipo de remuneración? ¿Por cuánto tiempo ejercerá ese cargo?
–La ley correspondiente prevé que la remuneración será fijada por la Asamblea General en el acto de la designación y que el desempeño de la función será por cinco años, prorrogables por cinco años más. Yo no estoy todavía designado, porque eso le corresponde al plenario de la Asamblea General, pero la Comisión creada a los efectos de sugerir un candidato lo ha hecho en mi favor, lo que realmente me alegró muchísimo.
—¿Cómo se le ocurrió postularse para un cargo de esta naturaleza?
–Antes de postularme lo pensé muy bien, porque sé hasta qué punto es complicada la tarea que se viene, pero la vocación y las ganas de hacer algo por los reclusos pudo más.
—¿Cómo catalogaría al sistema carcelario uruguayo?
–Como todo sistema carcelario es intrínsecamente malo, porque como sostiene Zaffaroni, el destacado penalista argentino, no existe la cárcel buena; algunas cárceles son menos malas que otras. Además, nuestro sistema penitenciario no atraviesa su mejor hora y se encuentra anclado en una crisis profunda. Cuando hablo de crisis lo hago en el sentido que le asignaba al término el profesor Clemente Estable, quien señalaba que las crisis no son en sí mismas buenas ni malas, porque lo que varía es el resultado al que conducen. Y el destino depende exclusivamente de la actitud y de la decisión con la cual nos movamos en la cruz de los caminos, porque hay crisis terminales y crisis de adolescencia, es decir, crisis de muerte y crisis de afirmación. En la actual encrucijada de nuestro sistema carcelario veo una oportunidad de cambio que no podemos desperdiciar.
—El actual gobierno ha calificado la situación como de emergencia carcelaria. ¿Coincide con ese enfoque? ¿Qué soluciones entiende que deberían aplicarse para mejorar la situación?
–Coincido con ese juicio, aunque no creo que todo lo que se ha hecho hasta ahora es malo y todo lo que se viene será fenómeno. Las soluciones pasan necesariamente por el combate del ocio de los presos, el fomento de las actividades productivas, la mejor atención de la salud, el estímulo a la educación y, como condición previa, la racionalización de la conducción de las cárceles.
—¿Las cárceles deberían permanecer bajo la órbita del Ministerio del Interior o pasar a Educación? ¿El policía está debidamente capacitado para el desempeño de la función? ¿Deberían reformularse los planes de formación policial?
–La racionalización de la cual hablo apunta a esta realidad: hoy todas las cárceles dependen del Ministerio del Interior, pero la concreta conducción está atomizada en, por lo menos, veinte centros de poder, es decir, la Dirección Nacional de Cárceles y las diecinueve Jefaturas de Policía, cada una con su correspondiente cárcel departamental a cargo. Es imposible con ese esquema implementar ninguna política global de educación, salud o de la naturaleza que sea.
La solución pasa por la creación de un órgano desconcentrado, al estilo del INAU, porque el retorno de las cárceles al Ministerio de Educación y Cultura es absolutamente inviable; todos sabemos, además, la particular coyuntura en la que se produjo la salida de las cárceles de la órbita del entonces Ministerio de Instrucción Pública, a comienzos de la década de los setenta.
Respecto al personal de custodia es necesario profundizar su adecuada capacitación, porque la función penitenciaria presenta sin dudas particularidades respecto de la función típicamente policial.
–Algunas ONG han planteado críticas muy duras a nuestro sistema penitenciario. Es una anotación recurrente en los informes de Amnistía Internacional en el capítulo de violación de los derechos humanos. ¿Cuál es la situación del país respecto al mundo?
–Creo que más que compararnos con el resto del mundo, donde existen unas pocas luces y muchas sombras, debemos tomar como referente textos como las Reglas Mínimas de Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos y normas similares. Fijándonos esa línea de flotación, estamos claramente por debajo.
—El actual ministro del Interior se dispone a enviar un proyecto de ley de descongestionamiento carcelario. Si bien el articulado aún no es conocido, han trascendido aspectos tales como el de las salidas anticipadas, las penas alternativas. ¿Qué opinión le merece una iniciativa de tales características?
–Cuando fui a la Comisión Especial encargada de la designación del Comisionado sostuve que, fuera quien fuera el designado, le recaería como primera tarea colaborar en la instrumentación de este tema. Sugerí, en ese sentido, que antes de pensar aspectos cuantitativos o cualitativos, por ejemplo, el conjunto de delitos alcanzados por el beneficio, había que tener en cuenta la forma en que se concretará la excarcelación. Más que en el texto pienso en su implementación y, desde ya, me parece que debemos tener en cuenta la experiencia de la Ley 15.743. En 1985 hubo baja reincidencia porque el seguimiento de los liberados fue el adecuado; tenemos que apuntar en esa dirección.
—¿Qué rol asigna usted al instituto policial en la mejora del sistema carcelario?
–Es uno de sus principales partícipes, y lo será aun en el caso de concretarse la creación de un Instituto Nacional de Rehabilitación, iniciativa del ex diputado doctor Daniel Díaz Maynard que está a consideración del Parlamento. Por lo tanto, la mejora y la capacitación policial son imprescindibles para el avance de todo el conjunto.
–¿Qué opina en general del funcionamiento del Poder Judicial?
–En términos forenses diré que en la opinión me comprenden las generales de la ley, porque desde hace años soy Defensor de Oficio en materia penal. El problema principal tiene que ver con la lentitud en la tramitación de los juicios, lo que es particularmente dramático en el aspecto penal. La demora en el dictado de las sentencias afecta frontalmente el derecho a ser juzgado por un servicio eficiente.
—En su ex
periencia, como defensor de oficio, ¿recuerda alguna anécdota o experiencia –buena, mala– vinculada a su nuevo trabajo?
–Recuerdo muchísimas, porque la experiencia acumulada en estos años de trabajo intensivo me ha dejado testimonios de profundo contenido humano. Los expedientes penales son apasionantes porque comienzan en una carátula muy fría, y a medida que vamos avanzando en la lectura vamos desentrañando la situación humana, generalmente muy desgraciada, que lo ambienta.
Una de las cosas que más me ha impresionado es el tardío arrepentimiento de la gente: la inmensa mayoría de las personas que llegan a los juzgados penales piensan, al igual que nosotros, que nunca iban a estar en esa situación y cuando toman conciencia de lo que hicieron ya es demasiado tarde. Lo más impresionante es la desolación que sobreviene cuando se les anuncia qué va a pasar, especialmente cuando el destino es la cárcel por muchos años.
–Para ser designado debió rendir algo así como un examen frente a una comisión legislativa. Su intervención fue catalogada de brillante por algunos legisladores. ¿Podría resumir en qué consistió la misma?
–Simplemente, con la mayor convicción, fui a plantear qué haría si fuera Comisionado y cómo llevaría a cabo cada una de las propuestas en las distintas áreas. Tuve la inmensa suerte de encontrar eco en mis palabras y ahora cuento los días para el comienzo de la gestión, mientras imagino hasta los mínimos detalles de las primeras medidas. *
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