La Iglesia Católica reprobó los dichos de Paulós sobre tortura
En su crítica, la publicación quincenal de la Iglesia Católica de Montevideo opinó en una columna editorial de la edición del pasado 28 de mayo, que los dichos del militar retirado «nos llenaron de profunda pena, al ver cómo un ser humano puede aprobar esos procedimientos de total inhumanidad». Dijo que estos actos «rechinan no sólo a los creyentes sino a todo ser humano noble, bien nacido que escucha la voz de su conciencia y de su corazón.»
Sobre los responsables de estos actos considera que a éstos les falta el paso del «arrepentimiento y el pedido de perdón.»
Para el Arzobispado, la tortura debe merecer la reprobación de un discípulo de Cristo. En tal sentido, propone encontrar una reconciliación de los uruguayos, que incluye una serie de pasos: el arrepentimiento por el mal causado, el pedido de perdón a Dios y al prójimo, el llamado «propósito de enmienda», y el buscar reparar –en lo posible– el daño que se ha ocasionado.
En otro nota, publicada en la misma edición de «Entre Todos», hace referencia expresa a las afirmaciones de Paulós. Bajo el título: «Â¡La tortura no es parte de la guerra!», el quincenario enfatiza que ningún cristiano puede justificar la tortura a detenidos en cualquier contienda o enfrentamiento (por guerra o ataques terroristas), ni siquiera en aquellas expresiones tendientes a minimizarla, llamándola «apremios físicos.»
Manifiesta que la doctrina social cristiana es clara y terminante: «En la realización de las averiguaciones se debe observar escrupulosamente la regla que prohíbe la práctica de la tortura, aun en los casos de los crímenes más graves.»
Continúa explicando que el «discípulo de Cristo rechaza todo recurso a tales medios, que nada es capaz de justificar y que envilecen la dignidad del hombre, tanto en quien es la víctima como en quien es su verdugo.» El quincenario católico adujo que los instrumentos jurídicos internacionales que velan por los derechos del hombre indican justamente la prohibición de la tortura como un principio que no puede ser derogado en ninguna circunstancia. *
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