Visita al Uruguay Profundo
Al llegar a la Ruta 14, el balastro lucía recién apisonado y seco. Se veía que alguien había estado trabajando para que todo estuviera impecable. Pero además, que el cielo no olvida a su siervo en la tierra (oriental).
Zapicán no era el gélido barrial que esperábamos, sino la alegría después de la tormenta. El pasto estaba intensamente verde (qué diferencia a cuando pasamos por esa zona hace un mes), intensamente limpio y florido. Con un calorcito que anunciaba un mediodía soleado y ya sin viento.
Desde las afueras, había piquetes policiales orientando a los visitantes, que ocasionaban un tráfico inusitado por esa ruta casi vecinal. Banderas, caminantes abrigados y más autos se concentraban hacia el gimnasio del pueblo, frente a la plaza principal.
Ante los portones del predio, una mezcla rara de comité de base y de cuartel: con impecables blandengues, altos oficiales, jefes de Policía, gente con banderas de la 609, gente de traje y corbata, gente de bombacha de campo y mucho periodista. Todos expectantes.
Llegada
Llegó un minibús con un sexto año de derecho de un liceo católico de Minas, acompañado por profesores. Un viaje educativo. Más adentro, escolares de hasta un centenar de kilómetros a la redonda esperaban al Presidente, prontos a aburrirse en cuanto comenzara la oratoria, pero felices de no estar en clase.
Los integrantes de la ONG local que organizó la jornada, presidida por el doctor Miguel Paradera, se distinguían con grandes escarapelas.
La primera en descender del ómnibus oficial fue Nancy Rey, la secretaria del Presidente. El primer ministro, Marina Arismendi, quien, como los demás, fue saludada por los oficiales y autoridades locales presentes. No sin dificultad, porque de inmediato fueron rodeados por periodistas, correligionarios de la zona y personas que querían elevar algún planteo.
Tabaré Vázquez, que pernoctó en un campo vecino, llegó en auto exactamente a la hora anunciada, las 9.50, recibido por un grito de blandengue: «Presenten lanzas». Le llevó casi 10 minutos llegar a la carpa donde se iba a desarrollar el acto, ubicada al otro extremo del predio. Una carpa similar a la que la Intendencia de Montevideo lleva a los barrios con espectáculos.
Costó hacer sentar a la gente para comenzar el acto. Los ministros en una mesa en forma de U, el público en multitud de sillas o parado. Unas 500 o 600 personas. Es decir, más que la población estable.
Entre el público, delante como invitados especiales, intendentes de los departamentos cercanos, diputados, sobre todo de Correntada Wilsonista, pero también del encuentro Progresista y el colorado Washington Abdala.
Las banderas se ubicaron al fondo. Entre ellas, una que anunciaba a «frenteamplistas y petistas de Bagé».
Largada
El Presidente, desde una tarima, leyó su discurso, interrumpido por aplausos predominantemente desde el fondo, pero no solamente desde allí. En el medio, una masa de gente que había ido a escuchar, y que probablemente no hayan votado a ese gobierno.
En hora terminó el discurso y comenzó una lista de oradores locales, que presentaban peticiones al gobierno. La ONG organizadora, habló de los servicios públicos que fueron cerrando a medida que el pueblo se achicaba: juzgado de paz, Ancap, UTE, Antel, BPS… Dijeron ser el único pueblo que no logró conseguir viviendas de Mevir.
El Presidente y los ministros tomaban nota todos a una, aunque a veces con más detalle sobre los temas de la cartera. Los únicos toques de color en la mesa eran el buzo rosa viejo de Azucena Berrutti y el chal artesanal de Rey. Todos tomaron algún poco de agua, menos Astori, que llevó su mate. Detrás de él, también mateaba el ex senador Manuel Núñez.
«Una pronta recuperación al señor ministro» de Agronomía pidió el representante de la Asociación rural local, que habló de temas cambiarios y sanitarios, de deudas y garrapatas. «De que hay que viajar 200 kilómetros para conseguir una guía para mover ganado.
La representante de «Nico Batlle» (los pueblos adyacentes Nico Pérez y Batlle y Ordóñez), comenzó diciendo que no debería leer su petitorio, porque todo estaba respondido. Pero leyó. El centro de salud cuenta como personal con 14 redistribuidos de AFE. No se agarra Tveo. «Es la primera vez que nos sentimos protagonistas del futuro», dice. Cita a Camus.
El siguiente orador explica que la electrificación rural no llega a todos porque el tendido es caro. Pide alternativas como energía eólica o solar. Explica que los caminos se deterioran con el trasiego forestal y pide reactivación ferroviaria. Otro explicará que el costo del flete es mayor que el costo de la madera misma.
Una liga de pequeños ganaderos explica su exitosa organización para no irse del campo. Varias de las intervenciones comienzan con una larga presentación de la organización. La encargada de relaciones públicas pide una y otra vez que se limiten a las peticiones y, sobre todo, a los 5 minutos.
Pedidos grandes y chicos
En la mesa, al lado de Tabaré Vázquez y el secretario Gonzalo Fernández, José Díaz ocupa la cabecera. Es por protocolo, pero él se siente locatario. Se crió en Batlle y Ordóñez, el poblado más cercano.
Los oradores se suceden. Un veterinario lee un documento de su gremio, que llama la atención sobre el deterioro de la sanidad animal y los costos que puede acarrear para el país. Luego, pide la colegiación obligatoria para que no puedan venir a trabajar profesionales de países vecinos.
Una delegada de José Pedro Varela lee a toda velocidad una serie de listas de reclamos numerados, ministerio por ministerio. Es muy aplaudida. El siguiente dice que de la localidad no falta decir nada. Vázquez interrumpe: «Falta que el ministro de Economía de la plata para pagar todo eso».
Muchos asistentes han abandonado la carpa y conversan al sol por la vuelta.
La fundación Lolita Rubial se autopromociona y pide, vagamente, «apoyo». Un integrante de la sociedad de médicos rurales explica, en pocas frases, que hay «sinergia» entre su trabajo y los planes del gobierno que enfatizan la asistencia primaria. La directora del liceo de Cerro Chato explica que, desde 1945, el Estado nunca gastó un peso ni para construirlo ni para repararlo; todo fue a costa de los vecinos.
Fueron invitados para hablar ecologistas –piden medir la calidad del aire de Minas– el plenario intersindical, una cooperativa de semillas. Más o menos todo lo que se mueve por los alrededores.
Diputados de la Corriente Wilsonista entregan un documento con sus petitorios para la zona. No lo leen en voz alta. Finalmente, cuatro adolescentes del Liceo Fabini dicen cosas muy sensatas.
Resumen
Cuando se iba a dar paso a una entrega de presentes final, Vázquez pidió para hacer un resumen.
Fueron 21 intervenciones durante tres horas. «Al escuchar podemos darnos cuenta de cuál es la situación, cuáles son los sueños y esperanzas de la gente», explica. Alaba el ejercicio de escuchar, de «mirarnos a la cara».
«Acá no se pidieron imposibles», opina. Fueron planteos compartibles, realizables aunque seguramente no se puedan realizar todos. Anuncia que el siguiente Consejo de Ministros en el Interior será en junio en Bella Unión.
Las ruedas
Vázquez se retira, pero los ministros quedan a disposición. Comienzan a moverse, pero son rodeados y, donde quedaron, deben atender a una sucesión interminable de gente con planteos suscritos por muchas firmas, de periodistas, correligionarios locales, periodistas locales que buscan valioso material para varios días, de periodistas de Montevideo, que quieren aclarar algún detalle, de
niños que piden firmas. Así pasan casi dos horas.
En un predio vecino, una feria de comidas se va poblando. Volvemos por Ruta 7, hasta llegar a ella hay 7 pasos a nivel y la Policía ha destacado a un agente en cada uno para alertar a los visitantes de improbables trenes.
La 7 está bastante bien. Anochece cuando llegamos a Montevideo. A la redacción. A escribir. Esto. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad