Señales de autocrítica en la interna colorada
Nadie duda de que el Partido Colorado vive una de las horas más difíciles de su larga historia. El voto castigo que le propinó el electorado en las pasadas elecciones nacionales exime de mayores comentarios y argumentos.
El trago es más que amargo para una colectividad política habituada a analizar la realidad desde las más altas instancias del poder, y que, en tramos de la historia nacional, confundió los roles del partido, del gobierno y del propio Estado, sintiéndose dueño de todo.
Parece no ser temerario afirmar que el diagnóstico se agravó en los últimos años como consecuencia de la altanería denotada por la dirigencia partidaria en cada encrucijada crítica que sufrió la nación. Cerró los ojos y se resistió a aceptar la realidad deslizándose aceleradamente hacia un total divorcio no sólo con la ciudadanía en general sino también con las propias bases de su organización (la Convención Nacional no sesionó por más de un decenio).
Hoy el panorama es sombrío, si se mira la escasa representación parlamentaria surgida del 31 de octubre o se atiende a las proyecciones electorales del próximo 8 de mayo. La postración electoral partidaria tiene como único posible atenuante la previsible «buena» votación de Pedro Bordaberry en Montevideo, que viene apareciendo como el mejor candidato capitalino de la familia ideológica que compone los partidos de la actual oposición.
La actitud del «peor ciego», aquel que «no quiere ver», se puso una vez más de manifiesto el sábado 2 cuando los ex jerarcas del equipo económico de la última administración colorada, contadores Isaac Alfie y Ariel Davrieux, realizaron un informe de su gestión que puede resumirse en que todo se había hecho bien y los males que sobrevinieron se debieron casi exclusivamente a circunstancias externas. Pero esta idea no pudo instalarse en la convención y por el contrario recibió fuertes críticas.
Primero fue el comunicador radial Abel Duarte, quien cuestionó el diagnóstico de los renombrados economistas. Señaló que seguramente él vivía en un país diferente al de Alfie y Davrieux pues, a diferencia de ellos, lo que él percibía a través de su numerosa audiencia era malestar, pobreza y necesidades básicas insatisfechas. Luego tomó la palabra el dirigente de la Corriente Batllista Independiente, ex senador Manuel Flores Silva, quien pasó revista a los aspectos esenciales de la política del anterior régimen y se planteó en las antípodas del pensamiento de los ex jerarcas, desarrollando una línea de pensamientos orientada a derrumbar una a una «las verdades indiscutibles», sacralizadas por el pensamiento único neoliberal de la última década y media. Se refirió, entre otros items, al apego a las fórmulas fondomonetaristas fracasadas, a la naturaleza de la crisis financiera, centrando el análisis en la permisividad de los controles bancocentralistas, ironizó acerca de los males venidos de afuera y puso de manifiesto la vergüenza del modelo impuesto de país «blanqueador» de negocios sucios de la región.
No hubo quien asumiera el reto de responder a sus drásticos señalamientos y se decidió por unanimidad de convencionales analizar en una sesión especial la política económica del Partido Colorado.
Muchos de los participantes se fueron con la idea de que el inmovilismo dominante hasta el presente comenzó a ceder terreno. Otros, más desconfiados y pragmáticos, se inclinan por creer que fue una manera elegante de eludir un «incómodo» debate y simplemente se optó por tirar la pelota hacia adelante.
De todos modos, tanto la reactivación del máximo órgano partidario como la inclusión en sus sesiones de los temas centrales de la crisis del país y del propio partido, permiten reconocer unas primeras, si bien aún tibias, señales de un proceso de la interna partidaria de signo autocrítico y de intención renovadora. *
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