El estafador José de Matteis Funes quiso hacerle el cuento del tío a un periodista
«No son los Rohm ni los Peirano. Son estafadores de poca monta, que lucran con el dolor de los familiares y amigos de nuestros queridos muertos y desaparecidos. Lo cual -en algunos aspectos- los convierte en más miserables que los primeros.
En la edición del 21 de enero pasado publiqué una información relacionada con la actitud del presidente Néstor Kirchner, quien ordenó a la Justicia argentina que investigara el secuestro del Dr. Manuel Liberoff, realizado en el mismo operativo en el cual fueron asesinados Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaw.
En la tarde de ese viernes se comunicó conmigo quien dijo llamarse José Marcelo de Matteis Funes. Manifestó estar dispuesto a brindarnos abundante información secreta relacionada con el caso Liberoff.
Conocíamos algunos antecedentes parecidos, pero igualmente aceptamos reunirnos con él en la zona de Barros Blancos, kilómetro 24 de la ruta 8. Como el tal José de Matteis Funes demostró una inusual premura por entregarnos la aludida documentación, intercambiamos señas personales y en la mañana del sábado 22 concurrimos al lugar indicado.
Llegó puntualmente, nos vio y saludó sonriente. De entrada nos agradeció la confianza que habíamos depositado en su persona.
Le preguntamos a qué obedecía su actitud. «A que se haga justicia y se denuncie a altos mandos de las Fuerzas Armadas uruguayas y argentinas, ya que sabes cómo actuaron en las dictaduras», nos respondió.
Elogió a quienes luchan por los derechos humanos y dijo ser un ex marino de los Fusileros Navales del Uruguay (Fusna).
Nos contó que tenía un amigo que -luego del fallecimiento de un familiar que había sido integrante de la OCOA- encontró en el domicilio del mismo, expedientes y documentos relacionados con el secuestro del Dr. Liberoff.
Entre ellos un video y cuatro casetes donde se ve y escucha al médico durante los interrogatorios a que fuera sometido en Buenos Aires.
Nos hizo subir a su camioneta y nos llevó a un comercio, supuestamente a recoger el material. «Quédate aquí, ya vuelvo y no quiero que nos vean juntos», nos alertó. A su regreso observamos que venía sin nada.
Mientras se deshacía en gestos simpáticos, resolvimos seguirle la corriente. De la presentación de su amigo y de llevarnos a conocer sus dos hijos -como lo había prometido el día anterior por teléfono – no hizo mención alguna. Disimulamos y se la dejamos pasar.
Nos pidió 900 pesos para comprar 4 casetes, 3 disquetes un video y fotocopiar 742 páginas. La suma obviamente no cubría los supuestos gastos.
Nos condujo a otro domicilio -siempre con la precaución de que no nos hiciéramos ver- a munirse de nuevos materiales. A la vuelta simuló guardar algo entre sus ropas.
Nos expresó que copiar los materiales -entre los que mencionó expedientes intercambiados entre las FFAA de Uruguay y Argentina sobre el tema Liberoff- le llevaría varias horas. Nos citó para la tarde en 8 de Octubre y Larrañaga.
Nos dejó el número de su celular -el 099.229868- «por cualquier cosa» y creyendo que nos habíamos tragado la píldora.
Tras dos horas de espera nos comunicamos con el hombre, quien nos expresó que lo perdonáramos, que el tiempo no le había dado para hacer las copias y que el lunes pasáramos por la empresa DHL -sita en la Ciudad Vieja- a retirar lo prometido.
Fuimos con nuestro fotógrafo Camilo Whul y una empleada nos informó que no había nada a nuestro nombre y que ellos no operaban en Pando ni en zonas cercanas como lo es el kilómetro 24 de la ruta 8.
Nuevamente lo llamamos y nos respondió que había cometido un error al escribir nuestro apellido en la encomienda. Hecho para nada creíble en un apellido de cuatro letras como el de quien escribe.
Lo citamos en el bar de Fernández Crespo y Miguelete que «me viene fenómeno porque estoy en el Obelisco. En 15 minutos te veo allí» nos respondió. Nunca apareció.
Por antecedentes que conocíamos de otras personas, sabíamos que estábamos ante un estafador. Desde el principio nos habíamos planteado el objetivo de conocer el modus operandi del tal José de Matteis Funes. Lo logramos y alertamos a varias personas y colegas.
Nos tomamos unas semanas para hacer pública esta infame forma de actuar y a la vez munirnos de más elementos de los que teníamos.
‘Cuervos de carne desaparecida’
Así califica Juan Gelman al sujeto que se reunió con nosotros. Con él se comunicó vía correo electrónico. De Matteis Funes le hizo saber que contaba con expedientes secretos que revelaban dónde estaban enterrados los restos de su nuera María Claudia García Irureta de Gelman.
Le pidió 200 dólares para gastos y cometió un error garrafal: para cobrarlos le hizo llegar el facsímil de su documento de identidad.
Los expedientes nunca le llegaron vía DHL, al igual que a nosotros. *
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