El editorial de la polémica

La nota editorial que suscitó la polémica con los dos abogados de los hermanos Peirano Basso fue publicado en la edición del sábado 19.

 

«Un gobierno con valores republicanos»

La decisión del Poder Ejecutivo de hacer cesar los privilegios que venían disfrutando los banqueros Peirano Basso da evidencias de un paso más en la configuración de un nuevo estilo de gobierno.

Un estilo que, escuetamente y con palabras claras, define los rumbos a seguir y los fundamentos sobre los que se apoya esa decisión.

Se pone fin así a uno de los mecanismos de escamotear a la población el conocimiento de los problemas que está más desarrollado en Uruguay que en otras regiones como es el de la oscuridad del mensaje, la presentación de las cuestiones de gobierno en un lenguaje que resulta incomprensible para la inmensa mayoría de la población.

Desde el punto de vista de su significación institucional y política, el fin de los privilegios a los poderosos banqueros defraudadores es otro indicio de que se está terminando el ciclo de una-república-para-los-amigos.

Se está inaugurando una-república-de-iguales. Una institucionalidad que cumple con el viejo sueño del siglo XVIII de terminar con los privilegios de las castas, los privilegios heredados por la sangre o por el dinero.

Las voces que se han alzado contra la decisión igualitarista promovida por el Presidente de la República se presentan como portavoces principistas e incansables luchadores por los Derechos Humanos.

Por supuesto que ellos, y los grupos mediáticos que los respaldan, han callado y callan las violaciones a los Derechos Humanos cometidas durante la dictadura. Pero no es sólo eso.

Los fundamentos a los que se apela y por los que incluso se está reclamando la excarcelación de los banqueros aluden al hecho de que aún los magistrados actuantes no han establecido la sentencia correspondiente.

Lo que no se dice es que en esa situación existen en nuestro país miles de hombres y mujeres presos, sin sentencia.

A diferencia de ellos, una buena parte son primarios absolutos y, de entre éstos, una porción considerable son primarios absolutos cuya presunta infracción la realizaron teniendo más de cincuenta años de edad.

Se trata de gente que ha vivido de su trabajo hasta los cincuenta años y a quienes la crisis empujó a decisiones desesperadas.

Esta gente que, a diferencia de los Peirano, no urdió sus delitos cómodamente instalados en residencias lujosas. Llevó adelante acciones que los condujeron a la prisión. Y ahora se hacinan junto a otros 2.900 presos en las instalaciones del complejo carcelario Comcar.

A diferencia de los verborrágicos politiqueros del statu quo, el Presidente Vázquez habló en forma breve y tajante.

Y lo hizo apelando a un concepto claro y conocido: cuando la desigualdad se entroniza en una sociedad, cuando la desigualdad se vuelve casi una forma del sentido común, cuando los más ricos gozan de privilegios irritantes y la autoridad pública no pone fin a ellos, la democracia entra en un proceso de fatal descaecimiento.

Los privilegios de que gozaban los Peirano forman parte de un sistema que hizo posible la existencia en toda la Administración de toda clase de prebendas para los jerarcas y sus correligionarios políticos.

Sistemas de privilegio en una sociedad que veía derrumbarse a sus clases trabajadoras arrojadas de la ciudad a los asentamientos precarios, bajo un gobierno que asistió pasivamente al endeudamiento y ruina de los pequeños productores rurales, de buena parte de la pequeña y mediana industria y del comercio al menudeo.

De ahí la amplia resonancia simbólica del gesto igualitarista de Vázquez.

Como este, muchos otros privilegios irán cesando. Y cada vez más una república-de-iguales se construirá sobre la base de la igualdad de todos los ciudadanos frente a la Ley. *

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