Réplica a una farsa

Muy Estimado

Sr. Federico Fasano

Diario La República.

 

«Disiento absolutamente de tus ideas pero daría la vida para que las

pudieras defender»

Barón de Monstesquieu.

 

Quiero al menos desde mi ciudad de Mendoza, Argentina, replicar su editorial sobre «Un Gobierno con valores republicanos» que hace referencia a la decisión del Presidente Tabaré Vázquez de trasladar a los hermanos PEIRANO al COMCAR desde la Cárcel de Central.

Para no engañar al posible lector, informo que soy copatrocinante de la presentación a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y donde he descripto el proceso penal ilegal y arbitrario que se lleva en la persona de ellos.

Lógicamente el derecho, menos mal, siempre es opinable, lo que uno cree que hace bien otros lo critican y pasa por supuesto al revés. Pero no es esa la cuestión que me mueve a escribirle, sino a decirle que Ud. miente.

Así de duro y frontal me encontrará en esta y en todas las oportunidades que Ud desee controvertir en este aspecto.

Ud. no le dice la verdad a sus lectores, aquellos que compran su diario y confían en su palabra, porque los Peirano no tienen privilegios y eso así ha sido demostrado y constatado por el propio Juez de la causa, Dr. Eguren, en su inspección última para ver las condiciones de detención. Eso es importante que sus lectores lo sepan y está en un documento público que se llama expediente.

Ud. alaba la decisión presidencial de entrometerse en procesos penales en curso y actuar como castigador público de personas sometidas a proceso. Ahora entiendo por qué hay tanto desaparecido en nuestra región, más de cien mil según las organizaciones sociales, es porque contamos con personas que sufren de «justificomanía» es decir de aprobar todo lo que haga el amigo y eso señor es muy caro para nuestra historia. Pero sepa Ud. que los silencios no son gratuitos y la cesión de derechos en favor del abuso de poder cuesta caro a una sociedad.

Sólo le recuerdo que no toda medida popular es justa, también Hitler y Mussolini por citar algunos recibieron la miel de los aplausos de ciudadanos que no querían ver u oír.

Lamento las alusiones personales acerca de dónde estaríamos los que denunciamos este proceso penal injusto llevado contra los Peirano. Tengo 46 años y a los 19 me exilié en Suecia contra la dictadura de Argentina y Chile. Allí recibíamos a Galeano por ejemplo y hacíamos decenas de maniobras para que el mundo supiera qué pasaba en Uruguay y las monstruosas condiciones en que se encontraba detenido el noble Raúl Sendic, alojado en esa infame prisión llamada «Libertad». También recibíamos a Pérez Esquivel por su flamante Premio Nobel de la Paz y bailábamos con el de García Márquez. Claro había un hombre de una estatura enorme como Olof Palme, quien entendía la tragedia latinoamericana. Asistimos en fin, a la farsa de la Guerra de Malvinas, la que algunos locos de izquierda pretendían que se apoyara, mientras otros despedíamos amigos a Nicaragua y El Salvador.

No he sido jamás un héroe, sólo un testigo joven de aquel pequeño recreo de la historia que me permitió ver sociedades dinámicas y con bellas utopías a las que no he renunciado.

Ya en Mendoza colaboré con el exilio chileno para organizarse y trabajé con las personas más allegadas de Orlando Letelier, ex Canciller de Salvador Allende, aquel que muriera asesinado por un bombazo de Pinochet en Washington. La vida me llevó al derecho y de ahí a los derechos humanos. Cada cliente o persona juzgará mi tarea y esa opinión la respetaré aunque no me guste. Respecto de Ud. aprecio que tuvo mucha más suerte que miles de uruguayos pobres y comprometidos, los que seguramente no son sus lectores y ahora escribe editoriales desde opíparas mesas de café con vista al río. La vida, amigo contradictor, siempre se ve distinta desde arriba.

Le sugiero que enfrente un espejo y mírese, verá a un fascista en el mejor de los casos, que cree que la igualdad que propone su amigo es el sacrificio de los ricos cuestionados en beneficio de una nueva sociedad aria de pobres sin ideal. No es Esparta el mensaje, sino como decía el eslogan electoral americano «es la libertad estúpido». *

 

Atte. Carlos Varela Alvarez.

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