El editor y su país imaginario

Sr. Redactor Responsable de La República,

Carlos Fasano Mertens,

Presente.

 

Realidad y ficción suelen confundirse; esto sucede más habitualmente de lo que creemos. Si la confusión se mantiene dentro de valores aceptables, entonces no hay problema. El tema es cuando esos valores se traspasan, pues en ese preciso instante la ficción se devora a la realidad por completo.

Y al producirse esta sesión de antropofagia, se crean mundos imaginarios.

La nota del Editor de La República del día 18/3 pertenece a ese mundo imaginario en el que la ficción se ha devorado por completo a la realidad. Y ha escrito una nota para un país imaginario.

En primer lugar su extraña concepción de igualitarismo. En el país imaginario del Sr. Editor, el hecho de que el Sr. Presidente de la República disponga un traslado empeorando la situación carcelaria de tres reclusos es un gesto igualitario.

No importa si el Sr. Presidente es competente o no; tampoco si el traslado está previsto en el orden jurídico de ese país o no. Lo importante es que lo disponga de una buena vez.

En ese país imaginario el igualitarismo puede alcanzarse incluso sacrificando el orden jurídico.

En segundo lugar, en ese país imaginario se le atribuye a los defensores de esos tres reclusos que «ellos, y los grupos mediáticos que los respaldan, han callado y callan las violaciones de los Derechos Humanos cometidos durante la dictadura».

No sé cuál es ese país, pero sin dudas ese no es el país real llamado República Oriental del Uruguay.

En este país los defensores de los tres reclusos no han sido, ni son, ni serán respaldados por ningún grupo mediático. Lo único que ha sucedido es que el caso que defienden ha despertado el interés de los medios. El registro de llamadas entrantes del celular es la prueba.

Y en este país tampoco es cierto que tales defensores hayan callado o callen las violaciones a los Derechos Humanos cometidas durante la dictadura.

Primero, porque en el año 1985 eran apenas unos adolescentes.

Pero además porque las han combatido. Es así que el suscrito ha promovido diversas acciones tendientes a obtener verdad y justicia respecto de tales violaciones. Verdad y justicia. Esto es: saber lo que ocurrió y juzgar a los responsables.

El que inició todo fue un colega del editor, Horacio Verbitsky. Gracias a él se acercó otro periodista: Andrés Alsina, que desesperadamente le pedía al Estado la información relativa a los pedidos de detención preventiva con fines de extradición de Gavazzo, Cordero, Silveira y Campos Hermida, que el Estado guardaba en un cajón. Hasta que luego de un medieval proceso, así la obtuvo.

Y cuando la obtuvo, este defensor –junto con otros– promovió una acción ante la Suprema Corte de Justicia para que el Poder Ejecutivo entregara ese pedido a la Justicia, para que resuelva. Y la Corporación dijo que no era competente.

Y entonces siguió –con esos otros– ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Y en eso estamos hoy.

Veremos cómo este gobierno responde, en este y en el de los tres reclusos.

En el Uruguay real, este defensor (real) quisiera que lo hiciera aplicando el derecho internacional de los derechos humanos.

En el país imaginario del editor, no sé.

 

Dr. Diego Camaño Viera

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