LA COLUMNA DE SHERLOCK
*
-El tema de las AFAP está arriba de la mesa. Se habla de una cosa, de otra y se vuelve a las AFAP ¿Usted vio?
-Claro, de derogarlas o de defender el ahorro de tantos uruguayos que han confiado en ellas.
-Es que las AFAP están fallando en todo el continente y, además, cuando se divide el ahorro de los futuros jubilados en la expectativa de vida de los uruguayos se comprueba que estas empresas son simplemente una mentira, pues no le sirven a nadie.
-¿Qué está diciendo?
-No sabe, por favor no lo puedo creer. Que el Banco Central estimó que la expectativa de vida es para los uruguayos 110 años, que es la cantidad por la cual las aseguradoras deben dividir lo ahorrado por las personas para fijar la remuneración que deben recibir.
-Pero, ¡eso es una estafa! ¿Todavía existe?
-Nadie desmintió la denuncia que realizó el diputado José Luis Blasina al respecto, y mucho menos habló de que esa disposición del Banco Central fuera derogada.
-¿Entonces? El ahorro, menos las quitas que hacen las AFAP, cuando uno tiene causal jubilatoria, pasan a las aseguradoras que, por supuesto, también cobran sus honorarios. La cifra que resta, si una persona se jubila a los 65 años, se prorratea hasta 110 años.
-La prestación será insignificante.
-Así son las cosas… Pero además hay otras…
-¿Qué?
-El presidente de la Bolsa de Valores, el señor Angel Urraburu, declaró en una publicación que en Uruguay se está dando la paradoja de que hay colas de proyectos multimillonarios para invertir en el país, con utilidades previstas del 11% en el agro y, por otra lado, vía el sistema financiero, los uruguayos siguen sacando su dinero para fuera del país recibiendo 1% de interés.
-¿Y esto qué tiene que ver con las AFAP?
-Es que las AFAP están en las mismas. Es difícil de entender que mientras el gobierno gestiona e impulsa la venida de inversiones extranjeras, a las administradoras de fondos previsionales se les ocurra también llevar sus capitales a otras tierras.
-¿Buscarán seguridad?
-No lo creo. Es una operación sumamente riesgosa. Fíjese que a menudo nos enteramos de las grandes empresas de EEUU que presentan quiebra.
-No lo entiendo.
-Es que muchas AFAP pretenden invertir en la Bolsa de Nueva York.
-Ahhh.
* El Parque Central y las cenizas de los fanáticos
-¿Vio que el Parque Central quedó como un verdadero chiche?
-Sí, con todas las comodidades. Es un estadio que está al mejor nivel, dejando a kilómetros a los demás existentes en el país, inclusive a los hechos para el Mundialito.
-¿Y el Centenario?
-Como su nombre lo dice, es «centenario».
-Así que el Parque Central… ¿Fue un trabajo denodado?
-Y con dificultades, por ejemplo las planteadas por familiares de algunos hinchas fanáticos que a su muerte dejaron su voluntad de que sus cenizas fueran esparcidas allí.
-¿Por ejemplo?
-No le voy a dar nombres por la memoria de estos fanáticos bolsos. Pero sobre el césped de esa cancha se esparcieron las cenizas de un político de primera línea, que falleció en un enfrentamiento famoso y de un golero tricolor.
-¿Y?
-Cuando los familiares de estas personas se enteraron de que la cancha iba a ser levantada, reclamaron por las cenizas de sus antepasados.
-¿Cuál fue el resultado?
-Que antes de remover la cancha, se sacaron algunas partes del césped, que fue preservado en un rincón especial del Parque Central. Por supuesto de las zonas de la cancha donde se habían esparcido las cenizas.
-¿Y?
-Que de esa manera se solucionó una situación que podría haber terminado en un conflicto de proporciones.
-Es buena la anécdota.
-Por eso se la hice.
* La marina de guerra y la pasta base
-La cosa viene en serio-, comentaba el capitán de navío, a un subalterno. El oficial preguntó a su superior a qué se refería y éste le respondió «a la pasta base».
Sherlock, distante a un par de metros del portón principal del puerto de Montevideo, escuchó la conversación de los oficiales y se acercó, saludando al de mayor grado. –Disculpe, no pude evitar escucharlo.
-Bueno, sabrá usted mantener reserva, ¿o no?.
Sherlock sonrió enigmáticamente y no respondió a la pregunta.
El capitán de navío vio la avidez en los ojos del periodista y le lanzó un comentario.
-Sabe lo que pasa, es que nos estamos preparando para darle la gran batalla en el río a la pasta base».
-¿Me puede decir algo más?, inquirió con suavidad Sherlock.
-Bueno, ya estamos en contacto estrecho con el Ministerio del Interior y con la Brigada Antinarcóticos y la Dirección de Investigaciones de la Prefectura Nacional Naval ya puso en funcionamiento su sistema computarizado en todos los puentes internacionales con Argentina. Van a pasarse datos riquísimos y las mulas comenzarán a caer como moscas.
-Muy interesante.
-Sí, ese es un frente al que debemos atacar con todo lo que tenemos, pero el espectro ahora se amplió y la pasta base está ingresando también por la frontera seca con Brasil. Este es un problema adicional que estamos estudiando cómo combatirlo.
El capitán de navío reflexionó unos segundos antes de seguir hablando, hasta que de golpe largó la información.
-Sin embargo, la verdadera batalla la vamos a tener en el río -dijo y se llamó a silencio.
-Por favor, no me deje en ascuas.
-¿Sabe lo que pasa? por el río Paraná y luego por el río Uruguay tenemos los mayores problemas, ya que hemos obtenido información privilegiada que indica la operativa que están utilizando los narcotraficantes de Bolivia y Paraguay.
-¿Y cómo operan? – preguntó Sherlock algo inquieto, temiendo que el oficial le diera la mano y se fuera.
-De acuerdo con los datos que estamos manejando, esta gente (por los narcos) está utilizando barcos cargueros pequeños, algunos de ellos tirando chatas que navegan por el Paraná y luego por el Uruguay hasta determinados puntos. Esas embarcaciones traen cocaína para exportar hacia Europa y pasta base para Uruguay».
-¿Y qué pasa en esos determinados puntos donde los cargueros se detienen?
-Ah, mi amigo, usted acaba de hacer una gran pregunta y no sé si se la debo contestar.
-Por favor, a esta altura del campeonato, no me va a dejar tirado en el piso.
El capitán de navío no pudo contener una estruendosa carcajada y a continuación dijo:
-Gomones, mi amigo, gomones.
-¿Cómo?
-Como lo acaba de oír. Desde la costa uruguaya parten gomones parecidos a los que usa la Marina y desde los cargueros trasiegan la droga que en cuestión de minutos es ingresada a territorio nacional. Luego de ello aparecen varios autos que parten en distintas direcciones.
-Pero, el problema es muy delicado.
– Por eso le dije desde un principio que la gran batalla la vamos a tener en el río y no se asombre si algún día de estos escucha algún cañonazo. La cosa viene muy pesada para esta gente.
-Me deja frío.
-Más fríos van a quedar ellos cuando les caigamos encima, sentenció el marino de guerra antes de despedirse.
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