LA COLUMNA DE SHERLOCK

* La seguridad de Chávez o el infierno de los mozos

Scherlok estaba pasado de café y optó por pedir agua mineral, cuando el agente especial de seguridad advirtió el cambio. El experto en custodias presidenciales se acercó a su mesa y le dijo «me hace acordar a los días que pasé en el Hotel Raddison».

Luego de los saludos de rigor, Sherlock lo invitó a su mesa y le preguntó a qué se refería.

-Me refiero a la actividad desplegada por los agentes de seguridad que custodiaban al presidente venezolano Hugo Chávez, durante el cambio de mando. Verlos actuar parecía cosa de película».

-¡Me interesa! Sobre esos temas sólo tengo como referencia a «El Guardaespaldas» de Kevin Costner, ironizó Sherlock.

-Había que estar con los ojos bien abiertos, pues los hombres se movían con una velocidad de vértigo. Por ejemplo, atrás de Chávez siempre había dos de ellos con sendos maletines.

-¿Tendrían armas?

-Nada de eso, mi amigo, cuando el presidente terminaba de tomar un café, el pocillo, el plato y la cucharita desaparecían como por arte de birlibirloque. En forma cuidadosa pero con rapidez de láser cada utensilio era envuelto en una bolsa de nailon e introducido en compartimentos de los maletines. Lo mismo sucedía en los almuerzos y cenas: platos, tenedores y cuchillos usados por el líder bolivariano tenían el mismo destino.

-¿Cleptómanos, los señores?

-Pero, estimado periodista, enseguida todo era llevado a un laboratorio móvil instalado en una de las suites para descartar la presencia de cualquier tipo de veneno que atentara contra la vida del primer mandatario venezolano.

-A la pucha…

-¿Quiere conocer algún otro detalle?

-No se haga rogar.

-Bueno, era sumamente interesante ver el nerviosismo de los mozos del hotel al servir las comidas. Tenían la orden absoluta de no acercarse a Chávez por los costados y mucho menos por atrás, de lo contrario llave segura. La única manera de hacerlo era de frente y de a uno.

-Repucha…

-Y le voy a dar la frutilla de la torta, para que se vaya bien satisfecho.

-Le agradezco mucho, no por mí, por los lectores de LA REPUBLICA.

-Bueno, la peor parte la pasó un joven botones que sudó la gota gorda cuando uno de los agentes advirtió que en la mesa no quedaba agua para Chávez, quien tenía que seguir hablando. El muchacho entró corriendo a la cocina y no pudo encontrar ninguna botella. Ya era un saco de nervios cuando agarró un vaso y lo llenó con agua de la canilla. La bandeja temblaba cuando empujó la puerta vaivén, pero un avezado mozo que ya traía el agua mineral le interceptó el paso, lo miró con ojos que decían «atrás», y el muchacho se evaporó.

-Debe ser bravo atentar contra la vida de Chávez.

-Ni la CIA.

Un lugar sólo para el ministro de Turismo

-¿Vio que se inauguró un nuevo boliche, «El Milongón»?

-Me enteré y supe que en la inauguración tiraron la casa por la ventana. Intentan que este boliche se convierta en una atracción de primer nivel en la ciudad.

-Pero, ¿se enteró lo que ocurrió el día de la inauguración?

-Qué estuvo muy bien. Hubo una concurrencia de primer nivel y el servicio fue bueno. ¿Ocurrió algo desusado?

-Una cuestión menor pero digna de contarse. En un momento, ya cuando la fiesta estaba en la plenitud, llegó un automóvil que pretendió estacionar en un lugar libre frente al mismo boliche.

-¿Y?

-El cuidador que estaba bien aleccionado le dijo al hombre que allí no se podía estacionar, que debía llevar el vehículo «más adelante». El hombre cumplió con el pedido, respondiendo con una sonrisa. Al rato, luego de estacionar el automóvil quién sabe dónde, el hombre volvió a pie hasta el boliche para participar en la fiesta.

-¿Y?

-El cuidacoches al verlo resolvió informarle que ese lugar estaba reservado para el ministro de Turismo que también había sido invitado por la gente del «Milongón».

– ¿Para el ministro de Turismo?  dijo el invitado…

– Sí, usted sabrá disculpar…

– Por supuesto mi amigo, usted está cumpliendo con su trabajo… Sólo le digo que yo soy el ministro de Turismo.

– Usted perdone   balbuceo el hombre…

Se trataba del doctor Héctor Lescano.

El las misas de once se rogó por reabrir Cofac

-No hay caso, es indiscutible, el tema de la suspensión de Cofac ha calado bien hondo.

-¿Por qué lo dice?

-Usted sabe, son miles y miles de ahorristas, además de los 300 mil socios de la cooperativa a quienes les parece increíble lo que está pasando. Son más de 40 sucursales en todo el país, 700 trabajadores y muchas cosas más Hay lugares en el interior del país donde sólo está el Banco de la República y la sucursal de Cofac.

-Eso es sabido.

– Y la conmoción es de tal magnitud que han ocurrido cosas que son buenas de contar.

– ¿Por ejemplo?

-Qué en algunos lugares del Interior, en las misas de once, se planteó rogar por la reapertura de Cofac.

-¿Y?

-Que los concurrentes al acto religioso se rezaron varias «Ave María» y otros «Padre Nuestro», para que reabra la cooperativa financiera.

-!Qué notable! Es todo un fenómeno.

-Ni lo diga.

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