De la actitud "provocativa" de Fau a la ovación al presidente Tabaré Vázquez
Apretados, hombres, mujeres, niños y ancianos, portando banderas y con los rostros pintados, dieron rienda suelta a su alegría, y aprobaron y desaprobaron la llegada de cada autoridad nacional como internacional.
Pero el gobierno saliente, el de los colorados, dejó el poder dando la nota, demostrando ser un mal perdedor. No pudieron tener una peor despedida. El ex ministro de Defensa, Yamandú Fau, el mismo de los famosos 95 votos, el que supo integrar en su momento el Frente Amplio, junto a Zelmar Michelini, jugó el rol de provocador y desafió a una multitud que lo abucheaba a la salida del Palacio Estévez.
Con los brazos en alto, saludaba insistentemente a las miles de personas que le propinaba un surtido de insultos, como el que recuerda a su madre o simplemente «alcahuete». Lo hizo con premeditación. Se paseó durante un par de minutos frente a las vallas de protección, manifestando su repudio al rechazo masivo que las 20 mil uruguayos exteriorizaban hacia su persona. Pero no sólo Fau debió soportar las expresiones de desaprobación hacia su gestión. Cuando pasadas las 15.00 horas, el ex presidente Jorge Batlle llegó al Palacio Estévez para hacer el traspaso de mando, recibió una fuerte rechifla. También, la población comenzó a silbar y a insultar cuando el presidente saliente hacía su alocución en los segundos previos a cuando Vázquez recibió la banda presidencial.
Eran las 17.15 minutos. Los nuevos presidente y vicepresidente en la puerta del Palacio Estévez despidieron, tal como lo indica el protocolo a Batlle, Luis Hierro y el séquito de ex ministros. Fue en ese momento en que se produjo una cerrada silbatina y cánticos tal como: «Chau, chau, chau, chau, adiós que te vaya bien» o «Llora, Batlle, llora». Para colmo, a la salida, no hubo vehículos suficientes para trasladar a los ex ministros Isaac Alfie, Luis Pérez del Castillo, José Amorín y Yamandú Fau. Quedaron expuestos a la multitud. El ex ministro de Economía decidió retirarse caminando rumbo a la calle Soriano; pero Fau, sin vehículo, se dedicó a pasearse frente a la gente.
Otro de los abucheados fue el embajador de los Estados Unidos, Martin Silverstein y el príncipe Eduardo de Inglaterra. El primero de ellos, además de recibir una fuerte rechifla, recibió de la multitud el cántico: «Cuba sí, yanquis no». Por su parte, el representante de la corona inglesa, fue rechazado por los presentes, seguramente por la afinidad con el pueblo argentino y el reclamo de las islas Malvinas.
Pero el acto de ayer, fue todo emoción. Desde la llegada de las distintas representaciones y autoridades, hasta finalizar con la salida de Vázquez al balcón, ya investido con la banda presidencial.
La relación de los votantes progresista con el gobierno electo llegó a su punto de mayor adhesión y complicidad. La presencia del ministro de Ganadería, José Mujica generó fervorosos cánticos, tanto cuando llegó al Palacio Estévez, como cuando salió al balcón y hasta cuando se fue del mismo. «Olé, Pepe, Pepe», fue coreado por miles de frenteamplistas. Hasta las ministras Azucena Berrutti y Marina Arismendi fueron ovacionadas.
Pero el punto de mayor emoción fue cuando Tabaré Vázquez salió a saludar. Algunos viejos militantes no lo podían creer, y en su rostros se transmitía una fuerte emoción. «El sueño se cumplía; la izquierda llegaba al poder». Las banderas flameaban, las caras de los niños y de los adolescentes estaban pintadas de rojo, azul y blanco. Muchos estaban apostados allí desde las 6.00 de la mañana para obtener una mejor visión, y vieron recompensado su esfuerzo.
Cercano a las 16.00 horas, distintas personalidades que llegaron a presenciar el cambio de mando, destacaron el discurso pronunciado por Tabaré Vázquez en el Palacio Legislativo y auguraban un tiempo de esperanza. Así lo hizo el ex presidente Luis Alberto Lacalle, quien afirmó que «comienzan días de esperanza para el país», Julio María Sanguinetti, que catalogó el discurso del Presidente como «sereno, patriótico y conciliador; una buena contribución a la paz.» Monseñor Nicolás Cotugno dijo vivir la asunción de Vázquez con «mucha esperanza», y agregó que la Iglesia trabajará para ayudar a quienes más lo necesitan».
Los presidentes de Argentina, Néstor Kirchner y de Chile, Raúl Lagos y el canciller de Cuba, Felipe Pérez Roque se salieron del protocolo, y decidieron ir a saludar a la gente, junto a las vallas de seguridad. Todas estas autoridades sintieron el afecto de la gente, al igual que el presidente de Brasil, Inácio «Lula» Da Silva.
Con una hora de retraso en el cronograma previsto, el presidente Vázquez ordenó el inicio al desfile militar que contó con la participación de escuelas y de efectivos de las tres armas: Armada, Fuerza Aérea y Ejército. El estrado quedó chico y muchos de los invitados quedaron parados. Unas 5 mil personas permanecieron en Plaza Independencia a fin de observar un desfile que contó con reiterados aplausos, que si bien no fueron efusivos, sí fueron sentidos. *
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