Escrito por: YELLY BARRIOS

Hace un par de semanas Uberfil Monzón se preparaba para sus vacaciones anuales, pero tras recibir una llamada telefónica todos sus planes debieron ser pospuestos. El 14 de enero de 2005 se le comunicó que habÃa sido asignado como director del INDA para la gestión del Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nueva MayorÃa que comenzará a partir del 1º de marzo. Quizás antes de este pronunciamiento, sólo los más cercanos al “negro Monzón”, como prefiere que lo llamen, se interesaban por su tarea en la comunidad o por sus historias de vida. Pero desde que Tabaré Vázquez confirmó su designación, hasta el propio Monzón sostiene que ahora “se le cambió la vida”.
LA REPUBLICA lo visitó en su casa el viernes al mediodÃa. Allà en compañÃa de sus mascotas, rodeados de una exuberante vegetación y un gran silencio, Uberfil, “el negro” Monzón, nos abrió las puertas de su vida de par en par.
“Ya bien entrado el mes de diciembre de 2004, una vez finalizadas las tareas en el Colegio Jesús MarÃa, comencé la preparación para tomar mis vacaciones. Todos los años me voy a Mendoza en Argentina a disfrutar de las montañas, luego viajo a Chile, voy a Viña del Mar para visitar el océano PacÃfico, tenÃa todo más o menos organizado. Pero una vez iniciado 2005, con el pasaje apalabrado y con las reservas en el hotel y demás, recibà una llamada del próximo subsecretario del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Jorge Bruni, precisamente el 14 de enero, en la que me ofrecÃan trabajar como director del INDA, y mis vacaciones pasaron inmediatamente a segundo plano, bueno, mejor dicho, fueron descartadas. Ahà comienza esta historia, en la que de un dÃa para otro soy famoso.
Cuando el pasado lunes 31 de enero, Tabaré Vázquez lo anuncia públicamente, comienza a desencadenarse toda la prensa. Una vez publicada la primera nota en los diarios, los teléfonos no han parado de sonar”.
Esta no es la primera vez en la que Monzón es convocado a participar en proyectos dentro del Frente Amplio, las instancias comenzaron cuando Vázquez asumió su primer gestión departamental, entre 1990 y 1994. “En ese entonces Tabaré me invita a colaborar con él en la gestión desde un cargo polÃtico en la comuna, pero le dije que no. Eso implicaba dejar la Parroquia, y quiero mucho a la gente con la que trabajo y en ese momento fue el principal motivo de mi respuesta. Sin embargo cuando Tabaré me ofreció trabajar en la zona de Paso de la Arena, Santiago Vázquez y barrios aledaños, sà acepté, y me quedé viviendo trabajando allà con la comunidad, 18 años.
La anterior propuesta que recibà me la hizo el Pepe Mujica para las elecciones municipales de 2000, donde me ofreció ser edil por el MPP, pero la máximas autoridades eclesiásticas nacionales me negaron la autorización. Yo nunca aparezco en las listas, sólo adhiero al sector liderado por él, por eso no figuraba mi nombre públicamente”.
Uberfil Monzón, como tantos hombres y mujeres que lucharon y luchan por la conservación de los más altos valores, de a poco fue diseñando su personalidad, templando su particular perfil de hombre de la Iglesia, de la comunidad y de la polÃtica. Como tantos uruguayos debió padecer la crudeza de la dictadura y la perversidad de la tortura. Hoy siente que tiene una gran tarea por delante, pero no olvida, y todo lo que es hoy, cuenta en cada recuerdo de los momentos vividos. “Pertenezco a una familia que era tremendamente pobre, mi padre era monteador, se adentrada en los montes a cortar la leña, con su mujer y sus hijos, y allà entre ramas de árboles armó su casa donde mi madre parió a sus nueve hijos, de los cuales soy el octavo. En una etapa posterior ellos se mudaron a Nueva Palmira, donde vivà varios años hasta que cumplà los 11, entre la hermosura del oeste de nuestro paÃs, las barrancas, el encuentro de los rÃos de Uruguay y de la Plata, entre tantas bellezas más. Más tarde logré obtener un puesto de trabajo como mandadero de la tienda El PolvorÃn, hasta los 17 años, cuando decidà que deseaba ingresar al Seminario. Me faltaban solamente dos años para terminar la preparación para el sacerdocio, cuando abandoné y me fui a trabajar a Buenos Aires. Más tarde sentà que era mi momento de regresar, lo hice, e ingresé nuevamente en el Seminario para culminar con aquello que habÃa abandonado.
La primera parroquia a la que me designan estaba ubicada en La Teja, y aquà es donde nacen las raÃces de esta historia, por personajes cruciales que comienzan a presentarse en mi vida.
Un dÃa llega a la parroquia una muchacha muy bonita, que se llama MarÃa Auxiliadora Delgado, con un muchachito que recién habÃa conquistado, Tabaré Vázquez. Luego me vinculé a un personaje muy particular, José Milton AramÃs, al que todos conocÃamos como “Pepe Veneno”. El, junto a todos estos muchachos, me proponen para que nos vinculemos al cantegril la Cachimba del Piojo, ubicado en la zona de Carlos MarÃa RamÃrez y Humbolt al norte. La idea de nuestro trabajo era ir y estar solos allà con quienes vivÃan, nada de hacernos los simpáticos, de regalarles cosas. La concepción estaba parada en el pilar de no hacer nada, mientras ellos no lo consideraran necesario. Fue tan buena la experiencia que ellos mismos concibieron la idea de construir una policlÃnica vecinal. Cuando vieron cómo quedaba aquel precioso edificio, afloró a su conciencia la idea de que no era normal vivir como lo hacÃan, e iniciaron las construcciones de sus propias viviendas, no más fueran piezas de dos por dos.
Sin planificación comenzamos a ser mentores en la zona de una modalidad de trabajo especÃfica, visitábamos las casas y dialogábamos mucho con la gente, trabajábamos junto a ellas. Logramos armar proyectos en conjunto con grupos de estudiantes de la Facultad de Arquitectura. Entre los tantos estudiantes que llegaron a unÃrsenos en el trabajo, estaba una chiquilina divina, que los cantegreros les ponÃan las camisetas en el piso para que sus pies no tocaran el suelo. Ella era nada más y nada menos que LucÃa Topolansky, un verdadero pimpollo; si ahora es bonita, imaginate antes.
Años más tarde me trasladé a la Catedral para trabajar como coordinador del Movimiento Estudiantil de Latinoamérica. Allà conocà a un compañero que coordinaba mundialmente el movimiento y pensé que lo que más querÃa era vivir en un barrio y trabajar. Finalizando la década del 60 me presenté ante el obispo y le dije: “Quiero vivir en un barrio y trabajar”. La respuesta inmediata fue: “¿Y de qué van a trabajar?”, y por supuesto le contesté, en lo que sea. QuerÃa vivir de mi sueldo, poder pagar mi casa, y en los tiempos libres dedicarnos a cosas que nos gustara. Y me autorizó. Al tiempo un sacerdote me preguntó si tenÃa asignada alguna parroquia, y me terminé yendo a una ubicada en Paso de la Arena; una vez ahà comenzaron nuevamente los encuentros clave. En 1969 fue que conocà a José Mujica, vivÃa allà en la zona con su madre, en un predio hermoso donde cultivaban cartuchos”.
SucedÃan por ese entonces acontecimientos decisivos que comenzaban a transformar nuestro paÃs. Ocurrió entonces que le ofrecen salir en misión para coordinar el trabajo con los obispos, por lo que debió viajar a Paraguay donde sufrió las experiencias más dramáticas de su vida. “Me voy entonces a Paraguay a entrevistarme con el presidente de ‘Laicos del Celam’ (Conferencia Episcopal Latinoamericana). Ese dÃa, cuando llego, monseñor Rolon, arzobispo de Asunción, que por Constitución es miembro del Estado, habÃa presentado renuncia a su cargo porque Alfredo Stroessner habÃ
a encarcelado a una cantidad de presos polÃticos y los tenÃa en una situación inhumana. Ese sábado 27 de febrero, en Asunción, me acusan de tupamaro, me explican con diplomacia que me secuestran y anuncian que me van a torturar, porque consideran que el motivo de mi viaje era formar una célula tupamara en Paraguay. Los torturadores paraguayos querÃan que les diera información, cosa que bajo ninguna forma consiguieron”, esgrimió.
Después de haber sido sometido a varios dÃas de torturas, en sesiones donde debió soportar que le golpearan las plantas de tal forma que le hacÃan sentir que “se me saldrÃa todo el cuerpo por la cabeza”, de los choques de corriente eléctrica, de los simulacros de fusilamiento, de ser sumergido en el agua, decidieron que era tiempo de que muriera, y optaron por llevarlo a un rÃo. Lo subieron a una camioneta y le informaron que lo iban a matar.
Cuando llegaron al lugar asignado, de nuevo comenzó la tortura para exigirle información. Monzón sintió morir, pero no como lo tenÃa previsto en su corazón. Otra vez se encontró de frente con la experiencia más brutal, el miedo, el poderoso miedo del hombre por el hombre. Cuando intentaron arrojarlo al rÃo, él les pidió que le dieran un disparo, para evitar la asfixia, y entonces lo subieron nuevamente a la camioneta y lo regresaron al cuartel.
Sin perder un especial sentido del humor a la hora de recordar episodios tan trágicos en su vida, el “negro Monzón”, cuenta que le lo desnudaron y continuaron con el hostigamiento. “Empezó de nuevo su fiesta, y me dice un oficial: ‘¡Sáquese la ropa!’. Yo imaginé que me invitaba a sacarme la ropa porque hacÃa calor. Pero no, otra vez empezaban con más de lo mismo”. Dentro de un perverso juego sicológico, escuchaba la locura de los oficiales que discutÃan, y se moderaban a sà mismos, en donde uno ocupaba el rol del malo y el otro del moderador.
Cuando el obispo auxiliar, Andrés Rubio, viajó a Asunción para traer a Monzón de vuelta a nuestro paÃs, el recibimiento que tuvo fue deplorable. En el aeropuerto le arrojaron huevos y tomates, con golpes e insultos, pero “el negro” retornó a suelo nacional, casi simultáneamente con el pronunciamiento del Frente Amplio. “Se habÃa corrido la voz de mi llegada y además de mi hermano habÃa un mundo más de gente, incluida toda la plana de oficiales. Alguien me preguntó: ‘¿Padre, se encuentra bien?’, y rotundamente le contesté: No. Me miró y me dijo: ‘¿Cómo que no?’.
‘Si usted se refiere a si en este momento de recibimiento me están tratando bien, le contesto que sÃ. Pero si me dice si estoy bien le digo que no, porque no nacà para ser torturado, por lo tanto no estoy bien’”, recordó Monzón.
Monzón es un hombre que desde temprana edad trabajó vinculándose a la gente, posee una vasta experiencia de trabajo en barrios, no sólo porque tiene un merendero, sino porque sabe lo que es tratar con INDA. Y sabe además que esta tarea es posible únicamente si se realiza en equipo, el cual ya se encuentra proyectándose de cara a la nueva gestión.
“Nosotros entendemos que los merenderos son una solución a término, porque no se puede institucionalizar la pobreza. La pobreza es un signo de un desorden económico y polÃtico, y hay que combatirla. Si alguien viene y golpea a mi puerta y me pide algo de comer, yo le pregunto, ¿y no trabajás?, ¿no querés trabajar? No puede ser que unos tengan que darle de comer a otros.
Entendemos que además de alimentarlos hay que educarlos, darles herramientas, que se sientan dignos, y eso se logra a través del trabajo. El INDA será, dentro del plan global del Frente Amplio, un gran servicio de promoción a través de situaciones lÃmite como es la pobreza. Alimentarlos para que sean capaces, en un entorno digno.
Estamos todos al frente de un proyecto de construcción de un Uruguay productivo. No pude ser que dentro de este plan tengamos siempre el contrapeso de comunidades que consumen excesivamente y piensan: ¡pobrecitos, démosles de comer, si no se mueren de hambre!
El que haremos será un proyecto revolucionario, en el sentido de que se investigarán las causas que están produciendo estos signos de pobreza. Ya que los pobres son vÃctimas de la avaricia de gente que no piensa sobre qué cabezas pisa para poder subir. Se trata de remodelar espiritualmente, con esto me refiero al núcleo de nuestras convicciones: impulsar un proyecto de vida y de trabajo, pero sin la actitud pasiva de darles alimento a los que viven en la pobreza, esa no es una verdadera solución”, explicó.
El obispo, monseñor Nicolás Cotugno, se encuentra en el exterior del paÃs. Como párroco, Uberfil Monzón necesita solicitar el permiso ante la máxima autoridad eclesiástica en Uruguay. La respuesta de Cotugno aún se desconoce, pero adelantándose un poco a su respuesta, Monzón expresa con firmeza que él comunicará a su mayor un “hecho consumado”, por lo que más allá de un sà o un no, él ocupará el cargo al que ha sido asignado por el gobierno electo.
A partir marzo, Uberfil Monzón no sólo será sacerdote de una parroquia, capellán de un colegio, o trabajador comunitario, además será director de una institución que será uno de los pilares en la implementación del Plan de Emergencia que aplicará el FA-EP-NM. Pasará a ser el primer sacerdote que ocupará un cargo polÃtico, y teniendo en cuenta la orientación laica de nuestro gobierno, y la creencia de que el sacerdocio no se vincula a la actividad polÃtica, la respuesta de Cotugno es incierta. “Estoy transgrediendo ese principio, pero lo hago basándome en un concepto que expresa: los goces y esperanzas del mundo, son los goces y esperanzas de la Iglesia.
Cuando el Frente ganó parece que se corrió una cortina, y surge la esperanza, hay una brisa nueva. Si este fue el goce del pueblo uruguayo, ¿cómo se va a negar mi trabajo en este nuevo tiempo? No tengo una bola de cristal, asà que no puedo saber qué pasará. Entiendo que debo mi fidelidad a esta población”, expresando que su mayor deseo es trabajar para el desarrollo de un Uruguay productivo, cosa que asegura hará. *
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