ENTREVISTA: JAIME TROBO (DIPUTADO REELECTO POR EL HERRERISMO)

"Hubiera preferido que ganara una izquierda transformadora"

 Aún antes de que asuma el gobierno de izquierda hay comentarios suyos sobre el fracaso del proyecto. ¿Despecho por el resultado, o certidumbre con fundamentos?

 Yo creo que el Frente ha logrado el éxito electoral que tiene, basado en dos componentes: una expectativa de cambio que la ciudadanía canalizaba especialmente a través de un voto al Frente; y segundo, la consecuencia de treinta años de una tarea insistente de obstruccionismo y de cinismo, a todo lo que son los planteamientos y reclamos de carácter sindical. Primero, de parte de los sectores sindicales de trabajadores que tienen una notoria vinculación con los partidos de izquierda, y porque el Frente logró ser caja de resonancia de demandas corporativas de sectores que, incluso, históricamente, estuvieron opuestos a la izquierda. Así, el Frente apareció como la única opción de satisfacer todas estas demandas. Hoy, hay que empezar a dar satisfacción desde el ejercicio del gobierno. El Frente no puede cumplir y a partir de ahí empieza la advertencia: miren que esto es muy difícil, miren que esto nos va a llevar mucho tiempo, miren que no vamos a poder dar respuesta a todas las preocupaciones que hay.

 ¿Cómo resolvieron ustedes ésto, aunque evidentemente no lo hicieron, o incluso, como lo harían ahora?

 Cuando el Herrerismo fue gobierno y cuando tuvo que participar en el gobierno, lo que siempre procuró fue una reforma, una transformación del rol del Estado a efectos de que la economía fuera más dinámica por parte de los que tienen capacidad para crear y para hacer crecer la economía, que son los empresarios privados en todos los sectores. Allí, hay una gran potencialidad dormida. Y nosotros creímos, creemos y seguiremos creyendo, que las transformaciones del Estado van en bien del desarrollo de la economía. Yo creo que la izquierda, aprovechó una visión pretérita del batllismo omnipresente, en la economía y en la sociedad, diciéndole a la gente que se puede volver a la década del 50. Y como precisamente, durante 30 años, puso todos los obstáculos posibles para que hubiera transformaciones, no permitió que el Uruguay se transformara. Yo hubiese deseado que triunfara en la elección una izquierda transformadora y no una izquierda conservadora.

 Usted plantea el más crudo neoliberalismo como lo único posible…

 Es que si precisamos un empresariado ejecutivo, audaz, competitivo, que salga a exportar y colocar productos, lo que tenemos que hacer es acostumbrar a los empresarios desde que comienzan, a correr riesgos. Y no a estar resguardados, como algunos pretenden que ocurra, para poder desarrollar sus actividades o sus empresas. Me causa terror escuchar de la coalición futura de gobierno, que una solución para desarrollar la industria del calzado, por ejemplo, es en vez de facilitar la producción mediante la consecución de mercados, la baja de los costos laborales, empresariales, de los servicios estatales, es que la gente se arregle la media suela para que trabajen los pequeños talleres: es una visión absolutamente pretérita, imposible de adaptar al mundo.

 Usted refiere a la visión del senador Mujica en ese sentido.

 Es que si se analiza el costo producción de determinado tipo de producto uruguayo, los zapatos por ejemplo, nosotros tenemos la posibilidad de bajarle el costo a ese industrial para que pueda competir y no cerrar el mercado para que pueda vender. La segunda opción es totalmente contraindicada. Pero la primera, significa afectar las corporaciones de funcionarios que le han rendido tanto al Frente Amplio. Entonces, el Frente durante los últimos diez años ha generado una sublimación de la importancia de determinados actores de la actividad pública en la economía del país, que hoy le generan muchos compromisos. Que el doctor Vázquez diga que va a desarrollar el ferrocarril con inversiones privadas, cuando dio su firma y acompañó un referéndum contra la Ley que habilitaba el libre uso de las vías de trenes para quienes decidieran hacerlo, es una muestra clara de que hay una dicotomía, un doble discurso.

 ¿Qué cree que ocurrirá con esa línea de compromiso de mantener lo estatal, en manos del Estado?

 Yo creo que hay un cierto grado de hipocresía en la izquierda cuando plantea su reforma del Estado: nunca termina planteando el problema de fondo, el de la dinámica de la gestión de la empresa pública. En el Herrerismo, hemos tenido siempre una visión muy avanzada en esos temas, y creemos que la hemos moderado: en principio creímos que el capital privado debía participar activamente inclusive asociado al Estado en la gestión de las empresas, que las empresas tenían que desregularse, que las empresas tenían que entrar en un mercado competitivo. Hemos reconsiderado algunas cosas, pensando que el Estado puede tener capital. Pero el Estado está obligado a ser eficiente y no puede ser monopólico.

Y que las empresas que sean de capital público, pasen a la órbita del derecho privado: que sean empresas estatales, pero en condiciones de competir y actuar como lo hace una empresa moderna.

 Deberían haberlo hecho, cuando estuvieron en el gobierno, si tal era la convicción…

 Es que cuando dijimos que Ancap tenga una asociación con una empresa petrolera importante de nivel internacional, que pueda permitir acceder a insumos con menores costos, acceder a mercados para colocar excedentes del proceso de refinería, hubo una oposición gremial y política que dio por tierra con la Ley de asociación de Ancap. ¿Cómo es posible que hoy, tengamos que admitir, sin pestañear, que desde el gobierno se anuncia que se busca una asociación con una compañía petrolera extranjera…, pero estatal? Como si lo de compañía petrolera estatal, fuera alguna garantía más que lo de compañía petrolera privada.

Entonces, el error que se puede cometer, partiendo de la base de que Ancap se puede asociar con empresas de países, cuyos gobiernos son de la simpatía del gobierno próximo, por razones amistosas, para mí es tan grave como el error de conceder una licitación a una compañía poco responsable o que no se conocen sus intereses. *

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