"Empresas brasileñas van a venir más al Uruguay para ampliar inversiones"
Eduardo Dos Santos cumple por estos días su segundo año al frente de la Embajada de Brasil en Uruguay. Además de confirmar el arribo de Lula a Montevideo el próximo 1º de marzo, este carioca de 52 años, diplomático de carrera, afirma que el entendimiento entre su presidente y Tabaré Vázquez asegura el impulso futuro para ambos países. Si logramos andar juntos.
–Embajador: ¿qué perspectivas abre al relacionamiento entre ambos países la afinidad ideológica de vuestro presidente y el electo en Uruguay?
–Creo que Uruguay puede esperar un compromiso muy fuerte del presidente Lula para estrechar aun más los lazos de cooperación, entendimiento y asistencia con esta República hermana. Las históricas relaciones brasileño-uruguayas han sido también excelentes. Hemos trabajado intensamente con el actual gobierno, con los anteriores y ahora con el próximo, tratando siempre de renovar las perspectivas y buscando ampliarlas. Ahora, que ha sido electo un gobierno de izquierda en Uruguay, un gobierno comprometido con las causas sociales, con la democracia, y sobre todo, con la integración regional, veo como muy cierta la perspectiva de un acercamiento aun mayor entre nuestros países.
–Concretamente, ¿un acercamiento en qué áreas?
–Tenemos mucho que hacer en los planos comercial, económico, de infraestructura; tenemos muchas coincidencias en los organismos internacionales, compartimos una visión del mundo. Queremos un mundo donde haya más multilateralismo, una efectiva cooperación internacional: Brasil-Uruguay, socios del Mercosur, países sudamericanos, tienen una vocación de trabajar juntos. Y lo vamos a hacer.
–Usted es un diplomático de carrera. Históricamente los diplomáticos brasileños han dicho en Uruguay que advertían el advenimiento de mejores lazos. En la realidad, hoy, seguimos con graves dificultades para colocar productos, para ingresarlos.
Los presidentes firman, pero los arroceros brasileños, por ejemplo, bloquean en estos días las rutas, cuando no son los aduaneros, u otras razones…
–Es verdad. Las relaciones de Estado a Estado tienen intereses históricos muy cercanos: las relaciones entre los presidentes juegan un papel muy importante, algo que, estoy seguro, habrá con el próximo presidente, como también la ha habido con el presidente actual. Pero creo que con las afinidades, las coincidencias, el espíritu de solidaridad que existe entre las dos fuerzas políticas que ahora van a gobernar juntas Brasil y Uruguay, se van a dar condiciones muy propicias. Claro que esto no basta; es necesario que toda la estructura supere las burocracias. Los problemas han existido y a mí no me extrañaría que siguieran existiendo. Problemas como los que señala, camioneros en la frontera, trabas acá y allá, son producto de economías muy cercanas que a veces se complementan a veces no; a veces tiene productos que compiten en el mercado internacional, parte de la producción uruguaya es concurrente con la de Brasil… Pero eso, bajo la visión política del presidente Lula, de Itamaratí y creo que va a ser la visión del próximo gobierno uruguayo, no nos debe desalentar para nada. Al contrario, el que produzcamos los mismos productos nos tiene que llevar a colocarlos fuera juntos. Así lo estamos haciendo, como por ejemplo con el foro de empresarios del Mercosur, en Belho Horizonte, donde estamos invitando a empresarios de todos los países para que hagan negocios. Igualmente hicimos una feria de alimentación en Alemania.
–Pero ello es en beneficio brasileño, a nosotros ¿qué nos va en eso?
–Brasil está promoviendo importaciones de Uruguay. Ayudamos a Uruguay a promoverse en la Urusud en Río Grande del Sur. Allí, Uruguay ha sido el primer país que hizo una promoción de productos y servicios en Brasil en el ámbito de este programa de promoción de importaciones. Brasil, debido al tamaño de su mercado, tiene una responsabilidad de ampliar el acceso de los productos de nuestros vecinos a nuestro país y esto va a ayudar a la integración. Y creo que las condiciones económicas hoy van a ayudar y eso no va a ser solamente por el diálogo estrecho entre los presidentes, que va a ayudar, sino porque los datos son ya muy significativos.
–Aun así, en temas medulares para el avance económico, como la conducción de la Organización Mundial del Comercio (OMC), estamos enfrentados, con un candidato uruguayo no aceptado por Brasil, que desea imponer el suyo propio.
–Brasil ha decidido presentar una candidatura en la OMC, porque considera que tiene un rol a cumplir en el sistema multilateral de comercio, en el fortalecimiento de la Organización. Queremos una visión sistémica de la OMC, que sea dirigida por una persona que sea efectivamente un puente de consenso entre los países en desarrollo y los países desarrollados. Nuestro candidato es un excelente embajador de larga experiencia y trayectoria, ha actuado de una manera muy efectiva en las negociaciones de Cancún, ha sido el artífice de la creación del G-20, con un papel fundamental en las negociaciones. Hemos logrado «paquetes» de negociación en materia agrícola gracias a los esfuerzos de nuestro embajador como nunca antes. Por eso, confiamos mucho en este candidato.
–Algo tampoco demasiado fraterno ocurre con la creación del Parlamento Sudamericano, tema en el cual Brasil busca imponer sus ideas, más allá de las contrarias de países como Uruguay.
–El Parlamento del Mercosur está en la constelación de temas del Mercosur. Brasil apoya la idea porque cree que, dentro de un proceso de integración, los parlamentos nacionales tienen un papel fundamental a cumplir como defensores de la democracia, garantes de reglas de convivencia y por representar los intereses soberanos. El gobierno uruguayo tiene sus opiniones, las respetamos perfectamente, como otros sectores políticos las tienen diferentes. Estamos en un proceso de diálogo sobre este asunto, y creo que una primera coincidencia a que llegamos es fortalecer la Comisión parlamentaria conjunta, dándole más poderes y atribuciones. Esto va a ser tema de la cumbre de Ouro Preto, donde creo que el asunto lo vamos a seguir analizando, discutiendo, y que también va a haber mucha convergencia.
–Alguien podría considerar que diferencias tan sustanciales pautan una suerte de «paternalismo» encubierto por parte de Brasil hacia Uruguay.
–Es un calificativo que usted emplea y no lo comparto. Entre Brasil y Uruguay hay relaciones de pleno respeto mutuo, solidaridad, somos pueblos vecinos y hermanos. Brasil tiene por Uruguay el mayor aprecio y admiración, considerándolo un país que tiene una vocación regional e internacional admirable. Siempre hemos apoyado a Uruguay en los organismos internacionales: apoyamos al canciller Opertti para la Secretaría General de Aladi. Apoyamos al contador Enrique Iglesias en el BID, y lo vamos a apoyar si él decide posicionarse para la Secretaría General de la Cumbre Iberoamericana. El propio embajador Pérez del Castillo (ahora postulado por Uruguay a la OMC), ha sido elegido años atrás con nuestro decidido apoyo como secretario general del Cela en Caracas. Nunca hemos dejado de estar del lado de Uruguay.
Economía expectante
–Embajador, Uruguay está expectante en relación a la economía brasileña. El año pasado, su país tuvo crecimiento negativo, ¿qué atisba para este año?
–Los datos de 2003 decían que Brasil tuvo un crecimiento negativo de 0,3%. Esta semana, los datos han sido revisados por el ente estatal respectivo y tuvimos un crecimiento positivo de 0,05%: de manera que fue un crecimiento, pequeño, pero fue. En este año hasta setiembre, ya tenemos un c
recimiento del 5,3%. Después de haber tenido el crecimiento prácticamente estancado es un hecho muy significativo. La economía brasileña está repuntando y abre una nueva perspectiva, no sólo para el país, sino para la región. La tasa de desempleo bajó significativamente, las exportaciones están creciendo fuertemente, y no sólo para esta zona, sino para otros lugares del mundo. Hemos diversificado las exportaciones y tenemos un saldo comercial de 30.000 millones de dólares, con crecimiento industrial en cada trimestre: vamos a tener un 2004 muy positivo y eso se va a reflejar de modo positivo también en países como Uruguay que tanto han sufrido por las crisis regionales.
–Uruguay apostó más de una vez a producir lo que a Brasil le interesó, duró poco, al final siempre se fracasó, ¿cree que hay garantías hoy para apostar a producir con destino a su país?
–Creo que los exportadores uruguayos están reconquistando el espacio abierto en Brasil que, hasta 1998, representaba más del 50% de las exportaciones uruguayas. En 2003, Brasil fue el primer destino de las exportaciones de este país, e incluso tuve el honor de recibir, de manos del presidente de la Cámara de Exportadores uruguaya, este premio concedido a Brasil. En 2004, hasta setiembre, el contador Soloducho me entregó los datos, solamente Estados Unidos supera a Brasil como comprador en Uruguay y eso fundamentalmente por las exportaciones de carne. Así tampoco la diferencia es muy grande y las exportaciones de Uruguay están realmente muy diversificadas.
–Aunque eso sea cierto, el arroz, que sigue siendo la base de las exportaciones, enfrenta problemas permanentemente en la frontera, con bloqueos que se extienden incluso al día de hoy.
–El arroz, como producto agrícola, sufre naturalmente los efectos de los cambios de las variaciones climáticas, bursátiles y demás. Brasil tiene una tradición de importar arroz uruguayo, ya que nosotros casi nunca producimos suficiente para lo que se consume. Normalmente compramos en la región: Uruguay y Argentina. A veces surgen problemas de precio ya que, por razones de políticas macroeconómicas, hacemos esfuerzos para bajar los precios. ¿Cómo se logra eso? Negociando en el Mercosur una rebaja del arancel externo común para poder comprar de mercados más lejanos, sin perjuicio del arroz uruguayo. El año pasado, compramos todo el arroz disponible en Uruguay y en la región, pero ni aun así fue suficiente.
Ahora bien, este año hubo un aumento de la producción en toda la región: Brasil tiene excedentes, los precios internos bajan y los productores «gaúchos» están muy preocupados. Evidentemente hay una preocupación de los arroceros de Brasil, pero ahora, los productores de la región han comenzado a trabajar más unidos, discutiendo los problemas específicos de otro modo. Así, ya se sabe que para la zafra próxima va a faltar arroz en Brasil y vamos a necesitar importar de nuevo, en cantidades quizás mayores, de Uruguay y Argentina. Por eso «el Mercosur del arroz» nos va a permitir conquistar incluso mercados exteriores mayores. El problema es pasajero y explicable en este contexto.
–Considerando que va a haber mayores nichos comerciales para Uruguay ¿cuáles serán?, ¿dónde estarán?, ¿adónde deben apuntar los exportadores uruguayos?
–Un camino muy seguro, innovador y concreto, es fortalecer las cadenas productivas. Uruguay, tiene ventajas comparativas actualmente, en temas como la madera, donde podría participar de la cadena productiva de muebles, por ejemplo. Uruguay tiene competitividad en el sector agropecuario, de biotecnología, de investigaciones agropecuarias. Estamos cooperando en materia de vinos, de frutas… Uruguay ya comenzó a exportar fruta a Brasil.
Dos aspectos que ambos países deben trabajar más es el de las empresas van a venir más y más al mercado uruguayo para ampliar sus inversiones. Ya hay proyectos concretos, con empresas participando en licitaciones internacionales, por ejemplo en temas de conversión e integración energética. Hay firmas que quieren venir a hacer una planta metalúrgica. Ya hay una inversión en una empresa de malta en Paysandú: la cadena productiva de la cerveza se va a multiplicar desde Uruguay. Hay empresas que se están instalando en el sur de Rio Grande, pensando en ahorrar fletes transportando madera uruguaya a través de la Laguna Merín. Tenemos una agenda muy fuerte con Uruguay, la que vamos a procurar intensificar con el nuevo gobierno.
Exportación ultratradicional
–En los últimos cinco años, uno de cada diez uruguayos se fue del país. La emigración forzada se convirtió en nuestra mayor y más dura «exportación». Brasil exige, para que un uruguayo se radique, una inversión mínima de 50.000 dólares; ¿no le parece algo exagerado para un país que se autoproclama «hermano» del Uruguay?
–Creo que no es tan así. Hay muchos uruguayos que viven y trabajan en Brasil. Hay reglas por supuesto a cumplir, y en el caso particular de estas reglas, del monto de dinero mínimo para poder radicarse, han sido flexibilizadas. Insisto: han sido recientemente flexibilizadas. Debemos ver el Mercosur a futuro tanto con libre circulación de mercaderías como también de personas, y aún se lo debe discutir. Hay un esfuerzo, pero esto se dará dentro de un proceso de mediano y largo plazo. Las exigencias para tener la visa permanente son comunes a todos los países, algunos más, otros menos. Cabe recordar que Brasil ha tenido también una gran emigración a Estados Unidos, a Europa. Y allí se sufren grandes discriminaciones. No creo que sea el caso de Brasil, mucho menos aun con los nacionales de países vecinos. Más aun, acabamos de concretar el programa de cooperación fronteriza, con el que habrá un ciudadano binacional, con un documento que ya estamos emitiendo, y tendrán los mismos derechos de hacer su vida y trabajo de un lado u otro de la frontera. Por supuesto, tendrán también otros requerimientos, como el reconocimiento de diplomas y demás. Ciertamente que no hay discriminación para con los uruguayos, por el contrario: ustedes siempre han sido muy bien recibidos en Brasil. *
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