Alerta sobre un Estado que "termine estatizando la política y licuando la estructura político-partidaria"

Vertiente: equilibrio en la interna del EP-FA "fortalece el liderazgo de Tabaré Vázquez"

«La izquierda nacional, ahora al frente de la administración del país, tiene entre sus principales desafíos encarar un proceso de fortalecimiento y simplificación de las estructuras políticas que deberán dar sustento al proceso de cambios que se plantea impulsar desde el gobierno. Ello debe incluir algunos niveles de unificación política y organizativa de las fuerzas progresistas que han conseguido el triunfo electoral. En ese sentido se deberá transitar un proceso en el marco del respeto a las particularidades, sin avasallamientos que vulneren el principio de unidad en la diversidad y pluralismo que han caracterizado a nuestra izquierda, pero que incorpore con amplitud de miras las necesidades de la nueva etapa (…)».

«Sin hegemonismo»

«A nivel sectorial, afortunadamente el resultado electoral en la interna deja una realidad con mayores niveles de equilibrio y estabilidad de las que se esperaba en función del crecimiento imponente de la figura de Mujica desde 2002 con un registro en las encuestas que auguraba una supremacía del MPP en términos que no se concretó. Si bien confirmó su condición de sector mayoritario con una importante representación parlamentaria, esta se dio en un esquema interno de equilibrios que habilita la normal articulación entre sectores políticos en el marco de la unidad sin hegemonismos.

Ello se explica en buena parte por la polarización interna producida desde el exterior, y por decisiones de campaña del propio Encuentro Progresista, que incidieron en el frenteamplismo independiente cuyo vuelco final resulta decisivo en cada elección. El operativo Sanguinetti contra los «dirigentes Tupamaros convertidos en la mayoría del Frente Amplio» apelando al más burdo terrorismo alarmista de derecha, y la designación del ministro de Economía como factor de tranquilidad y garantía de moderación del nuevo gobierno al final de la campaña –apoyada en una fuerte propaganda en los medios de la 2121 apelando a respaldarlo–, generó una dicotomía entre quienes, sobre todo en la coyuntura de la crisis, se identificaron con un «cuestionamiento radical al modelo», incluidas sus formas de discurso político tradicional, y con una postura claramente conservadora y disonante en aspectos centrales de la agenda entre oposición y gobierno.

El empuje electoral de Astori en los últimos 10 días de la elección ubicó a Asamblea Uruguay como el segundo sector, y emparejó el resultado en materia de sublemas y representación parlamentaria.

La votación interna determinó la presencia de dos sublemas mayoritarios prácticamente empatados –con una leve mayoría a favor del conformado por la 609, la 99.000 y la 1303, frente al que integramos con la 77 junto a la 738 y la 2121– con un tercer espacio 90-1001, integrado por los partidos históricos de la izquierda uruguaya, y una magra votación del cuarto espacio de los sectores llamados radicales, francamente minoritarios. Un panorama equilibrado que favorece la capacidad de maniobra y articulación de Tabaré Vázquez y que fortalece su liderazgo.

El panorama parlamentario reproduce el esquema de mayoría emepepista en un cuadro general de equilibrios políticos. En ese sentido, el hecho de que el Partido Comunista lograra finalmente una banca en el Senado, completa la presencia de los principales sectores en el Parlamento y plantea un buen esquema de respaldo interno para el gobierno, que debería ampliarse a nivel del Poder Ejecutivo, generando una amplia base de sustentación que incluya a sectores importantes en la vida interna de las fuerzas progresistas. En este sentido se han pronunciado, por ejemplo, el 26 de Marzo y la Corriente Popular que no consiguieron representación institucional al perder su banca los compañeros Raúl Sendic y Carlos Pita.

El gobierno progresista demandará la inclusión del aporte de todos, y este deberá reflejar la riqueza de las distintas tradiciones y vertientes de la izquierda. Pero ello no supone necesariamente el mantenimiento de los desmesurados niveles de fragmentación sectorial –muchas veces asociado a los problemas de «poder interno» y presencia en las instancias de decisión– que nuestra izquierda si quiere constituirse en una fuerza transformadora de gobierno exitosa, deberá superar (…).

Los 19 sectores que integran el Frente Amplio, más los 7 que conforman el Encuentro Progresista, sumados al Nuevo Espacio en la Nueva Mayoría, conforman un panorama de una enorme insularidad política, con 27 sectores políticos en el espacio progresista de un país de tres millones de habitantes y menos de dos millones y medio de electores.

Así como debemos encarar procesos de simplificación político-organizativa a nivel del Encuentro Progresista Frente Amplio Nueva Mayoría, también deberemos plantearnos como desafío, superar las dificultades políticas, organizativas y financieras de nuestra fragmentación interna. Las principales fuerzas –con organización, cohesión política e identidad consolidadas– debemos asumir como apuesta estratégica de mediano plazo la simplificación orgánica de la interna, caminando hacia un horizonte en el que la izquierda pueda articular su diversidad interna en torno a no más de una media docena de estructuras políticas».

 

«Desafíos y riesgos»

«En el diseño de futuro sería un error reducir el esquema político de la izquierda a la articulación sectorial. Junto a ello deberá encararse una reflexión sobre el rol de la fuerza política y su estructura de base en el nuevo período, que permita adaptar y mantener el «movimiento» como perfil de identidad, fortaleza organizativa y carácter democrático de las fuerzas progresistas, ahora en el gobierno.

La nueva etapa supone desafíos y riesgos para la fuerza política en el gobierno que deben asumirse y procesarse para encarar con éxito el proceso de cambios que se apresta a realizar en el país:

– el riesgo estadocrático, por el desarrollo de un Estado que está en todo y que absorbe todo, desencadenando un proceso en cual se termina estatizando la política y licuando la estructura político-partidaria;

el riesgo partidocrático de transformar a la estructura política en un mero vehículo para el acceso al Estado, dependiente de él, y con una vida interna reducida a la consiguiente lucha por los cargos en la estructura institucional.

En ese sentido, deberemos profundizar en el relacionamiento fuerza política-gobierno-organizaciones sociales sobre la base de las autonomías relativas planteadas en los documentos definidos en 2004 por el Frente Amplio, y atender particularmente dos cuestiones:

evitar la postergación de la sociedad civil, la que, por el contrario, deberá ganar en espacios y protagonismo en el impulso de los cambios; y evitar el debilitamiento de las estructuras políticas, a lo que podría derivar de la falta de adecuación a la dinámica de gobierno; incapacidad de renovación generacional ante la emigración de cuadros hacia las estructuras institucionales de gobierno; pérdida de competencias específicas y de autónoma relativa en relación a la administración de gobierno; carencia de perspectiva y tareas de mediano plazo, o todas ellas combinadas». *

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