La columna de Sherlock
El ministro Amorín Batlle y el corte de cinta a facón
*-¿Se enteró lo que ocurrió el domingo de noche en la inauguración del Primer Encuentro Internacional de Payadores en la Sala Zitarrosa?
-Ese no es mi rubro.
-Le cuento. Los organizadores habían previsto para iniciar el evento, el corte simbólico de una cinta con los colores patrios, que sería realizado por el ministro de Educación y Cultura José Oscar Amorín Batlle,
-¿Y?
-Luego de unas breves palabras protocolares pronunciadas por éste ante el público que colmaba la platea de la céntrica sala de espectáculos ocurrió lo que le voy a relatar.
-¡Hágalo!
-En el escenario, prolijamente formados estaban todos los payadores participantes del encuentro. Había argentinos, brasileños y uruguayos, vestidos con sus mejores «pilchas criollas» cada uno a su estilo, según el pago y la región de procedencia.
-El cuento es largo…
-Cuando llegó el momento preciso de proceder al corte de cinta, la señora Teresita Minetti, la conductora del espectáculo, se encontró con la novedad de que la tijera necesaria e imprescindible para este tipo de ceremonias, quizás por adherirse al espíritu criollo de la jornada, había decidido «matrerear» y desaparecer al mejor estilo de Martín Aquino.
-Me imagino que se armó un gran revuelo.
– Por supuesto pero, como en todas las cosas, apareció quien propuso una solución providencial: uno de los payadores, Elido Cuadro Delgado, de los pagos de Canelones, echó mano a la cintura y en una especie de arrebato pasional, sacó un largo y relumbroso facón de mango de plata y oro. De una sola zancada. agitando el aire con sus amplias bombachas y su poncho criollo, con «la faca» en la mano avanzó hacia el ministro.
-¿Se puso nervioso?
-Lo que en otra instancia podía haber sido el inicio de uno de aquellos antológicos duelos criollos en los patios de las pulperías, por el honor de una dama o el fragor de una divisa, terminó siendo simplemente la gentileza y el ingenio de un paisano que entregó su facón al ministro.
-¿Y?
-Amorín Batlle procedió a cortar la cinta ceremonial.
-Me imagino el estupor del público.
-Claro, uno de los criollos presentes comentó: «Pero qué habilidá había tenido el ministro pa’los recortes…» y la dejó ahí nomás, como debe ser en una fiesta gaucha, «corcoveando».
Los gustos de Gurméndez y los de Gabriel Pais
*-¿Se enteró del papel picado que apareció en el sótano del Ministerio de Transporte y Obras Públicas?
-Sí, claro. Fue el resultado de la «limpieza» realizada por Gurméndez cuando renunció a su cargo para irse a «gestionar» un aeropuerto en México. ¡Esa es la explicación que se dio!
-Demostró una conducta ejemplar. Gurméndez es un hombre prolijo. Eso de no dejar ningún papel de más puede ser calificado como una gentileza más para su sucesor.
-Sí, pero Pais no está conforme con todo lo dejado por Gurméndez.
-Me despierta la curiosidad. ¿Por qué dice tal cosa?
-Mire, cuando asumió Gurméndez, ordenó para su despacho la compra de un sillón tan cómodo como caro.
-¿Caro?
-Se dice que costó 1.900 dólares… A esa compra se sumó también la de una lámpara de lectura, también en el mismo y relativo nivel de precio…
-¿Y?
-El ministro trabajó unos meses, bien cómodo, en ese sillón e iluminado con ese aplique de campanillas.
-Supongo que Guméndez es una especie de «sibarita» de las buenas cosas… Le gusta tener lo mejor para trabajar al más alto nivel.
-Sí, pero con Pais ocurrió algo sorprendente…
-¿Qué?
-Cuando asumió lo primero que hizo fue hacer sacar el sillón comprado por Gurméndez. Al parecer le pareció horrible.
-¿Hizo comprar otro?
-Por el momento no tengo más información. En unos días sabré si Pais está trabajando con la vieja butaca que viene de la época de Lucio Cáceres.
Dinara y su curiosa manera de liquidar los aguinaldos
*-¡No le puedo creer! La Dinara, que preside el capitán Yamandú Flangini, liquidaba mal el aguinaldo de los 80 observadores que trabajan en los barcos pesqueros.
-Como se lo cuento…
-¿Cómo se produjo tal anomalía?
-En lugar de hacer el promedio de los meses trabajados, como se hace desde tiempos inmemoriales, en la Dinara se descontaba mensualmente una cantidad que luego se devolvía a los «observadores» en junio y diciembre.
-¿Cómo? Eso es un real disparate…
-La anomalía era tan grave que la esposa de uno de los observadores removió cielo y tierra para resolver el problema. Incluso se entrevistó con ministros del Tribunal de Cuentas que, obviamente, luego de analizar la situación le dieron toda la razón.
-¿Y?
-El Tribunal de Cuentas incluso le envió una nota al contador delegado en el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, explicando cuál es la norma que se aplica desde siempre para el aguinaldo.
-Claro, el monto liquidado debe considerarse como la retribución del funcionario y en base a la misma calcular el aguinaldo a pagarse en la oportunidad que fije el Poder Ejecutivo.
-Si no entiendo mal lo que usted dice la Dinara le descontaba una cantidad mensual a los observadores que luego les devolvía como aguinaldo.
-Lo interpreta bien.
-Pero, eso es una barbaridad. Un insólito disparate.
-Usted lo ha dicho.
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