ENTREVISTA - RUPERTO LONG (LIDER DEL MOVIMIENTO CON TODOS DEL PARTIDO NACIONAL)

"En ciencia y tecnología no perdimos el tren; estamos colgados de la plataforma del más viejo ómnibus de Montevideo"

 A una década, año más año menos, de la irrupción masiva de tecnologías al alcance popular, los uruguayos parecemos los «picapiedras» en un mundo de «supersónicos», ¿qué nos pasó?

 Antes que nada debemos cuantificar el tema. Cuando hablamos de lo que Uruguay hoy día invierte para avanzar en ciencia y tecnología, estamos hablando de menos del 3 por mil del PBI, una cifra extraordinariamente baja. Para nosotros en el Partido Nacional, incrementarla, llevándola al 9 por mil en un proceso de cinco años, aunque no alcanza una cifra ideal, nos permitiría por lo menos, como a mi me gusta decirlo: estar en la conversación.

 Aunque las medidas de ustedes están ampliamente planteadas en el programa de gobierno, parecen utópicas al dimensionarlas y compararlas con la realidad.

 La mayoría de las medidas planteadas están formuladas como un esfuerzo que tiene que hacer el Estado, con un esfuerzo superior, el del sector privado que, hemos visto a través de nuestra experiencia personal en el LATU, cuando encuentra una contraparte en el Estado, que dice vamos a hacer algo juntos, ahí sí el sector privado uruguayo responde tanto en micro como en grandes empresas. Además desde el sector internacional, Uruguay están en condiciones de beneficiarse mucho más de lo que lo hace, a través de fondos especiales del BID, e incluso otros que existen en Japón y en Estados Unidos, sin retorno, es decir en forma de donaciones. Ese esfuerzo tripartito permitiría elevar la inversión del 3 al 6 por mil del PBI en una primera fase inmediata, con lo que el aporte del Estado uruguayo no pasaría del 2 por mil, lo que es una cifra importante en el asunto, aunque no de peso en el contexto general del gasto público.

 La propuesta nacionalista queda clara, lo que no lo queda es el origen de la pregunta algo más genérica: ¿cuándo, dónde, por qué nos quedamos, en esta revolución tecnológica?

 Ha faltado comprensión del tema sobre todo del lado de la actividad política. El sector político piensa muchas veces, algo que dice mucha gente: este tema es muy complicado, es para los técnicos. A nivel de un ciudadano común y corriente es comprensible; pero a nivel de un político, o de quien juega un rol en el ámbito público, esto es evidentemente inaceptable. Porque en realidad de lo que estamos hablando es de volcar conocimientos a la producción de bienes y servicios, para darles un valor, y con ello dar empleo de buena calidad. En el fondo, estamos hablando de cómo lograr que la gente viva mejor en el país. Pero como eso no se vio, no se ve incluso, el resultado ha sido retrasarnos.

¿Hemos perdido definitivamente el tren?

Tampoco diría que perdimos el tren: eso sí, vamos colgados del pasamanos de la plataforma del más viejo ómnibus montevideano. Pero aún así, no hemos perdido el tren. Es evidente como en el caso del software, que entre la hierba, con mínimas ayudas, un montón de gente ha logrado insertar en el mapa del mundo, algunas creaciones uruguayas, y así, llevan exportados nada menos que unos 90 millones de dólares y dan trabajo genuino a entre 6.000 y 7.000 uruguayos.

 Ello no deja de ser una excepción de algunos ciudadanos; ¿qué deberían hacer los políticos antes que nada, más allá incluso de la vasta propuesta nacionalista que obviamente usted defiende?

 Los instrumentos y la formas de llegar son muy importantes. Creo que Uruguay debe disponer en forma urgente de una batería importante de fondos concursables y que no estén burocratizados. Prioritariamente que lleguen a quien quiera hacer un avance en su campo. Pero deben ser fondos concursables. Porque eso también es un disparador para la capacidad de innovación, o para buscar cosas nuevas. Cuando un fondo se asigna regularmente, todos los años, por presupuesto, no da los mismos frutos que cuando hay que salir a pelearlo todos los años con nuevas ideas. Ahí se puede relanzar el Plan de Desarrollo Tecnológico II, que ha quedado totalmente empantanado. O crear nuevos fondos sectoriales, donde proponemos algunos vinculados a los organismos públicos que destinen, por ejemplo el 2 por mil de su facturación para atender algunos de los temas que les tocan muy directamente: tal es el caso de la energía, las telecomunicaciones, los recursos hídricos, creo que una buena batería de fondos concursables sería una prioridad muy importante.

Otra prioridad vital, es generar incubadoras. Si el avance del software se debió a algunos cerebros uruguayos; si todos los años se gradúan en el país entre 400 a 500 expertos en Informática; ¿no habrá 30, 20, que se destaquen, que acompañen este trabajo creativo. Nosotros en el próximo gobierno nos proponemos instalar una red de incubadoras, con algunas características similares a las que desarrollamos en el LATU, pero ahora distribuidas en todo el país. Generar una red de incubadoras, capaces de convertir una buena idea en un buen negocio en el menor tiempo posible, donde cada una pueda manejar hasta 30 o 40 emprendimientos diferentes.

 ¿Esto no terminará siendo algo como la Dinapyme, donde una oficina estatal alentó a los más pequeños emprendimientos a endeudarse en dólares, con en la mayoría resultados nefastos para los microempresarios?

 Yo diría que es otra línea de trabajo, en tanto allí el tema medular era ver las normativas de diverso tipo que podían, o pueden, ayudar a pequeñas y medianas empresas. En las incubadoras, la innovación sea cual fuere el área, debe ser característica clave del emprendimiento.

Esto restringe en mucho las áreas de acción posibles…

Todo lo que sea innovación aplicado a la producción de bienes y servicios puede tener una financiación. Pero las incubadoras están hasta ahora centradas en áreas como informática, biotecnologías, energías alternativas, productos revolucionarios en alimentación, técnicas de protección medioambiental: nosotros reservamos las incubadoras para temas de punta, aquellos que «a la intemperie» estarían en condiciones muy difíciles de competir, pero que si triunfan pueden ser los que den los resultados más espectaculares.

Cabe recordar que conseguir respaldo financiero por parte de un banco convencional para una línea de creación revolucionaria es sumamente difícil: por tanto debemos apuntar a fondos para inversiones de alto riesgo. En Uruguay, por su propio tamaño, nunca se logró conformar un potencial suficiente; ahora, hay un fondo con el 25% de la Corporación Nacional para el Desarrollo, el BID, otra parte de inversores uruguayos y otra parte de los propios administradores que van también en el riesgo. Estamos hablando de unos 8 millones de dólares, y se pueden crear a ese ritmo anual, nuevos fondos de ese orden, donde el Estado ponga solamente una cuarta parte.

 Interesante en la teoría, pero en el escenario uruguayo, dónde hablar tan sólo de capital de riesgo, estremece a cualquiera…

 Acá, cada vez que hablamos de capitales de riesgo, se cree que hablamos de plata que no vuelve más. En la realidad el fondo se presta y se recupera, no se pierde, y como se entiende que hay un buen negocio, debería tender a crecer en el tiempo. Ya existe un primer fondo de capitales de riesgo, y los primeros uruguayos que han invertido en esto, aunque están sabiendo que toman un riesgo, lo están haciendo porque también hay una gran potencialidad de éxito.

 Usted lo plantea demasiado sencillo para un país «decrépito», en su peor crisis, económica y de confianza, donde la emigración barrió con científicos y técnicos, con esquemas ortodoxos de toda índoles cuando se habla de ciencia nacional..
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 Es algo cierto que tenemos que romper esquemas. Pero también tenemos gente bastante capacitada y bien formada; no hay que exagerar, no es una multitud, pero hay bastantes. Debemos pensar que el desarrollo se basa no solo en las buenas ideas, sino en la capacidad de aplicarlas. Lo que nos pasa a los técnicos y científicos uruguayos es la dificultad que tenemos al aterrizar en el mundo real. También es cierto que a veces, cuesta bastante ponerse en sintonía con el mundo restante, hay incluso telarañas de corte ideológico: ¿cómo vamos a presentar al mundo una idea propia?, ¿y si nos la roban? A veces hay aquello de que si el mundo es hostil me cierro y me quedo dentro de ese mundo. Por eso, yo no hablaría de la falta de capacidades: están. Pero si no las conectamos con el mundo productivo, con el mundo real, las ideas, las capacidades, se van agotando. Cuando Marco Polo llevó los tallarines a Italia, a nadie se le ocurre que los llevó en la valija: las ideas van y vienen en el mundo. Y nadie es totalmente dueño de una idea por más que los parezca: el utilizarla, el aplicarla, es lo que hace enriquecer al individuo en todas sus formas. Y Uruguay tiene además de individuos, organizaciones más que importantes como el Instituto Clemente Estable, el INIA, dependencias ministeriales, instituciones públicas y privadas, con un nivel técnico importante. El cambio que introdujimos en su momento desde el LATU, fue una forma más dinámica de relacionamiento. Porque hay un potencial instalado, apuntamos así a la creación de Unidades de Transferencia de ciencia y tecnología, tipo fuerza de tareas, con grupos de apoyo por zonas geográficas o temáticas, para dar servicios técnicos de primer nivel, demostrando que Uruguay tiene una verdadera masa crítica en el área logística.

 En la teoría suena excelente. Me gustaría saber ¿con qué masa crítica de científicos y técnicos jóvenes podríamos contar para este salto adelante, teniendo en cuenta que la matriculación sigue siendo masiva en el área letras e ínfima, en ciencias?

 Sin ninguna duda tenemos que tener más gente estudiando ciencias. Por eso en el séptimo capítulo de nuestro programa, apuntamos a duplicar la tasa de matriculación terciaria en diez años, dando lugar preferencial a la innovación: creemos que habrá más gente tentada en tanto muchos jóvenes no están siguiendo su vocación, porque piensan que otras cosas serán más rentables, o se desaniman de seguir en áreas técnicas o científicas. Uruguay está desbalanceado y tiene que tener una tasa mucho mayor de gente estudiando ciencias. *

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