RAFAEL MICHELINI (LIDER DEL NUEVO ESPACIO)

Michelini: "Des-sanguinettizar significa superar a la cultura del ‘no se puede’"

–Usted dijo recientemente que había que «des-sanguinettizar» el país. ¿A qué se refiere concretamente?

–Para nosotros, des-sanguinetizar el país significa superar la cultura del no se puede, la idea de que no es posible transformar nada, la costumbre de jugar siempre al empate sin poder nunca gritar un gol. Representa superar la filosofía mediocre y conservadora consagrada en aquella frase de Sanguinetti de que «el buen gobierno se caracteriza mucho más por lo que evita que por lo que hace», que no es otra cosa que la filosofía del hacer la plancha. Significa recuperar el empuje, la confianza y la motivación como sociedad para llevar a cabo, con entusiasmo, las transformaciones necesarias para construir un gran país.

–Sin embargo a la izquierda se la acusa de decir siempre que no, de oponerse a todo …

–Hicimos lo que teníamos que hacer, nos opusimos a lo que era malo para el país y apoyamos lo que creímos positivo. Dijimos no a las privatizaciones y al desmantelamiento del Estado. Nos opusimos a transitar el camino del abismo, a los sucesivos ajustes que se olvidaban del país productivo y que descargaban el peso de la crisis siempre sobre trabajadores y jubilados. La izquierda reclamó y propuso cambios a una política económica equivocada, que se aplicó sistemáticamente por parte de los gobiernos de blancos y colorados. Pero cuando, al final, todo se derrumbó en 2002, se actuó con responsabilidad y con mucha ponderación. Aquí no hubo estallidos ni violencia, fundamentalmente porque la izquierda aguantó el derrumbe y supimos encauzar la protesta. Todo estaba conmocionado y el gobierno estaba fuertemente debilitado, incluso con zancadillas palaciegas, pero la izquierda, entendiendo la situación, actuó con responsabilidad patriótica.

–Pero también le dijo que no a la ley de Ancap.

–Por supuesto que sí, ese es otro claro ejemplo. Hicimos lo que teníamos que hacer. Evitamos que una mala ley se consolidara, evitamos que se entregara la principal empresa pública de los uruguayos y que se creara un monopolio privado que iba a traerle muchos perjuicios al país. Un gobierno desesperado por hacer caja habría hecho de una ley «sin pena ni gloria», un pésimo negocio para el país, con el agravante de dejarnos un monopolio privado para siempre. Des-sanguinettizar el país es volver a soñar, pero no para hacer cualquier cosa. Es cambiar el talante y tomar riesgos. Se da cuenta de que el 31 de octubre se termina una etapa del país, donde Sanguinetti lo tiñó todo, mal que le pese a Lacalle y a Batlle, que a su forma lo combatieron, y aunque nunca lo termine de comprender el doctor Larrañaga. Veinte años es mucho tiempo. Cambiar el talante, des-sanguinettizar, no va ser fácil. Pero la tarea de des-sanguinettizar va a empezar como debe empezar, con una gran votación y una gran fiesta popular el último domingo de octubre. Usted no se imagina el impacto emocional positivo que va a significar la victoria de las fuerzas de cambio para el Uruguay.

–Larrañaga responsabiliza a la izquierda y a Vázquez en particular de una campaña de desprestigio en su contra. ¿Usted qué piensa de eso?

–Es ridículo y además completamente falso. Esa afirmación carece de elemental credibilidad. Lo que me sorprendió es la amplificación nacional que el propio Larrañaga le ha dado a este lamentable asunto. Es un error que no comete un político baquiano, como parecía ser Larrañaga. Hoy ya muchos, en el Partido Nacional, extrañan a Lacalle. No sé qué quiso hacer Larrañaga, no sé si se trata de una rara especulación política o de un fuerte impulso emocional, pero me preocupa, porque sea una cosa o la otra no es propio de alguien que tenga condiciones para gobernar. Esto es un tropezón feo, que se lo procuró él solo, ve fantasmas donde no los hay. En política es fundamental saber perder. Larrañaga no acepta la derrota, que es en definitiva la esencia del propio juego democrático. Pero la preocupación es doble, si se cae Larrañaga, quién va a representar la oposición, con quién se conversa. Si a blancos y colorados les va a llevar un largo tiempo aprender a ser oposición, imagínese usted el tiempo que les va a llevar si las nuevas figuras derrapan continuamente.

–Lo veo muy optimista, seguro de la victoria.

–Lo soy. Compare usted los candidatos. Stirling está fuera de juego, no cuenta. A Larrañaga, que parecía el Contendor con mayúsculas, le falta aplomo y ponderación a la hora de hacer sus estrategias políticas. En el boxeo dirían que está fuera de peso para la pelea. Es comparar los candidatos y Tabaré Vázquez aparece por lejos como el mejor, pero por sobre todo aparece como el hombre con más aplomo para presidir el país. Por otra parte, Larrañaga debería reconocer que Tabaré Vázquez es el mejor candidato. Ni Stirling ni el propio Larrañaga resisten esa comparación.

–Usted ha planteado insistentemente la prioridad presupuestal de maestros y policías para un futuro gobierno. La reivindicación de los maestros no representa una novedad. Ahora bien, la de los policías no ha integrado comúnmente el discurso de la izquierda. ¿Qué cambió?

–Para nosotros el apoyo presupuestal a los maestros tiene que ver con nuestro compromiso con los niños, con la educación y su papel fundamental en la construcción de la igualdad de oportunidades. Eso está claro. ¿Pero sabe usted que los más humildes deben turnarse para salir de sus hogares porque no pueden dejar la casa sola? Si los roban nunca más se levantan. Son los pobres los que más sufren la inseguridad. Usted no tendrá buenos policías si les paga sueldos miserables, los hace trabajar dieciséis horas, entre la comisaría y el dos veintidós de vigilancia, y si no los dignifica. Para solucionar esto, tenemos que asignar recursos para mejorar salarios, pero también para equipamiento, tecnología, capacitación, etc.

–El Nuevo Espacio sitúa el tema de la transparencia como otra de sus prioridades. Usted ha dicho incluso que va a ser muy exigente en este tema en caso de un gobierno de su propia fuerza política. ¿A qué se refiere?

–Si la izquierda va a convalidar el curro y el amiguismo en el Estado estamos fritos. Tenemos una oportunidad histórica: la eliminación del clientelismo, del tráfico de influencias y de cualquier tipo de abusos a nivel del Estado. Después de haber soportado décadas de deterioro, de falta de transparencia, de privilegios y discrecionalidad, la gente tiene derecho a reclamar cristalinidad. Y la izquierda, si es inteligente, ya que no tiene ningún compromiso al respecto, y conecta con ese sentimiento profundo de la gente, tiene todo para ganar. Por principios y por convicción hay que darle con un caño a la corrupción, sea grande o chica, sea hecha por blancos y colorados o por gente progresista. Con nosotros mismos, con la gente de izquierda, vamos a ser más exigentes que con nadie. El Nuevo Espacio no va a tolerar que se barra hacia abajo de la alfombra.

–La lista que usted encabeza concurre a estas elecciones en un sublema con el MPP. Según las encuestas sería el sublema más votado en la interna del EP-FA-NM. ¿Eso no supone una responsabilidad adicional?

–Sí, somos conscientes de nuestra responsabilidad, fundamentalmente con respecto al futuro gobierno. Nuestra relación y coincidencias con los compañeros del MPP son muy anteriores al proceso electoral en curso. Somos conscientes de la disparidad de fuerzas, pero tenemos en muchos temas visiones parecidas. El acuerdo que presentamos no es un entendimiento meramente electoral, es fundamentalmente político, estamos haciendo una experiencia no menor, y presiento que llevará
a entendimientos de más largo aliento, y junto a otras fuerzas de izquierda nadie sabe lo que el destino nos deparará. En definitiva, el sublema es un compromiso…

–¿Qué compromiso?

–El compromiso común de hacer nuestro mejor aporte y respaldo a la gestión del futuro gobierno comandado por Tabaré Vazquez. Tiene que ver con los desafíos del funcionamiento del propio gobierno con respecto a las prioridades asumidas y a la construcción de la mejor relación y apoyo de parte de todas nuestras fuerzas políticas. Nosotros somos claramente partidarios de involucrar a todas las fuerzas de la izquierda tanto en la gestión como en el apoyo activo al nuevo gobierno. Queremos que todos participen y que todos seamos responsables, más allá de los resultados electorales sectoriales y de las tareas específicas que se encomienden. No queremos que exista ningún motivo por el cual haya compañeros que puedan sentirse ajenos o desplazados, ya que el esfuerzo necesitará de todos. Y en eso hay una misma visión con el MPP. *

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