Larrañaga dijo que no aplicará "ni un solo impuesto más" en discurso en B´nai B´rith

El presidenciable nacionalista dedicó el 99% de su discurso a su plan de gobierno y un 0,5% a la problemática de la colectividad; lo demás fue retórica. Lacalle se fue a mitad del almuerzo.

Con una sola referencia a la problemática judía, en un discurso que se extendió bastante más de lo planeado («¿aún me queda tiempo?», preguntó el candidato), Jorge Larrañaga expuso su plan de gobierno, en un almuerzo organizado por la B´Nai B´Rith. Destacadas personalidades de la colectividad judía en Uruguay, fueron anfitrionas de la cúpula del nacionalismo, entre quienes se encontraba Luis Alberto Lacalle.

Entre los apuntes más destacados del discurso de Larrañaga, interrumpido por aplausos en dos oportunidades, consta el reconocimiento «de la alta presión tributaria que el Estado aplica», y el anuncio reiterado que su gobierno «no aplicará ni un solo impuesto más». Especial énfasis para contener esa presión tributaria, se aplicará «en la industria y el agro», dijo logrando asentimiento manifiesto de los presentes. El fruto del discurso abrió paso a la advertencia («atacaremos los 1.000 millones de dólares anuales que hay de evasión fiscal»); a la crítica («quien opine lo contrario desconoce el entramado del país»); y la retórica («en este país se fomenta la cultura del mal pagador»).

Descartó de plano que su gobierno fuera a recargar al empresariado («El Estado no puede ser enemigo del empresario»); y aceptando, aparentemente alguna responsabilidad en el asunto («Desde el Estado, terminamos estimulando el informalismo, entre otras cosas, por burocracia»).

De rayas y corrupción

Larrañaga reafirmó su concepto que «la corrupción se elimina con un fuerte compromiso político. Debe existir un control multipartidario de este tema». Calificó la imposibilidad de «hacer una raya que divide a hombres buenos y hombres malos, acá nosotros los buenos, allá ellos los males». La alusión a la campaña frentista buscando enjuiciar la administración blanqui-colorada, concluyó en que «políticos buenos y malos, hay en todos los partidos: nuestro compromiso contra la corrupción será de arriba a abajo. Haré cumplir a rajatabla la probidad». Anunció que los directores de entes y servicios estatales, bajo su eventual mandato, deberán elevar al Parlamento, antes de iniciar la gestión una acabada idea de planes. Y rendirán cuentas, al final de su administración, personalmente ante el Presidente de la República por la gestión concluida. «No va más la de gestores autónomos que hagan lo que quieran», enfatizó; «los principales obligados, pasarán a ser los de arriba, como fue durante los diez años de mi administración municipal en Paysandú».

Ratificó su intención de «sumar antes que nada, en esto que es un nacionalismo incluyente», y cerró su oratoria en una apretada conceptualización de los anfitriones, con especial énfasis en la posición uruguaya de lucha contra toda forma de indiscriminación y antisemitismo.

Acto seguido se procedió al almuerzo, momento en el cual el doctor Lacalle se retiró; a los postres, Larrañaga contestó preguntas de los asistentes. *

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