"Fue un ministro esencialmente político; pero atrás de él estaba el equipo económico", dijo el asesor presidencial

Atchugarry no fue "el salvador del Uruguay", afirmó Ramela

El tiempo está confirmando que la decisión de Atchugarry de no ser el candidato presidencial del oficialismo generó un fuerte malestar en la dirigencia de la 15, que aún persiste.

Mientras Atchugarry se muestra cada vez más alejado de la actividad política (fue electo integrante del Ejecutivo colorado hace pocas semanas pero pidió licencia para no integrarlo por ahora), desde la propia 15 también se emiten señales de distanciamiento con quien es hoy su primer senador.

Atrás quedaron los elogios que a mediados del año pasado se extendieron a la figura de quien tuvo que comandar los peores momentos de la crisis de 2002. «Es usted o nadie», le dijo el presidente Jorge Batlle cuando le planteó a Atchugarry que asumiera en Economía.

Pero por estos días la situación es completamente diferente. El lunes pasado, durante un acto organizado en el Centro por la diputada Glenda Rondán, el presidente de la Cámara de Diputados y futuro ministro de Educación, José Amorín, aseguró que «el mejor ministro» de esta administración fue Guillermo Stirling en la secretaría de Interior.

A esta visión, se suma lo dicho ayer por el asesor presidencial, Carlos Ramela, para quien el elogio a la gestión de Atchugarry fue desmedido.

«El hizo mucho e hizo un aporte sensacional, estando en un lugar clave en un momento clave, pero es absurdo pensar que el fue el salvador del Uruguay», dijo Ramela en declaraciones a radio Carve.

«Fue un ministro esencialmente político y estuvo ahí para tejer entendimientos en el sistema político, que solo teje entre propios. Pero atrás de él estaba el equipo económico, gente que viajó a los Estados Unidos, porque todo el mundo sabe que hasta allá fueron otros», dijo aludiendo al director de la OPP, Ariel Davrieux, y al actual ministro de Economía Isaac Alfie, quien a esta altura a base de una fuerte confrontación se transformó en el «niño mimado» en la interna quincista.

Ramela recordó además lo que ocurrió en la última convención colorada cuando Atchugarry fue aplaudido de pie por los dirigentes. «Hay muchas verdades que se pueden decir, pero este no es el momento. Cuando se dice que la Convención se puso de pie y lo ovacionó, a mí me parece que es muy fácil para los que se pusieron de pie, que eran el 99 por ciento del Foro Batllista y dos o tres de la 15, aplaudir a alguien del sector contrario que no sería candidato».

Ramela reconoció además que la actual administración «comunicó mal» algunos temas, aunque reconoció que «le tocó épocas muy duras, cuando nos apedrearon el rancho».

El funcionario añadió que la actual campaña electoral «está carente de contenido» y dijo que «quienes vienen primero en las encuestas están jugando al empate, para no perder la ventaja que tienen. Agregó que desde la izquierda «se le miente a la gente», pero reconoció que reúne votos debido a «la mala gestión de los partidos tradicionales».

En ese sentido, el hombre de confianza del presidente Batlle aseguró que «en los partidos tradicionales también se ha equivocado la forma de hacer política, cuando se engañaba y utilizaba a la gente.

Eso era un riesgo potencial que terminaría en esta insensatez en la que vivimos hoy. Hay que preguntarse por qué más del 40 por ciento de los uruguayos acompaña a una fuerza política que le miente, le cambia el discurso, que no tiene una propuesta concreta y que ha votado en contra de todo. No hay que olvidar que en su interior hay integrantes que propician la disolución de las cámaras si no hay mayorías y otros que hablan de estatizar todo y romper los contratos.

Es como un aquelarre imposible de controlar. Los uruguayos apoyan eso porque el sistema político perdió el examen de credibilidad.

En la Lista 15 por lo menos hemos sido coherentes y hemos muerto abrazados a nuestra bandera». *

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