Diputado José Bayardi, ex presidente de la Comisión de Defensa

"Si la confesión de Pereira se hace desde la honestidad intelectual, es legítima"

LA REPUBLICA publicó el pasado jueves una entrevista que realizara la periodista Sonia Breccia en 1410 AM LIBRE al general (r) Oscar Pereira, a raíz de la publicación de su libro «Recuerdos de un soldado oriental».

El ex militar afirmó que si bien no le daba la razón a los tupamaros en lo que hacían, sí les daba «la razón en lo que decían».

Señaló que nunca empuñó el arma para matar ni torturó en busca de información, aunque reconoció que «las torturas, asesinatos y desapariciones de personas durante el proceso cívico militar» constituyeron un «procedimiento bestial», y que estuvo entre los militares que contribuyeron a la «legitimación moral de la tortura».

Por su parte, el diputado Bayardi entiende que es legítima la posición del militar, siempre y cuando se trate de una confesión que se realice «desde la honestidad intelectual.

Por otro lado, el legislador de izquierda consideró que el Partido Colorado, a lo largo de la historia ha realizado un «uso utilitario de las Fuerzas Armadas». Ejemplificó que Julio María Sanguinetti, durante su primera presidencia debió haber buscado, dentro del sistema político, «los respaldos necesarios para obligar al entonces ministro de Defensa Nacional, el extinto teniente general, Hugo Medina, a dar curso a las citaciones que el Poder Judicial estaba realizando de militares, por los delitos cometidos».

 

–¿Qué interpretaciones puede realizar acerca de las afirmaciones que realizó el general (r) Oscar Pereira?

–La entrevista está motivada en un libro que dejó constancia todavía no he leído. Por lo cual, solamente me referiré a la entrevista en la que hay un posicionamiento de cómo vivió el general Pereira un conjunto de acontecimientos que sucedieron durante su vida militar y que tiñeron parte de la historia del Uruguay y del proceso de la dictadura cívico militar.

Pereira asigna, en el curso de estos acontecimientos, un relato de los hechos en los que hubo una legitimación, desde el punto de vista doctrinario, de la utilización de la tortura. Dice que esto se terminó convalidando como práctica en función del objetivo que se tenía planteado. Pero, hoy lo ve como algo negativo y tiene una actitud critica de ese hecho. Luego determina un conjunto de responsabilidades, en distintos períodos de la historia y, sobre todo, luego de la dictadura.

 

–¿Considera que es válido lamentar los acontecimientos, al reconocer que pudieron «haber realizado las cosas mejor», luego de algunos años de transcurridos los hechos y cuando ya se retiró de la institución militar?

–En cualquier campo de la vida importa asumir los errores, si uno entiende que los cometió. Pero, no interesa en el contexto en el cual se asumen.

El filósofo José Ortega y Gasset decía: «Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo». Es decir, se asume un posicionamiento en determinadas circunstancias y si luego se tiene la capacidad de criticarlo, y si esa autocrítica es desde el fondo y con profundidad, no lo considero negativo.

Si se hace desde la honestidad intelectual, y yo no tengo por qué presuponer a priori que eso no está presente, creo que es un mecanismo legítimo en cualquier momento de la vida.

 

–A la salida de la dictadura, en el primer gobierno de Julio María Sanguinetti, existían citaciones a militares, policías, equiparados y asimilados, que estaban depositadas en la «caja fuerte» del entonces ministro de Defensa y ex comandante en jefe del Ejército durante la dictadura, teniente general, Hugo Medina. Pero Pereira sostiene, en su libro, que eso no era un «problema de Medina, sino del presidente de la época». ¿Cuál es su opinión?

–El ex presidente Sanguinetti tuvo la responsabilidad, a través de agitar el «cuco» de una eventual insubordinación militar, de tener presa a la sociedad de esos miedos y eso determinó un escenario político.

Nunca vi a Sanguinetti, en todo ese período histórico, buscar articular las correlaciones de fuerzas necesarias dentro del sistema político para enfrentar un eventual desacato militar ante la posibilidad de haber dado la orden a Medina de no mantener trabadas esa citaciones en una «caja fuerte». Sanguinetti debió haber buscado dentro del sistema político los respaldos necesarios para obligar al comandante en jefe de la época o al ministro de Defensa Nacional dar curso a las citaciones que el Poder Judicial estaba realizando. Sin embargo, prefirió usar esos cucos para tener maniatada a la sociedad, porque a lo largo de la historia ha habido de parte del Partido Colorado un uso muy utilitario de las Fuerzas Armadas.

 

–¿Cree que además eso influyó en la ciudadanía y en lo que fue el resultado final del referéndum de 1989 contra la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, el cual no prosperó?

–Me da la sensación de que sí, porque si uno genera un escenario de inestabilidades institucionales y falta de firmeza del sistema político para enfrentar las eventuales insubordinaciones, eso se traslada a la sociedad como miedo y puede condicionar comportamientos.

La utilización de recursos de la psicología social para mantener maniatadas a sociedades, respecto a la consagración de derechos, ha estado presente en nuestra sociedad y en otras, aún épocas contemporáneas.

 

–El general retirado hace referencia al movimiento tupamaro y dice que no compartió la posición del mismo, aunque advierte que sus dirigentes decían la verdad.

–Hace una valoración crítica de las acciones que se llevaron adelante. Pero convalida, en retrospectiva histórica, que en lo que decían se acercaban a la razón.

Muchas cosas que se dijeron en ese contexto, si no todas, y no sólo por parte del Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros, sino también por parte de la izquierda en general, eran verdad y vale la pena que se tenga presente.

También está haciendo una asunción de un error pasado por el cual entendía que tanto los hechos como lo que decían era incorrecto. Hoy mantiene la esfera de considerar incorrecto lo que hacían, pero legitima o reconoce que lo que se decía era una aproximación a hechos verdaderos.

 

–Pereira también expresó que con su obra no pretende terminar con el odio, porque el mismo «no se termina», pero sí asegura que busca «civilizar enfrentamientos».

–Dice más de una cosa en ese sentido, ya que expresa que pretende civilizar las distintas visiones de la época. Manifiesta una cosa muy importante que es tratar de ambientar los espacios necesarios para que las nuevas generaciones, a las que él cataloga como más inteligentes, puedan construir un Uruguay de futuro. Eso es bien importante y un desafío.

Mal haría el país si el futuro quedara condicionado a análisis que impiden niveles de interpretación históricos correctos o el enfrentamiento sobre hechos del pasado. *

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