Se fue un poeta del periodismo republicano
La familia plural está de duelo. Uno de sus hijos más dilectos se fue para siempre, dejando en todos nosotros una sensación de estupor, desolación, rebeldía e impotencia. Raúl Forlán Lamarque ya no está entre nosotros.
Fue un inesperado golpe del destino, un zarpazo de la artera muerte, cuyas implacables fauces devoraron una vida joven e inteligente y, de algún modo, un fragmento de nuestra propia peripecia existencial compartida.
Raúl fue un periodista excepcional, que se desempeñó con idéntica solvencia en todos los temas que hacen a la fragua cotidiana de esta apasionante profesión.
Hombre culto y versátil, Forlán Lamarque fue además un profesional responsable, que desempeñó altas jerarquía en nuestra querida casa periodística, así como en otros medios. Sin embargo, aun en tiempos en que se radicó en el interior del país, siguió desempeñándose como corresponsal de lujo de nuestro diario, porque su corazón estuvo siempre junto a LA REPUBLICA.
Ese compromiso inherente a nuestra profesión que trasciende a la mera relación laboral para transformarse en una suerte de mandato ético, se transformó en una brújula que orientó siempre su camino de retorno.
Hasta hace apenas unas horas, se le observaba en ajetreado trajín en los momentos de mayor apremio del cierre de edición. Sin embargo, esa premura -habitual en una actividad de tiempos acotados y a menudo hasta asfixiantes- jamás afectó la calidad de su trabajo.
Amaba el periodismo, pero particularmente le rendía una cuasi litúrgica devoción a la cultura, al cine, la literatura, la música y a muchas otras expresiones del arte.
Raúl era un hombre espiritual, un romántico y un sensible por antonomasia, con quien compartimos no sólo el trabajo, sino también la habitual charla amena y afectuosa, en la que solíamos discutir -a menudo apasionadamente pero con respeto- de cine o de libros.
Más allá de gustos o preferencias, siempre compartimos el mismo credo, que es inherente al periodismo cultural: la necesidad de transformar nuestra profesión en un disparador de la sensibilidad, la creatividad, la inteligencia y el indispensable crecimiento intelectual de la sociedad.
De todos modos, el sentimiento más trascendente que siempre inspiró a Raúl en su vida y en su profesión, fue la construcción de la ética como estilo de vida.
Sus notas, de excepcional calidad por su escritura y abordaje profundo y removedor, se transformaron siempre en un aporte de lujo para las páginas de LA REPUBLICA.
Sin embargo, los rasgos más acendrados de su personalidad, que trascienden las contingencias meramente coyunturales, fueron su hombría de bien, su don de gentes y su calidad de compañero a carta cabal, que colaboraba permanentemente con sus pares, siempre con la misma devoción.
Raúl Forlán era un hombre apasionado, pero afectuoso, que vibraba intensamente no sólo con su trabajo sino también con el contacto humano. Fue un gran amigo y a menudo un confidente, que siempre estaba listo a brindar una palabra de aliento y apoyo cuando ésta era necesaria.
En lo sucesivo y quizás por mucho tiempo, un sentimiento de pesar recorrerá cada rincón de la redacción de LA REPUBLICA y de toda esta casa periodística que Raúl amó tan entrañablemente.
Sin embargo, aunque ya no esté físicamente con nosotros, su recuerdo pervivirá por siempre en nuestros corazones republicanos.
Para los compañeros y amigos como Raúl Forlán Lamarque, la muerte es un mero tránsito hacia la inmortalidad.
¡Hasta siempre, Raúl!
Hugo Acevedo
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