Raúl Forlán Lamarque

El impacto del fallecimiento de Raúl Forlán Lamarque nos está acongojando a todos, a sus compañeros de trabajo en LA REPUBLICA, a quienes lo conocían del ámbito cultural, a sus amigos. ¿Qué decir ante un hecho tan absurdo como doloroso? Absurdo porque Raúl era un hombre joven, de tan sólo 45 años, que en cada una de sus acciones dejaba traslucir sus objetivos de vida y sus pasiones, entre los que se encontraban el impulso de la cultura, en todas sus manifestaciones y, por qué no, un gusto irrefrenable por el deporte, en particular el fútbol, actividad a la que lo unían lazos familiares.

Doloroso, porque nos deja en el peor momento, cuando la tarea que había emprendido, a favor de la cultura, muy difícilmente podrá reemplazarse. Y por tratarse de un ser entrañable, lleno de virtudes y de bondad.

Raúl fue un hombre extremadamente culto y un lector meticuloso, conocedor al detalle de las expresiones musicales. Siempre, en cada instante -bien lo sabemos quienes compartíamos con él horas de trabajo en la redacción de LA REPUBLICA– Raúl planteaba nuevas inquietudes, ideas sobre trabajos periodísticos, que siempre llevaba a cabo con maestría. Fue, además, un crítico profundo a tener en cuenta, porque sus opiniones, en ocasiones ácidas y disconformes, siempre estaban destinadas a que una expresión -de cualquier tipo- mejorara su potencialidad para que los receptores del hecho cultural en cuestión pudieran asimilarlo de la mejor manera.

Eso fue Raúl como profesional. Pero una frase final para caracterizarlo como hombre, como compañero. Siempre se ubicó en una posición reflexiva y solidaria.

Su palabra sirvió para buscar el denominador común, tratando de evitar las incomprensiones que llevan a los conflictos. Trataba de traspasar las crisis comprometiéndose con la razón, sin estridencias y en el tono reposado que lo caracterizaba.

Con Raúl se va un hombre importante en el periodismo nacional, un trabajador humilde y responsable, apasionado por el desarrollo de lo cultural.

Un ser entrañable, modesto y lleno de la mejor riqueza que pueden tener los hombres, la que está vinculada a los objetivos más trascendentes, finalistas, los que son necesarios para que las sociedades se desarrollen, consolidando la felicidad de los pueblos.

Se nos fue un hombre bueno, un luchador, un ser entrañable: Raúl Forlán Lamarque. *

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