"Torturas, desapariciones" fueron un "procedimiento bestial" aceptado por las FFAA

General (r) Oscar Pereira admite que los militares cometieron violaciones a los derechos humanos

Aunque el militar se preocupa especialmente por dejar en claro que él nunca empuñó el arma para matar ni torturó en busca de información, pero aclaró que tiene la valentía de reconocer que «las torturas, asesinatos y desapariciones de personas durante el proceso cívico militar» constituyeron un «procedimiento bestial» aceptado de «buen grado» por las Fuerzas Armadas.

«Como tantos otros, consideré que las primeras denuncias por el deshonesto saqueo de viviendas, el ultraje de mujeres indefensas y la perversa desnaturalización materna de recién nacidos, eran patrañas orquestadas para socavar al máximo la imagen de las Fuerzas Armadas, pero los contundentes argumentos que se acumularon en el tiempo, me convencieron de que las injustificables aberraciones fueron cometidas por unos pocos delincuentes y sádicos desenfrenados, al margen de la mayoría que seguramente las condenaban tanto como yo», señaló el militar en el libro de su autoría «Recuerdos de un Soldado Oriental del Uruguay» donde relata su trayectoria en el Ejército.

Pereira confiesa que algunos militares (entre los que se incluye) contribuyeron «fervientemente» a la «legitimación moral» de la tortura con el argumento de derrotar «rápidamente al cruel enemigo» de una guerra que  según dice  los militares «no habían empezado ni querido».

También señala que hubo «una omisión irresponsable de todo el escalón de mando», ya que  como él señala  «nuestro código establece que la supuesta ignorancia de los hechos no es causa para eximir la total responsabilidad del superior».

Pereira confiesa en su libro que estuvo «mil veces preparado» para pedir perdón, pero que no lo hizo porque en las filas militares «predominaban los altaneros opinando que ni las instituciones ni los soldados deben pedir perdón».

«Yo no había sido el asesino que empuñó el arma, ni el torturador buscando información y castigo del enemigo inerme pero como me consideraba absolutamente responsable de haberlos justificado, estaba espiritualmente preparado para pedir mil veces el perdón y comprometer el nunca más que se reclamaba, porque lo asumía como un genuino gesto de humilde Soldado del Ejército Artiguista, muy distante de la humillación supuesta por los jerarcas que lo rechazaban», señaló.

Agrega que «entiende» a los familiares de los desaparecidos y señala que si él hubiera sido damnificado por el gobierno militar «procedería de igual forma».

Pereira, en su libro, admite su pertenencia a la logia de los Tenientes de Artigas y justifica la irrupción de los militares en el poder y el quiebre institucional en 1973 a raíz del descrédito en el cual, a su juicio, se había sumido el sistema político. Empero, también reconoce que, años después, tuvo diferencias con la propia logia militar ya que «unos pocos tenientes ajustaban su conducta a su compromiso».

Pereira egresó de la escuela militar en diciembre de 1962 como alférez de Infantería, en diciembre de 1974 fue designado oficial de Estado Mayor y en febrero de 1981 ascendió al grado de coronel. En febrero de 1993 fue promovido al grado de general y en marzo de 2000 solicitó su pase a retiro, al no ser nominado como futuro comandante en Jefe del Ejército, pese a ser el general de la derecha. En el grado de general, durante siete años de servicio, desempeñó distintos cargos: fue director general de los Servicios de las FFAA en dos períodos, comandante de Apoyo Administrativo del Ejército, director del Calen y del IMES. Fue destinado a Estados Unidos como jefe de la delegación ante la Junta Interamericana de Defensa y Asesor de la Representación Permanente ante la OEA. *

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