ENTREVISTA: SERGIO ABREU (EX CANCILLER Y CANDIDATO A LA VICEPRESIDENCIA POR EL PARTIDO NACIONAL)

"El Parlamento a veces parece el freno de los grandes cambios que el país necesita"

–Su compañero de fórmula asegura que los blancos ganan «ya en la primera vuelta». No obstante, el Parlamento que en ese caso usted presidiría tendrá una contundente mayoría de izquierdas. En ese escenario: ¿es gobernable el Uruguay?

 

–El país es gobernable dependiendo del nivel de entendimiento que las fuerzas políticas puedan desarrollar. El país no es gobernable dividido en dos cincuenta-por-ciento, como ya ha sido demostrado: necesita gobernabilidad, necesita concesiones y grandezas de los partidos políticos, para tratar de darle una ruta, un horizonte más o menos predecible, sin perjuicio de las discrepancias y las diversidades que existen en las fuerzas políticas del Uruguay. Pero el país necesita un dinamismo especial para crecer, para desarrollarse, para ser más competitivo, para buscar mejores fuentes de trabajo. Y esto se hace mediante entendimientos básicos en el ámbito del respaldo parlamentario; requiere gobiernos que vayan más allá de una próxima elección y que empiecen a trabajar sobre las próximas generaciones. Pero insisto: dependerá de la madurez de los partidos, de sus concesiones y grandezas.

 

–Parece sin embargo que estas «concesiones y grandezas» que usted enfatiza, no es como califica hoy cada partido a sus rivales. ¿Será posible acordar, a partir de bases ideológicas tan dispares?

 

–Las bases ideológicas no son dispares. Si no, el actual ministro de economía del Frente Amplio-Encuentro Progresista, Danilo Astori, no coincidiría, como coincide, con muchos de los planteos que estamos haciendo nosotros. No es un corrimiento del Partido Nacional hacia la izquierda, es un corrimiento de la izquierda, que está buscando un denominador común. Esto es lo que nosotros tenemos que buscar como término medio, en el ámbito de lo que es la gobernabilidad del país. Acá, ya no se puede hablar de izquierda o de derecha, se tiene que hablar de gente que esté encolumnada con un proyecto de país

 

–¿Cuál sería su misión primigenia desde la presidencia del Parlamento? ¿Qué prioriza por encima de todo lo demás?

 

–El presidente de la Asamblea General, el presidente del Senado, es un articulador político: busca los consensos, los entendimientos. Es el que trata de «encontrar» a los distintos sectores y partidos, frente a diferentes iniciativas legislativas que hacen el proyecto de un país. En ese entendido, el principal instrumento de un gobierno es el presupuesto nacional: en esa primera instancia es donde se pone a prueba quiénes son los que acompañan, o no, ese proyecto de cinco años. Ese quizás es el gran esfuerzo para demostrar si las fuerzas políticas están de acuerdo o no con determinados lineamientos básicos. Después, obviamente, el Presidente de la Asamblea General, tiene que trabajar directamente con el Poder Ejecutivo, y en lo posible estar en conexión directa con el Consejo de Ministros, para entrar en el seguimiento de las líneas de acción, que el Poder Ejecutivo establece.

Un gobierno es una expresión armónica homogénea, no una visión separada de distintas funciones del Estado. Y un partido político que gobierna también interpreta un proyecto, ese proyecto se lidera desde el Poder Ejecutivo, pero también se administra, y se respalda con función legislativa, basado en la labor que debe desarrollar el presidente del Senado.

 

 

–Existe toda una batería de cambios propuesta por sucesivas legislaturas para el Parlamento, que van desde el número de integrantes, a gastos y prebendas; ¿cuál prioriza Abreu?

 

–Más importante que los números y los aspectos cuantitativos considero prioritaria la eficiencia legislativa. La eficiencia parte de los acuerdos políticos: los proyectos de ley, las leyes, tienen que ser aprobadas en tiempos reales y tiempos posibles, en función de los distintos acuerdos que se realicen. Esto también está relacionado con la articulación política. Un Parlamento eficiente es aquel que legisla en tiempo y forma. Y un Parlamento austero es el que no da señales de frivolidad con el manejo de los dineros que están puestos a disposición del Presupuesto Nacional.

 

–Aunque cabe reconocer lo acertado del razonamiento, ello no impide un creciente descreimiento para con la labor parlamentaria.

 

–Lo importante es rescatar la profesionalidad del Parlamento; darle al legislador los instrumentos necesarios para que él también sea parte del proceso de cambios y no la visión negativa que la ciudadanía tiene de un Parlamento, un instituto que es el centro de la democracia y que a veces parece el freno que tienen los grandes cambios que el país necesita.

 

El rol de la bisagra

 

–Usted fue canciller durante el gobierno blanco, ¿cuáles cree que deberían ser los lineamientos de una futura Cancillería «nacionalista» quince años después de su administración?

 

–Dos aspectos: primero, dar señales claras de adónde quiere ir el país, el «proyecto Uruguay» es un proyecto que necesita tener actores comprometidos, pero también Estados que sepan adónde vamos orientados. Por tanto: fortalecer las estrategias del Uruguay, crear los escenarios compatibles del Mercosur, y también las aperturas con otros mercados, nada en forma excluyente.

También, desarrollar el proyecto del país sobre una infraestructura de complementación, así como la visión geopolítica que rescate al Uruguay su rol de bisagra.

Y sobre todo: tener iniciativa en lo que significa la visión del país; no estar respondiendo a estímulos que vienen desde afuera, sino crear las condiciones para ser líderes de un determinado proyecto sin que esto signifique desarrollar permanentemente una suerte de confrontación.

 

–Digamos: una Cancillería cuyos responsables no deban ser llamados a declarar al Parlamento una y otra vez.

 

–Ese es el segundo punto. Necesitamos una Cancillería que tenga permanente contacto con el Parlamento Nacional, que no sea convocada sino que convoque al Parlamento y que integre directamente a la expresión legislativa del proyecto de país, en el sentido de que, cuando se entiende a nivel legislativo dónde va el Uruguay en política exterior, también existan los respaldos necesarios a nivel político, para poder saber que en determinadas áreas el país no puede fragilizarse, ni siquiera, por enfrentamientos de carácter electoral. *

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